Última revisión
08/09/2025
Auto Contencioso-Administrativo 533/2025 Audiencia Nacional. Sala de lo Contencioso-Administrativo. Sección Tercera, Rec. 305/2025 de 07 de julio del 2025
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Orden: Administrativo
Fecha: 07 de Julio de 2025
Tribunal: Audiencia Nacional
Ponente: ANA MARIA SANGÜESA CABEZUDO
Nº de sentencia: 533/2025
Núm. Cendoj: 28079230032025200443
Núm. Ecli: ES:AN:2025:5213A
Núm. Roj: AAN 5213:2025
Encabezamiento
C/ GOYA 14
D. FRANCISCO DIAZ FRAILE
DÑA. ISABEL GARCIA GARCIA-BLANCO
DÑA. ANA MARIA SANGÜESA CABEZUDO
En MADRID, a siete de julio de dos mil veinticinco.
Antecedentes
Solicitaban la adopción de medidas cautelares de suspensión de la ejecución de la resolución recurrida de conformidad con los articulo 129 y siguientes de la LJCA, instando la prórroga de los beneficios asociados a la petición de asilo, especialmente reconocer a la recurrente el derecho a permanecer en el territorio y a documentarse, recuperando la llamada tarjeta de peticionario de asilo.
Fundamentaba la petición mediante la invocación del derecho a la tutela judicial ( artículo 24CE) así como la necesidad de su adopción en virtud del
Expresa el parecer de la Sala la Magistrada designada ponente, Ilma. Sra. Doña Ana M. Sangüesa Cabezudo.
Fundamentos
En concreto la resolución impugnada señalaba que los motivos invocados para la no devolución del recurrente no encontraban amparo en la Convención de Ginebra y en la legislación de asilo, por no identificar ninguno de los motivos que contempla la Convención.
Se constata en el expediente que el interesado había sido expulsado por no contar con autorización de residencia. Se aprecia una pluralidad de antecedentes penales y policiales por malos tratos, amenazas y quebrantamiento de condena, así como un Auto de autorización de internamiento para poder ejecutar la expulsión del territorio.
Invocaba en la petición de asilo desde el CIE de Valencia arraigo familiar (hijas y padre residente en España).
La eficacia de la actuación administrativa, constitucionalmente reconocida en el artículo 103.1 de la Constitución , impone que los actos de las Administraciones Públicas nazcan con vocación de inmediato cumplimiento, esto es, que sean inmediatamente ejecutivos ( artículo 38 y 98 Ley 39/2015, de 1 de octubre, del Procedimiento Administrativo Común de las Administraciones Públicas). Los actos administrativos producen efectos desde la fecha en que se dicten ( artículo 39.1 Ley 39/2015), por lo que su impugnación, primero en vía administrativa y luego en sede jurisdiccional, no produce la suspensión automática de su ejecución.
La Ley 29/1998 de 13 de julio , reguladora de la Jurisdicción Contenciosa Administrativa, regula las medidas cautelares en sus artículos 129 a 136. El artículo 129.1 de la citada normativa establece que los interesados podrán solicitar, en cualquier estado del proceso, la adopción de cuantas medidas aseguren la efectividad de la sentencia. Como circunstancias a tener en cuenta para acordar o no la medida cautelar, el artículo 130.1 afirma que previa valoración de todos los intereses en conflicto, la medida cautelar podrá acordarse, únicamente, cuando la ejecución del acto o la aplicación de la disposición pudieran hacer perder su finalidad legítima al recurso, añadiendo el apartado segundo del referido artículo que la medida cautelar podrá denegarse cuando de ésta pudiera seguirse perturbación grave para los intereses generales o de tercero, que el Juez o Tribunal ponderará de forma circunstanciada.
Cuando las exigencias de ejecución que dicho interés público presenta son tenues, bastarán perjuicios de escasa entidad para provocar la suspensión; por el contrario, cuando aquella exigencia sea de gran intensidad, sólo perjuicios de muy elevada consideración podrán determinar la suspensión de la ejecución, en su caso.
