Última revisión
14/01/2021
Sentencia ADMINISTRATIVO Audiencia Nacional, Sala de lo Contencioso, Sección 3, Rec 514/2020 de 02 de Diciembre de 2020
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Orden: Administrativo
Fecha: 02 de Diciembre de 2020
Tribunal: Audiencia Nacional
Ponente: DIAZ FRAILE, FRANCISCO
Núm. Cendoj: 28079230032020100404
Núm. Ecli: ES:AN:2020:3420
Núm. Roj: SAN 3420:2020
Encabezamiento
D. JOSÉ FÉLIX MÉNDEZ CANSECO
D. FRANCISCO DIAZ FRAILE
Dª. ISABEL GARCÍA GARCÍA-BLANCO
Dª. LUCÍA ACÍN AGUADO Dª. ANA MARÍA SANGÜESA CABEZUDO
Madrid, a dos de diciembre de dos mil veinte.
Visto el recurso contencioso administrativo que ante esta Sala de lo Contencioso Administrativo de la Audiencia Nacional ha promovido D. Isidro representado por el Procurador
Antecedentes
Fundamentos
El art. 22 del Código Civil establece como uno de esos requisitos que el solicitante acredite positivamente la observancia de buena conducta cívica, es decir, no basta que no exista constancia en los registros públicos de actividades merecedoras de consecuencias sancionadoras penales o administrativas que «per se» impliquen mala conducta, lo que el art. 22 del Código Civil exige es que el solicitante justifique positivamente que su conducta, durante el tiempo de residencia en España y aun antes, ha sido conforme a las normas de convivencia cívica, no sólo no infringiendo las prohibiciones impuestas por el ordenamiento jurídico penal o administrativo, sino cumpliendo los deberes cívicos razonablemente exigibles, sin que la no existencia de antecedentes penales sea elemento suficiente para entender justificada la buena conducta cívica, tal y como establece la sentencia del Tribunal Constitucional 114/1987. En lo que atañe a la dificultad de precisar lo que deba entenderse por buena conducta cívica el TS (Sala de lo Contencioso-Administrativo, Sección 6ª), en su sentencia de 12 noviembre 2002 (Recurso de Casación núm. 4857/1998.) señala que: "'Y por eso importa dejar claro que este sintagma que emplea el artículo 22.4 del Código Civil remite a un estándar medio de conducta capaz de ser asumido por cualquier cultura y por cualquier individuo. Un estándar que vale para todos y vale para cada uno. En el bien entendido que no se trata de imponer un modo de vida uniforme en la comunidad nacional, ni de que quien utiliza esta vía de adquisición de la nacionalidad tenga que demostrar que durante toda su vida haya observado una conducta intachable, sino de proclamar que, siendo cada sujeto humano libre para organizar su vida como le plazca -la vida se nos da, pero no se nos da hecha: tenemos que hacérnosla-, quienes, no siendo españoles, deseen obtener la nacionalidad española, han de haber llevado y seguir llevando una vida ajustada a ese estándar medio de conducta al que acabamos de referirnos'".
La solicitud de nacionalidad origen de la litis se presentó el 22-9-2014, y respecto de la misma han emitido sendos informes desfavorables el Ministerio Fiscal y el Encargado del Registro Civil.
La resolución impugnada de 27-7-2018 basa su pronunciamiento denegatorio en la falta de acreditación suficiente de los requisitos de integración social y de buena conducta cívica.
La demanda rectora del actual proceso expone las circunstancias concurrentes en el presente caso, alude a la numerosa documentación aportada por el interesado, aduce que por este último se reúnen los requisitos necesarios a los fines pretendidos, cita la normativa y la jurisprudencia que considera de interés, y termina impetrando la concesión de la nacionalidad española, a cuya pretensión se ha opuesto el abogado del Estado en los términos que son de ver en su escrito de contestación a la demanda.
Pues bien, ya en este punto podemos adelantar la suerte desestimatoria que nos merece el actual recurso.
