Normas de conducta en la contratación bursátil

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  • Orden: Mercantil
  • Fecha última revisión: 16/11/2015

Los contratos de bolsa son la traducción jurídica de la operación de bolsa. En otras palabras, las operaciones que en los hechos se desarrollan en la bolsa, se traducen en una figura contractual especial que es el contrato de bolsa.

NOVEDADES: Desde el 13/11/2015, la nueva norma reguladora del Mercado de Valores es el Real Decreto Legislativo 4/2015, de 23 de octubre.

 

 

En cuanto a su naturaleza jurídica es un tanto controvertida, aunque normalmente se entiende que se trata de un contrato de compraventa con especialidades.

El contrato de bolsa, igual que cualquier contrato típicamente civil  tiene que poseer los cuatro elementos esenciales señalados en el Art. 1261 ,Código Civil, sin los cuales no es válido. Estos elementos esenciales son: el consentimiento de las partes contratantes, la capacidad para obligarse, el objeto y la causa.

A pesar de estos elementos, el contrato de bolsa tiene algunos elementos específicos que permiten diferenciarlo de otros y que concretamente lo distinguen especialmente de la compraventa común. Estos elementos son los siguientes:

  • Los contratos obligatoriamente deben ser realizados por intermediarios, esto quiere decir que la contratación es indirecta,
  • deben ser realizados en un ámbito especial (la rueda de bolsa) esencialmente público,
  • deben realizarse de  un modo especial, es decir, la propuesta y la aceptación deben manifestarse a viva voz expresando la cantidad de los valores que se pretenden negociar, su valor y el plazo en que se desea concretar el negocio.

En cuanto a las partes o sujetos del contrato.

En el contrato de bolsa se distinguen dos categorías de partes o sujetos intervinientes. Las partes formales son el corredor (o comisionista) de bolsa quienes son los únicos autorizados para celebrar contratos bursátiles. Las partes sustanciales serán el comprador y el vendedor de los valore, es decir quienes encargan el negocio e imparten órdenes para ello mediante las denominadas "órdenes de bolsa".

Modalidades de contratos bursátiles

El contrato de bolsa puede asumir cualquiera de las siguientes modalidades:

1. Al contado

En el contrato de bolsa celebrado al contado, se produce un cambio inmediato de las prestaciones, esto es, del valor por el dinero de su cotización. Una de las partes se obliga a transmitir a la otra, de inmediato, la titularidad de cierto número de títulos a cambio del pago de su cotización vigente en el momento de su celebración.

La particularidad de esta modalidad radica en la inmediatez de su ejecución. En efecto, la liquidación del contrato bursátil debe verificarse en el mismo día en que fueron concretadas. En otras palabras, la ejecución del contrato, esto es, el efectivo cumplimiento de las obligaciones asumidas (valor por precio) debe verificarse inmediatamente de haber sido celebrado el contrato.

2.  Para mañana

En esta modalidad contractual, el cambio de prestaciones no se realiza en forma inmediata. El cumplimiento de las obligaciones de las partes se difiere para un momento posterior, esencialmente breve, esto es, de pocos días. En la Bolsa de Valores este plazo es un día hábil. Por lo tanto, es un contrato para ser ejecutado el primer día hábil bursátil que siga a la fecha de su celebración.

3. A plazo

En esta modalidad, se conviene diferir la ejecución del contrato para un momento posterior. Ambas partes se ponen de acuerdo en diferir el cumplimiento de sus obligaciones para una oportunidad posterior que, lógicamente, tiene una fecha límite.  Los límites del plazo los establece cada bolsa según su arbitrio.

Jurídicamente, este plazo es un plazo suspensivo que tiene una duración determinada. Este plazo no obsta a que igualmente el contrato sea de ejecución instantánea porque, vencido el mismo, las prestaciones del contrato serán ejecutadas en forma instantánea.

No se trata de un contrato de crédito porque en este contrato, ambas prestaciones se difieren en el tiempo. En el contrato de crédito (por ejemplo la venta a plazos), una de las partes cumple con su obligación (por ejemplo el vendedor entrega la cosa). Quién difiere el cumplimiento de su obligación es sólo una de las partes, en el ejemplo el comprador.

Esta modalidad de contratación está dominada por el elemento riesgo. Atendiendo a este elemento, los mercados bursátiles exigen al comprador, garantía del pago de su obligación.

Las garantías se constituyen, generalmente, inmediatamente después de concertado el negocio mediante el depósito (en efectivo o en valores) de un porcentaje del total de los valores negociados.

En el contrato de bolsa a plazo existen dos subespecies de negociaciones a plazo:

  • Contrato de bolsa a plazo firme

En esta subespecie, el plazo está determinado y las partes no pueden desconocerlo.

  • Contrato de bolsa a plazo disponible

En este caso el plazo, originalmente convenido, puede ser anticipado por una de las partes.

4. Otras modalidades

Aunque no son comunes en nuestra bolsa, debemos enumerar  otras modalidades de contratos de bolsa. Estas otras modalidades son: el contrato diferencial, el contrato de pase (también llamado "de reporte"), el contrato de arbitraje y el de caución.

