Última revisión
12/11/2025
Sentencia Contencioso-Administrativo 1057/2025 Tribunal Superior de Justicia de Andalucía. Sala de lo Contencioso-Administrativo. Sección Cuarta, Rec. 285/2024 de 17 de septiembre del 2025
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Orden: Administrativo
Fecha: 17 de Septiembre de 2025
Tribunal: Tribunal Superior de Justicia. Sala de lo Contencioso-Administrativo. Sección Cuarta
Ponente: PEDRO ESCRIBANO TESTAUT
Nº de sentencia: 1057/2025
Núm. Cendoj: 41091330042025100996
Núm. Ecli: ES:TSJAND:2025:14891
Núm. Roj: STSJ AND 14891:2025
Encabezamiento
TRIBUNAL SUPERIOR DE JUSTICIA DE ANDALUCÍA
SALA DE LO CONTENCIOSO-ADMINISTRATIVO (SEVILLA)
SECCION CUARTA
ILMOS SRES.
D. Heriberto Asencio Cantisán
D. José Ángel Vázquez García
Dª Mª Fernanda Mirmán Castillo
D. Francisco Javier Sánchez Colinet
D. Pedro Escribano Testaut
En Sevilla, a 17 de septiembre de 2025.
La Sección Cuarta de la Sala de lo Contencioso Administrativo con sede en Sevilla del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, formada por los Magistrados que al margen se expresan, ha visto en nombre del Rey el recurso de apelación registrado con el número de rollo 285/2024, dimanante del recurso contencioso-administrativo nº 185/2021, seguido ante el Juzgado de lo Contencioso Administrativo nº 11 de Sevilla , entre las siguientes partes:
Antecedentes
Siendo ponente el Ilmo. Sr. D. PEDRO ESCRIBANO TESTAUT,quien expresa el parecer de la Sección.
Fundamentos
Partiendo de estos datos, considera la juzgadora de instancia que no nos hallamos en puridad ante una vía de hecho, pues ese cambio de puesto fue fruto de una reordenación de efectivos acordada por quien tenía competencia para hacerlo (el Comisario Jefe de la Unidad); siendo cuestión distinta determinar si tal decisión reunía los requisitos legales determinantes de su validez o nulidad.
Situada en esta perspectiva, considera la juzgadora de instancia que (i) la decisión referida carece de motivación; (ii) que en el expediente tan sólo constan comunicaciones internas de los mandos que propusieron o adoptaron dicha orden, sin que se realizara ninguna notificación al interesado;
Ahora bien, aun así, la juzgadora de instancia desestima la demanda, por entender que al fin y al cabo no se ha ocasionado indefensión real al demandante, desde el momento que a través de la interposición del recurso contencioso-administrativo ha tenido conocimiento de las razones determinantes de la decisión impugnada y ha podido articular su defensa frente a tales razones. Razones, estas, que derivan de la disputa acaecida entre el actor y un mando intermedio, de la que se da cuenta en los documentos obrantes en el expediente, que puso de manifiesto una disfunción para el funcionamiento efectivo de la Unidad, al existir un conflicto personal entre el funcionario y su superior directo.
En definitiva, la sentencia concluye que ha quedado justificada la decisión recurrida
Pide en consecuencia que se dicte sentencia por la que
Por su parte, el Sr. Letrado de la Junta de Andalucía se ha opuesto asimismo al recurso de apelación, alegando en primer lugar que no puede hablarse de vía de hecho cuando la parte actora ni siquiera ha indicado cuál es el procedimiento que considera omitido (advierte que el actor habla de la remoción de los puestos de trabajo asignados por concurso general, cuando en su caso el destino que tiene asignado lo obtuvo por concurso específico). Añade que en todo caso no existe la vía de hecho, pues en ningún momento se le ha modificado al actor el puesto de trabajo que ocupa, dado que en el documento nº1 del Expediente Administrativo consta la documental relativa a la toma de posesión del puesto de trabajo actual del demandante, siendo este de personal operativo, que según la RPT es el habilitante para la realización de forma genérica de actividades de naturaleza operativa, sin más distinción. Por ello -prosigue el sr. letrado de la Junta de Andalucía su exposición-, una vez asignado el puesto de trabajo a través de la correspondiente resolución, la asignación de las funciones operativas corresponde al responsable de las unidades policiales, teniendo siempre en cuenta las necesidades del servicio. Es decir, que, en el presente caso, la asignación de funciones dentro de su puesto de trabajo no supone una vía de hecho, pues el recurrente conserva el mismo puesto de trabajo como personal operativo, solo que realizando otras funciones. Entiende esta parte recurrida que el recurrente tenía conocimiento real de la verdadera razón determinante de su cambio de funciones, y añade que la pérdida de retribuciones complementarias no da pie a sostener la existencia de una vía de hecho, pues esa es una cuestión referida a la organización interna del servicio. En fin -culmina el sr. letrado de la Junta de Andalucía su oposición-, incluso de considerarse que el acto no se encuentra suficientemente motivado, tal falta de motivación es un defecto subsanable.