Así, en relación con el requisito de la buena conducta cívica es sabido que no basta para el éxito de la pretensión actora con la ausencia o cancelación de antecedentes penales o policiales, pues lo que el artículo 22 del Código Civil exige es que el solicitante justifique positivamente que su conducta es conforme a las normas de convivencia cívica, no sólo no infringiendo las prohibiciones impuestas por el ordenamiento jurídico penal o administrativo, sino cumpliendo los deberes cívicos razonablemente exigibles según el estándar medio a que alude la doctrina del Tribunal Supremo, sin que la no existencia de antecedentes penales o policiales sea elemento suficiente para entender justificada la buena conducta cívica, siendo de recordar aquí y ahora la jurisprudencia conforme a la cual la carga probatoria de la parte actora se hace más rigurosa cuando el procedimiento penal no está definitivamente archivado y que exige que ni siquiera por vía indiciaria pueda ponerse en cuestión el requisito de la buena conducta cívica.
En el supuesto ahora enjuiciado consta en el informe policial obrante en el expediente administrativo que el interesado fue detenido el 10-9-2008 por secuestro y homicidio. En el trámite de demanda el recurrente aporta la prueba correspondiente de un auto de sobreseimiento provisional de 1-12-2009 (que devino firme) en las diligencias previas nº 2509/2008 en que el mismo aparece como investigado por lesiones, sin que esta aportación documental haya recibido ningún comentario en el escrito de contestación a la demanda. En función de lo anterior, es de entender que el demandante ha absuelto de manera suficiente la carga probatoria en relación con el susodicho requisito de la buena conducta cívica.
En otro orden de ideas, respecto del requisito de la integración social es de recordar que esta Sala ha dicho en ocasiones anteriores que la integración social no deriva exclusivamente del nivel de conocimiento del idioma, sino de la armonización del régimen de vida del solicitante con los principios y valores sociales, el grado de implicación en las relaciones económicas, sociales y culturales, así como el arraigo familiar, todo lo cual ha de justificar el interesado o desprenderse de las actuaciones reflejadas en el expediente.
En el caso que ahora nos ocupa la solicitud de nacionalidad se presentó el 22-9-2014, de donde que resulte inaplicable al caso la normativa representada por el Real Decreto 1004/2015 y la Orden JUS/1625/2016. Dicho lo anterior, los certificados del Instituto Cervantes aportados por el interesado carecen de virtualidad probatoria en este supuesto tanto por resultar inaplicables estas últimas disposiciones como porque tales certificados son de 2016, es decir, posteriores a la fecha de referencia en que el interesado debía probar los requisitos necesarios para adquirir la nacionalidad. En esta línea es de ver que el resultado del examen de integración ante el Registro Civil pone de manifiesto el desconocimiento por parte del interesado de aspectos básicos de la realidad constitucional, institucional y cultural de España así como un deficiente conocimiento de la lengua española, siendo todo ello incompatible con el requisito de la integración social. Frente a esto último carece de virtualidad en orden a probar dicho requisito la numerosa documentación aportada por el interesado dado que a efectos de la adquisición de la nacionalidad española por residencia no pueden identificarse las nociones de arraigo y de integración social.
En definitiva, la demanda no puede prosperar por la falta de prueba del requisito de la integración en la sociedad española.
Fallo
1) Desestimar el recurso.
2) Confirmar el pronunciamiento denegatorio de la resolución del Ministerio de Justicia de 27-7-2018.
3) Imponer a la parte actora las costas del proceso en los términos del fundamento jurídico cuarto de la presente resolución.
Esta sentencia es susceptible de recurso de casación, que deberá prepararse ante esta Sala en el plazo de 30 días contados desde el siguiente al de su notificación; en el escrito de preparación del recurso deberá acreditarse el cumplimiento de los requisitos establecidos en el artículo 89.2 de la Ley de la Jurisdicción justificando el interés casacional objetivo que presenta.
Así por esta nuestra sentencia, testimonio de la cual se remitirá, junto con el expediente administrativo, a su oficina de origen para su ejecución, lo pronunciamos, mandamos y firmamos.