En el contrato de bolsa diferencial se realizan dos contratos de compraventa de valores. Los dos se realizan a plazo y tienen el mismo vencimiento. Al vencerse el plazo, las partes deben cumplir con sus prestaciones. En este caso se da la particularidad de que ambos son compradores y vendedores porque celebraron dos contratos. Llegado el momento compensarán lo que se deben mutuamente y sólo deberán asumir la diferencia que resulte de la comparación en el precio de las dos compraventas.

En el título VII del Real Decreto Legislativo 4/2015, de 23 de octubre, se establecen un compendio de normas orientadas a regular la actuación en los mercados de valores, de forma tal que su funcionamiento no se vea obstaculizado por conductas anómalas o irregulares.

Son normas de naturaleza pública, por lo que su posible incumplimiento comporta una infracción que lleva aparejada la correspondiente sanción administrativa, independientemente de la responsabilidad civil, contractual que en su caso resulte exigible al infractor por los perjuicios derivados de su acción.

Estas normas obligan a todas las personas o entidades que ejerzan actividades relacionadas con los mercados de valores. Suelen ser normas con un contenido genérico que se desenvuelven mediante la formulación de los llamados códigos de conducta, y de los denominados reglamentos internos de conducta, que se sustancia en reglamentaciones o normas de naturaleza privada, aunque su incumplimiento puede dar lugar a la imposición de sanciones en cuanto afecten al desarrollo de lo previsto en la norma del Mercado de Valores o en códigos generales o específicos de conducta. Por otro lado las normas de conducta imponen reglas de comportamiento con terceros, mientras que en otros supuestos se trata de normas denominadas estructurales u organizativas que por lo general inciden o afectan a la organización interna de las entidades que operan en los mercados de valores. En base a lo establecido en la Ley del Mercado de Valores podemos distinguir:

- Normas de conducta exigibles a las empresas de servicios de inversión, entidades de crédito, y demás personas o entidades que actúen en el mercado de valores, traduciéndose en el deber de diligencia a las empresas de inversión a desarrollar una gestión ordenada y prudente; disponer de los medios adecuados para realizar su actividad y tener establecidos los controles adecuados para garantizar una gestión adecuada y prevenir los incumplimientos de los deberes y obligaciones que impone la ley; asegurarse de que disponen de toda la información necesaria para sus clientes y mantenerlos siempre adecuadamente informados; y cuidar los intereses de sus clientes como si fueren propios. En cuanto al deber de lealtad, la Ley impone: organizarse de forma que se reduzcan al mínimo los riesgos de conflicto de intereses, informando y dando prioridad a los intereses del cliente como surjan; abstenerse de tomar posiciones por cuenta propia en valores o instrumentos financieros sobre los que se esté realizando un análisis o estudio concreto; no preferir o privilegiar a unos clientes sobre otros.

- Normas de conducta aplicables a los emisores de valores negociados.

Supone la obligación permanente de las entidades emisoras de contribuir a la correcta fijación del precio de los valores por ellas emitidos, suministrando al mercado información permanentemente actualizada. De forma tal que estén obligados a difundir inmediatamente al mercado, mediante comunicación a la Comisión Nacional del Mercado de Valores, toda la información que pueda decirse que es relevante o que pueda influir considerablemente a un inversor para adquirir o disponer valores o instrumentos financieros y pueda así afectar de forma sensible a su cotización en un mercado secundario. El contenido de la obligación debe ser veraz, claro, completo y cuantificada cuando sea oportuno. También los emisores de valores quedan sujetos durante las fases de estudio o negociación de cualquier tipo de operación jurídica o financiera que pueda influir de manera apreciable en la cotización de valores o instrumentos financieros.

- Normas de actuación exigibles a cualquier persona que actúe en los mercados de valores o que ejerza actividades relacionadas con ellos. Está prohibida la utilización de información privilegiada, entendiéndose por la misma toda información de carácter concreto, referida a emisiones de valores, valores o instrumentos financieros que no se haya hecho pública y que de haberse hecho podría haber influido de manera importante en un mercado o sistema organizado de contratación. Quien conozca esta información deberá abstenerse de realizar por su propia cuenta  o por la de terceros, directa o indirectamente cualquiera de las conductas siguientes: preparar o realizar cualquier tipo de operación en el mercado sobre los valores o instrumentos financieros a que la información se refiere con la excepción de la operación cuya existencia constituye en sí misma, la información privilegiada; comunicar dicha información a terceros, salvo en el ejercicio normal de su trabajo, profesión o cargo, debiendo adoptarse las medidas adecuadas para evitar que tal información pueda ser objeto de utilización abusiva o desleal, así como tomar las necesarias para corregir inmediatamente las consecuencias que de ello se hubieran derivado; recomendar a un tercero que adquiera o ceda valores o instrumentos financieros o que haga que otro los adquiera o ceda en base a dicha información.

 

 

 

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