Última revisión
15/01/2024
Sentencia Contencioso-Administrativo Audiencia Nacional. Sala de lo Contencioso-Administrativo. Sección Sexta, Rec. 1398/2021 de 27 de noviembre del 2023
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Orden: Administrativo
Fecha: 27 de Noviembre de 2023
Tribunal: Audiencia Nacional
Ponente: RAMON CASTILLO BADAL
Núm. Cendoj: 28079230062023100794
Núm. Ecli: ES:AN:2023:6045
Núm. Roj: SAN 6045:2023
Encabezamiento
Dª. BERTA SANTILLAN PEDROSA
D. SANTOS GANDARILLAS MARTOS
Dª. MARIA JESUS VEGAS TORRES
D. RAMÓN CASTILLO BADAL
Madrid, a veintisiete de noviembre de dos mil veintitrés.
VISTO el presente recurso contencioso-administrativo núm. 1398/21 promovido por la Procuradora Dª Ana María Capilla Montes en nombre y representación de Dª. Verónica, Baltasar, Visitacion y de D. Benito contra las resoluciones de fechas 22, 25 y 26 de enero de 2021, dictadas por el Ministro del Interior, denegatorias de las solicitudes de protección internacional presentadas por los recurrentes.
Ha sido parte en autos la Administración demandada, representada y defendida por el Abogado del Estado.
Antecedentes
"
Ha sido ponente el Ilmo. Sr. D. Ramón Castillo Badal, quien expresa el parecer de la Sala.
Fundamentos
Del expediente administrativo se sigue que Dª Verónica, de nacionalidad salvadoreña, presentó, en nombre del grupo familiar, con fecha 22 de febrero de 2020, solicitud de protección internacional en la Brigada Provincial de Extranjería y Fronteras de Madrid.
Instruido el procedimiento por el trámite ordinario del artículo 24 de la Ley 12/2009, la resolución impugnada, previo informe contrario a la concesión emitido por la Comisión Interministerial de Asilo y Refugio, denegó el asilo y la protección internacional reflejando el relato de hechos proporcionado por los recurrentes que, en síntesis, referían haber sufrido persecución en El Salvador como consecuencia de la extorsión y persecución a las que les habían estado sometiendo pandillas de delincuentes denominadas maras.
En su fundamentación jurídica, parte la resolución recurrida de la descripción de la situación actual en El Salvador y de los motivos concretos invocados por el solicitante para concluir que lo que estos evidencian es una problemática, la existencia de pandillas de delincuentes dedicadas a la extorsión (maras), ajena en realidad a las circunstancias que pudieran justificar la concesión del asilo y que además habría experimentado un descenso notable en los últimos tiempos, sin que se acredite que el interesado pudiera tener un temor fundado a sufrir persecución a causa de sus ideas políticas, convicciones religiosas, pertenencia a un grupo étnico o nacional concreto, por razones de pertenencia a un grupo social determinado o por motivos de identidad u orientación sexual, en los términos del artículo 3 de la ley 12/2009. Los hechos alegados no serían entonces objeto de protección internacional conforme a lo establecido en la Convención de Ginebra o en la Ley de Asilo española al no estar relacionados con la religión, raza, nacionalidad, ideología política, o pertenencia a un grupo social determinado del eventual solicitante.
Frente a tal acuerdo, en el escrito de demanda, los demandantes denuncian la vulneración de los artículos 2 y 3 de la Ley 12/2009, de 30 de octubre, reguladora del derecho de Asilo y de la Protección Subsidiaria.
Reiteran que en República de El Salvador eran objeto de extorsión por parte de los grupos delincuenciales que operan en su país, denominados maras o pandilleros. Les exigían el pago de cantidades de dinero, y por ello se sentían intimidados, siendo muy peligroso salir a la calle tanto para los progenitores, pero especialmente para los hijos del matrimonio.
La Administración demandada en su resolución refleja que los distintos dirigentes de El Salvador solo aparentan una lucha contra los grupos delincuenciales existentes, pero no existe una real y auténtica lucha contra los mismos, con niveles de corrupción en las más altas esferas de los gobernantes.
Constituyen un grupo social de personas perseguidas por sus ideas políticas, que no se aquietan a las extorsiones continuadas por parte de la delincuencia común del país.
Recuerdan que no es necesaria una prueba plena de los hechos alegados y destaca la dificultad que entraña acreditar extremos relativos a una persecución real.
Denuncian la infracción del art. 13 de la Ley 12/2009. La Administración basa su denegación, entre otros motivos, en la inexistencia de una problemática susceptible de protección.