La jurisprudencia del Tribunal Supremo ha señalado con reiteración que los daños y perjuicios invocados por la parte recurrente para obtener la medida cautelar han de acreditarse, al menos indiciariamente, para que el Tribunal pueda acordar la medida solicitada, pues no cabe olvidar que la suspensión de la ejecutividad del acto tiene siempre carácter excepcional, añadiendo que la apariencia de buen derecho -"fumus boni iuris"- exige, para que determine la procedencia de la tutela cautelar, que exista o pueda existir un "periculum in mora" para el derecho que se solicita, por lo que es indispensable que el derecho sobre el que se pretende la cognición cautelar aparezca como probable, con una probabilidad cualificada.
Sin embargo, ni el alegato que fundamenta la petición de suspensión ni el supuesto que recoge la resolución impugnada dan razón de un riesgo de persecución individualizada por motivos de raza, religión, nacionalidad, motivos políticos, pertenencia a un grupo social etc en los términos establecidos en la Ley 12/2009, de 30 de octubre, o en la Convención de Ginebra de 1951 y el Protocolo de Nueva York de 1967.
El Tribunal Supremo expresa con reiteración (por todas, sentencias de 14 de octubre de 2008 -dictada en el recurso de casación núm. 193/07 - o de 17 de septiembre de 2009 -dictada en el recurso de casación núm. 3660/08), que la valoración de la medida cautelar, ha de atender primordialmente a la apariencia de riesgo de persecución por alguna de las razones que justifican la concesión de asilo, lo que ha de valorarse en función de las condiciones objetivas del país de origen, y también en función de las circunstancias personales del solicitante de asilo, sin olvidar que también existe un interés público en que la institución del asilo no se desnaturalice y se transforme en un mecanismo de emigración fraudulenta.
En el supuesto que nos ocupa, no se aprecia en las alegaciones del recurrente que existan temores fundados de persecución por motivos de raza, religión, nacionalidad, opiniones políticas, pertenencia a determinado grupo social, de género u orientación sexual, que permitan reconocer la suspensión de la ejecución que se demanda a través del incidente cautelar.
En consecuencia, en defecto de los requisitos establecidos en el artículo 130 LJCA, procede mantener la ejecutividad del acuerdo recurrido, y denegar la pretensión cautelar.
Estos preceptos contemplan el caso en que se haya resuelto que el solicitante no tiene derecho a la protección internacional con arreglo a la Directiva 2011/95/UE o cuando se hayan planteado cuestiones que no guarden relación con el examen de los requisitos para ser beneficiario de la protección internacional en virtud de la Directiva 2011/95/UE; o incluso carezcan de solidez como también ocurre en este caso, a tenor del contenido del acto impugnado. Este es precisamente el caso, siendo por ello el órgano judicial el que ha de decidir sobre el derecho a permanecer, conforme a las normas legales.
En consecuencia, en defecto de los requisitos establecidos en el artículo 130 LJCA, procede mantener la ejecutividad del acuerdo recurrido, y denegar la pretensión cautelar.
Hemos razonado que el artículo 15 no permite reclamar una autorización de trabajo prorrogada, porque el artículo 15 (Empleo) de la Directiva 2013/33/UE dispone que:
La dicción del precepto no impone como consecuencias la extensión de la autorización más allá de la finalización del procedimiento administrativo, toda vez que esa autorización de trabajo tiene una vigencia limitada en el tiempo ( artículo 32 y 37 Ley 12/2009). En efecto, una vez que se resuelve la petición de asilo, el demandante queda sujeto al régimen ordinario de extranjería, sin efectos suspensivos, salvo que se acuerde mediante una decisión específica otra cosa ( artículo 29 Ley 12/2009). Por lo tanto, la Directiva no ampara la pretensión.
A su vez, el artículo 2 establece las siguientes definiciones:
Hemos puesto de manifiesto que ni la Directiva tiene los efectos que propone la demandante invocando la Jurisprudencia comunitaria. Así, la STJUE de 19 de junio de 2018 - C-181/2016 establecen los derechos de permanencia y trabajo que postula en vía cautelar. Debemos poner de relieve que el litigio al que da respuesta prejudicial la sentencia de referencia se planteó en términos bien diferentes. En efecto, la decisión de denegación de protección fue anulada, mientras que la de retorno se mantuvo, razón por la que el TJUE consideró que, en tal caso, el principio de no devolución ( entendido como riesgo real de padecer tratos contrarios al artículo 18 de Carta, artículo 33 del Concesión de Ginebra y 19.2 de la Carta) y de tutela judicial efectiva exigían que la decisión de retorno quedara suspendida en sus efectos (párrafo 66 y 67 STJUE Gran Sala 19 de junio de 2018- Asunto C- 161-2016) mientras se resolvía el recurso principal.
