Las teorías causales de los delitos: teorías individualizadoras, generalizadoras y la teoría de la imputación objetiva

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  • Estado: Redacción actual VIGENTE
  • Orden: Penal

Las diversas teorías causales, que únicamente pueden ser aplicadas a los delitos en los cuales se produce un resultado material, tratan de definir qué comportamiento ha causado la producción de tal resultado. El problema causal no ha podido ser resuelto por ninguna de las teorías de la causalidad, ya que las mismas normalmente han ido más allá de los estrictos límites que imponía la causalidad.

Así, han surgido las teorías de la imputación objetiva, con el objetivo de aclarar el referido problema causal.

 

Las teorías de la causalidad, las cuales pueden ser clasificadas en:

- Teorías individualizadoras: son las propias del siglo XIX y principios del XX, cuya principal característica es la diferencia que establece entre los conceptos de causa y condición, ya que los defensores de tal teoría estiman que la producción del resultado surge de la combinación de varias condiciones de entre las cuales únicamente una de ellas es auténtica causa del resultado. Así, para esta tesis, toda causa es una condición, pero no toda condición es una causa. Algunas de las teorías más destacadas dentro del grupo de las teorías individualizadoras son: la teoría de la condición preponderante, la teoría de la condición más eficaz, la teoría de la condición decisiva y la teoría de la condición última.

- Teorías generalizadoras: los defensores de esta teoría consideran que no existe diferencia entre los conceptos de condición y causa, ya que no hacen una comparación individual de las diferentes condiciones estableciendo una jerarquía entre ellas. Dentro de las teorías más destacadas dentro del grupo de las teorías individualizadoras están: la teoría de la equivalencia de las condiciones, la teoría de la adecuación o de la causalidad adecuada y la teoría de la relevancia.

Hagamos ahora referencia a la imputación objetiva: dicho concepto de "imputación objetiva" nació en 1927, por obra de un civilista hegeliano, Larenz, y ya en 1930 Honig lo propuso para el Derecho penal.

Para poder explicar el significado del principio de imputación objetiva, es necesario tener en cuenta que la teoría que lo desarrolla surgió fundamentalmente por el hecho de que, únicamente mediante la teoría de la causalidad no es posible encontrar un criterio que permita atribuir de forma segura a un sujeto determinado la producción de un cierto hecho; así por ejemplo, el precepto legal que protege la vida frente a posibles ataques dolos o imprudentes, ha de realizarse teniendo en cuenta unos determinados objetivos, como el establecimiento de una primera delimitación de los comportamientos a enjuiciar y la elección del comportamiento que se ha desarrollado precisamente en el sentido que la norma jurídica quería impedir.

La teoría de la imputación objetiva parte de la distinción entre causalidad e imputación del resultado, al igual que hacía la teoría de la relevancia. No obstante, tal teoría introduce una novedad, y es que la misma proporciona los criterios de determinación de dicha imputación, los cuales no son compartidos de forma unánime por todos los defensores de esta teoría, pero permiten operar con cierta seguridad, por estar prefijados.

Así, los criterios fundamentales de determinación de la imputación objetiva son los siguientes:

- incremento del riesgo: en relación con este criterio se ha dicho que cuando un resultado es causado por el agente, el mismo únicamente se puede imputar el tipo objetivo si la conducta del autor ha dado lugar a un peligro para el bien jurídico no cubierto por un riesgo permitido y ese peligro también se ha realizado en el resultado concreto.

- fin de protección de la norma: en virtud de este criterio, si el resultado se presenta como la creación de un peligro por parte del autor, normalmente, dicho resultado podrá ser imputado a su autor, cumpliéndose el tipo objetivo. Sin embargo, la imputación puede desaparecer de forma excepcional si el alcance del tipo no abarca la evitación de tales peligros y sus repercusiones.

En todos los casos, para poder imputar objetivamente un resultado a una acción, tal acción y el curso causal han de ser adecuados, lo que requiere que, ex ante, sea objetivamente previsible que con tal acción se pueda producir el resultado de la forma en la que concretamente se produjo.

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Causalidad
Causa adecuada

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