Consideran que el agente perseguidor en este caso se encontraría encuadrado dentro del apartado "c" del citado artículo, al tratarse de una persecución por parte de grupos delincuenciales, denominados Maras, de intensidad suficiente como para causar un profundo temor en mis mandantes y haber provocado su huida del país y esto, fundamentalmente, al no existir una solución real y efectiva en el mismo, hecho completamente notorio y que ha quedado patente a la vista de su relato y de lo expuesto a lo largo de la presente Demanda. Esta situación El Salvador, lejos de mejorar, ha empeorado en la actualidad con numerosos desplazados a Costa Rica que hacen que se esté a punto del colapso dado que la situación política en El Salvador se mantiene invariable. Acreditada por tanto esa posibilidad de temor a ser perseguidos o a sufrir represalias o nuevamente amenazas u hostigamiento si regresan a su país de origen, procede otorgar el asilo solicitado o la protección subsidiaria en su caso.
Denuncian por último la infracción de los arts 4 y 10 de la Ley 12/2009, en cuanto al otorgamiento de la protección subsidiaria.
De regresar a El Salvador se enfrentarían a un riesgo real, ya que se repetirían esas graves amenazas y hostigamiento de los que ya fueron víctimas en su momento, sin que, concurra ninguno de los supuestos de los artículos 11 y 12, que incardina a solicitantes que puedan suponer un riesgo para la seguridad nacional de este país. Además, ha de tenerse en cuenta la situación creada por la pandemia de la Covid-19, que especialmente en El Salvador ha golpeado con gran dureza sin que exista un sistema de Seguridad Social médica, que sea capaz de cuidar de forma mínima a los que padecen la enfermedad.
Esa Ley a la que la Constitución remite es hoy la Ley 12/2009, de 30 de octubre, Reguladora del Derecho de Asilo y la Protección Subsidiaria, que se aplica en la resolución impugnada. En el artículo 2 se establece:
Tales términos se describen en los artículos 1 de la Convención y I.2 del Protocolo:
Por otra parte, el artículo 3 de la propia Ley 12/2009 (al que se remitía el 2 arriba reproducido) dispone que:
El artículo 6 de la Ley pretende objetivar, a su vez, la clase de actos de persecución que son necesarios para que los "temores" de persecución sean en efecto "fundados", con exclusión de cualesquiera otros de relevancia menor.
El artículo 7 de la Ley refleja los motivos por los que el agente perseguidor puede actuar para que la persecución existente sea en efecto incardinable en la condición de refugiado.
Finalmente, los artículos 13 y 14 describen quiénes pueden ser agentes de persecución y, en su caso, de protección.
Como ha señalado el Tribunal Supremo (sentencia, entre otras, de 15 de diciembre de 2015) la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, adoptada en Ginebra el 28 de julio de 1951, y el Protocolo sobre el Estatuto de los Refugiados, hecho en Nueva York el 31 de enero de 1967, constituyen la base del sistema jurídico internacional de protección de los refugiados. Y con tales normas se pretende garantizar a aquellas personas consideradas refugiados, conforme a lo dispuesto en el artículo 1, apartado A.2, por padecer fundados temores de ser perseguidas por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas y no quieran acogerse a la protección de su país de origen, un estatuto personal especificado en la Ley del país de refugio que asegure el ejercicio más amplio de los derechos y libertades fundamentales que les permita vivir en condiciones de dignidad, con la finalidad de evitar que sean expulsados a aquel territorio donde su vida o su libertad estuvieran amenazadas.
El sistema europeo común de asilo, basado en la plena y total aplicación de la Convención de Ginebra y en la garantía de que ninguna persona sea repatriada a un país en el que sufra persecución ( artículo 78 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea y en el artículo 18 de la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea), se desarrolla, esencialmente, en la Directiva 2004/83/CE del Consejo, de 29 de abril de 2004, por la que se establecen normas mínimas relativas a los requisitos para el reconocimiento y el estatuto de nacionales de terceros países o apátridas como refugiados o personas que necesitan otro tipo de protección internacional.
El artículo 4 de la mencionada Directiva impone a los Estados miembros la obligación de evaluar las solicitudes de protección internacional de asilo en los siguientes términos:
Y el artículo 10 de la misma Directiva establece criterios respecto de la valoración de los motivos de persecución aducidos en los siguientes términos:
El reconocimiento de la condición de refugiado está supeditado entonces a la acreditación de que concurren las causas previstas en el artículo 1 A. 2) de la Convención de Ginebra de 29 de julio de 1951, y ello conforme a la remisión normativa efectuada en el artículo 3.1 de la Ley 12/2009, de 30 de octubre, reguladora del derecho de asilo y de la protección subsidiaria, por lo que debe probarse la existencia de fundados temores de ser perseguido por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas en su país de origen.
Acorde con tal exigencia, se resolverá favorablemente la solicitud de asilo cuando aparezcan indicios suficientes, según la naturaleza de cada caso, para deducir que el solicitante cumple con los anteriores requisitos ( artículo 8 de la citada Ley).
Y, en consecuencia, procede la concesión del derecho de asilo si aparecen indicios suficientes sobre la existencia de temores fundados de persecución política.
En el caso que analizamos ahora, a la vista de las alegaciones formuladas a lo largo del expediente administrativo y, después, en estos autos, no puede considerarse acreditado que la solicitante haya sufrido una persecución de las previstas en la Ley de asilo, ni en la Convención de Ginebra.