Nada de ello aparece en el caso que se somete a la consideración de esta Sala. En primer lugar, porque no se aprecia un riesgo que es el primer presupuesto de la medida cautelar y, en segundo lugar, porque aquí no existe ninguna decisión de protección internacional anulada ni una de retorno o expulsión vinculada a la anterior cuya eficacia y vigencia venga directamente anudada a la primera (como por el contrario sucedía en la sentencia del TJUE anotada). En consecuencia, en defecto de los requisitos establecidos en el artículo 130 LJCA, procede mantener la ejecutividad del acuerdo recurrido, y denegar la pretensión cautelar.
A su vez, la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, Sala Cuarta, de 14 enero de 2021, C-322/2019 y C- 385/2019, no permite acoger sus pretensiones, en tanto que viene a dar respuesta prejudicial a un asunto planteado en términos diferentes, donde lo que se cuestionaba era la aplicación del Convenio de Dublín III y la Directiva de Acogida cuando existe una decisión de traslado a otro Estado miembro de acuerdo con el Reglamento Dublín III. En dicha sentencia se establece que: "
Ello es así porque un solicitante de protección internacional conserva esa condición mientras no se haya dictado una resolución definitiva sobre su solicitud, lo que incluye las decisiones adoptadas conforme a dicho Reglamento de Dublín:
De otro lado, en estos casos incluidos en el Reglamento de Dublín el recurso tiene efectos suspensivos, cosa que no sucede en el caso objeto de examen: El artículo 27 de dicho Reglamento, titulado «Recursos», dispone:
Lo que se afirmaba en la primera de dichas sentencias es que
En la segunda matiza y aclara la precedente doctrina (establecida en torno al artículo 46 de la Directiva de procedimientos y a una sola sentencia del TJUE, la sentencia de 19 de junio de 2018 (asunto C-181/16, caso Gnandi)), en el siguiente sentido:
Quiere ello decir que no existe el automatismo que parece resultar de la pretensión del recurrente a través de sus alegaciones, siendo así que, es necesario hacer una ponderación de circunstancias en cada caso.
Así, a la vista de la ausencia de apariencia de buen derecho, que se revela de forma ostensible, de acuerdo con lo que hemos razonado en los fundamentos anteriores, procede en aplicación de dicha doctrina - artículo 46.6 de la Directiva- y denegar la medida, en tanto que la petición se estimó infundada (significado que se ha de dar al contenido de la resolución recurrida) desde la perspectiva que aquí hemos de valorar, considerando lo alegado en esta pieza de medidas y los razonamientos del acto impugnado. Ni unos ni otros permiten aplicar la regla del artículo 46.5 sino la excepción del párrafo 6 de la Directiva, en orden a ponderar los requisitos del artículo 130 LJCA.
En virtud de lo expuesto,
Fallo
Con condena en costas.
Así lo acuerdan, mandan y firman, los Ilmos./Ilmas. Sres./Sras. Magistrados al margen citados. Doy fe.
Contra la presente resolución, cabe interponer RECURSO DE REPOSICIÓN , en el plazo de CINCO DÍAS, a contar desde el siguiente al de la notificación, ante este mismo órgano.
La difusión del texto de esta resolución a partes no interesadas en el proceso en el que ha sido dictada sólo podrá llevarse a cabo previa disociación de los datos de carácter personal que los mismos contuvieran y con pleno respeto al derecho a la intimidad, a los derechos de las personas que requieran un especial deber de tutelar o a la garantía del anonimato de las víctimas o perjuicio, cuando proceda.
Los datos personales incluidos en esta resolución no podrán ser cedidos, ni comunicados con fines contrarios a las leyes.