Dice así temer regresar a su país por la violencia ejercida por pandillas de delincuentes dedicadas a la extorsión, lo que resulta ajeno al ámbito de la protección que dispensa el derecho de asilo.
A todo ello se suma que la situación que se vive en El Salvador, y que refleja la resolución recurrida, no revela que su temor pueda estar justificado por un clima general de violencia, especialmente cuando no se alegan circunstancias concretas respecto de las que, insistimos, nada se ha acreditado.
Ante la falta de cualquier prueba al respecto y a la cual se supedita el reconocimiento de la condición de refugiado, prueba que no ha sido tampoco aportada en este proceso, resulta obligada la desestimación del reconocimiento del derecho de asilo.
Por lo demás, la denuncia de falta de motivación no está, a juicio de esta Sala, justificada.
En efecto, la resolución recurrida se refiere de manera expresa a la situación que se vive en El Salvador y a la problemática surgida a raíz de la actuación de grupos organizados de pandilleros dedicados a la extorsión, y analiza a continuación las alegaciones del solicitante para rechazarlas de manera fundada. Concluye que los hechos relatados por el interesado se enmarcarían en la delincuencia común y quedarían, por tanto, fuera del ámbito del asilo, e invoca diversos pronunciamientos de esta Sala y del tribunal Supremo que avalarían el criterio adoptado.
La protección subsidiaria como segunda manifestación de la protección internacional es específica de la Unión Europea y ajena al sistema de la Convención de Ginebra, sin perjuicio de su vínculo con el artículo 3 del CEDH .
El nivel de protección que garantiza al beneficiario es sustancialmente igual, aunque no idéntico, al del asilo.
De su definición legal contenida en el artículo 2 f) de la Directiva de reconocimiento y en el artículo 4 de la Ley 12/2009, se desprende que no es necesario que el peticionario de la protección subsidiaria acredite su estar incurso en uno de los motivos de persecución de los enumerados en el artículo 7 de la Directiva de reconocimiento (10 de la Ley 12/2009), siendo ésta la diferencia esencial con el asilo.
De acuerdo con lo dispuesto en el artículo 18 de la Directiva de reconocimiento, la concesión de este estatuto se realizará con arreglo a las mismas reglas que para el asilo, salvo sus propias especificaciones.
La necesaria valoración individual de una solicitud de protección subsidiaria, prevista en el artículo 4, apartado 3, de la Directiva de reconocimiento, puede tomar en consideración el destino efectivo de peticionario en el marco de la extensión geográfica de la situación de violencia indiscriminada y la existencia, en su caso, de un indicio serio de riesgo real como el mencionado en el artículo 4, apartado 4, de la Directiva, indicio respecto al cual la exigencia de una violencia indiscriminada, requerida para poder acogerse a la protección subsidiaria, puede ser menos elevada.
La protección subsidiaria completa el sistema de salvaguarda de los refugiados, identificando a las personas realmente necesitadas de protección internacional y ofreciéndoles un estatuto apropiado. Su concesión se justifica cuando el peticionario acredita que tiene motivos fundados para creer que correría un riesgo real de sufrir un "daño grave" en caso de que fuera expulsado al país de origen de que se trate ( STJUE de 18 de diciembre de 2014, asunto M?Bodj C-542/13, apartado 30).
Los tres supuestos que integran el
Por su parte, el Tribunal Supremo en sentencia, entre otras, de 28 de marzo de 2017, advierte que el artículo 4 de la Ley 12/2009 parte de la base de que para otorgar la protección subsidiaria no tienen por qué existir los mismos requisitos de la obtención del asilo, pues, de otra forma, la protección subsidiaria sería una figura superflua. Dice en este sentido que "...
Pues bien, en el presente caso, y como se ha expuesto, no se ha acreditado la existencia de riesgo de tales daños graves, por lo que carecería de todo fundamento la adopción de la medida interesada.
VISTOS los artículos citados y demás de general y pertinente aplicación
Fallo
Desestimar el recurso contencioso-administrativo interpuesto por la Procuradora Dª Ana María Capilla Montes en nombre y representación de Dª. Verónica, Baltasar, Visitacion y de D. Benito contra las resoluciones de fechas 22, 25 y 26 de enero de 2021, dictadas por el Ministro del Interior, denegatorias de las solicitudes de protección internacional presentadas por los recurrentes, por ser tales resoluciones ajustadas a Derecho.
Con expresa imposición de costas, que no podrán exceder de 1.000 euros, a la parte actora.
La presente sentencia es susceptible de recurso de casación que deberá prepararse ante esta Sala en el plazo de 30 días contados desde el siguiente al de su notificación; en el escrito de preparación del recurso deberá acreditarse el cumplimiento de los requisitos establecidos en el artículo 89.2. de la Ley de la Jurisdicción justificando el interés casacional objetivo que presenta.
Lo pronunciamos, mandamos y firmamos.