Por nuestra parte, consideramos que estas apreciaciones de la sentencia de instancia deben ser matizadas, en el sentido de que el procedimiento contencioso-administrativo no opera como una mera continuidad del procedimiento administrativo previo, de forma que en sede jurisdiccional puedan salvarse cualesquiera irregularidades procedimentales acaecidas en esa vía administrativa. Más bien al contrario, el examen crítico de esas irrregularidades procedimentales, y de la indefensión que de ellas haya podido fluir, es uno de los motivos posibles de impugnación de la decisión administrativa, y si la parte lo pide, la sentencia puede y debe fundamentar en esas irregularidades la declaración de invalidez de lo resuelto por la Administración. Si se admitiese que el proceso contencioso-administrativo sana cualquier indefensión sufrida en la vía administrativa previa, se produciría el resultado inaceptable de que nunca cabría anular un acto administrativo con base en tales irregularidades, toda vez que el procedimiento contencioso-administrativo, por su propia configuración legal y características, proporciona a las partes plenas garantías de defensa, de manera que a las partes sólo les cabría articular su impugnación del acto desde la perspectiva propia del tema de fondo, lo cual trasladaría a la sociedad el mensaje desalentador de que el cumplimiento de las formas del procedimiento en la vía administrativa es una cuestión menor, cuando es la propia Ley la que obliga a la Administración a observarlas y cumplirlas.
Queremos decir con esto que no cabe argumentar sin matices ni salvedades -como parece hacer la sentencia impugnada- que aun habiéndose producido una indefensión procedimental en vía administrativa, tal indefensión queda ya, en todo caso, sanada por haberse promovido el recurso jurisdiccional frente a ella.
Dicho esto, es también verdad, no obstante, que ante escenarios de denuncia de infracciones formales, el Tribunal Supremo ha declarado en sentencia de 31 de mayo de 2011 (Rec. 5412/2009) que
Por tanto, habrá que discernir con una inevitable ponderación casuistica si la parte recurrente en cada pleito denuncia unas infracciones de orden procedimental y pretende que se extraigan las consecuencias invalidantes correspondientes (que puede hacerlo y es plenamente legítimo); o si es la propia parte la que aun advirtiendo tales infracciones, las trasciende, entra al tema de fondo, y pide al Tribunal un pronunciamiento desde tal perspectiva sustantiva.
Y en el caso que ahora nos ocupa, entendemos, atendido el contenido del escrito de demanda, que la parte actora ha basado su estrategia impugnatoria principalmente en torno a la denuncia de la infracción formal/procedimental consistente en -según afirma- haberse acordado la decisión que discute por vía de hecho, esto es, sin sujeción a cauce procedimental alguno, y con indefensión para ella al no haberse podido defender frente a las razones en que tal decisión se ha basado. Aun cuando la demanda incorpora también unas consideraciones sobre el tema de fondo litigioso, entendemos que se exponen con carácter subsidiario, y sólo para el supuesto hipotético de que esa denuncia formal no sea acogida.
Por tanto, siguiendo el planteamiento y el enfoque impugnatorio de la parte actora, lo que tenemos que verificar prioritariamente es si en atención única a lo acaecido en el seno de la vía administrativa, cabe apreciar -o no- la existencia de irregularidades de índole procedimental invalidantes y determinantes de la estimación de su demanda.
Así pues, no nos hallamos ante una decisión resultante del puro capricho o arbitrariedad ni nos hallamos ante una decisión adoptada sobre la nada y en pura vía de hecho, sino que nos encontramos ante una decisión adoptada por quien tiene competencia para ello (nadie discute la competencia del Comisario Jefe para adoptar tal decisión), y basada en una propuesta previa escrita y razonada en la que se ponía de manifiesto una disfunción para el funcionamiento efectivo de la Unidad, derivada de la existencia de un conflicto personal entre el funcionario y su superior directo.
Así las cosas, a lo sumo, más que ante una ausencia de todo procedimiento calificable como
Por tanto, descartada la vía de hecho, tenemos que valorar si las carencias denunciadas por el recurrente revisten -o no- trascendencia invalidante, por haberle privado -o no- de garantías de defensa de necesaria e ineludible observancia.
Situados en esta perspectiva, y avanzando en nuestro razonamiento, en el presente caso no nos hallamos realmente ante un cese en el destino del recurrente, sino ante un cambio de adscripción funcional dentro de su destino, lo que es cosa distinta, Coincidimos, en este punto, con el sr. abogado del Estado y con el sr. letrado de la Junta de Andalucía, cuando advierten que el destino del recurrente es de "Personal Operativo Unidad Adscrita C. A. de Andalucía"; y en ese puesto ha estado y permanecido antes y después de los hechos aquí controvertidos; de modo que no ha habido un cese en el destino propiamente dicho, sino una reasignación de funciones por la que el superior competente para hacerlo ha decidido que el aquí recurrente pase a realizar unas funciones distintas de las que venía asumiendo; siempre dentro de su categoría, destino y puesto de trabajo.
Partiendo de esta base, coincidimos también con el sr. abogado del Estado en que este tipo de reasignaciones funcionales internas, resultantes del ejercicio de la potestad de auto organización de las unidades y servicios, no requiere canalizarse a través de resoluciones escritas adoptadas en virtud de un procedimiento administrativo formalizado, sino que se puede desplegar perfectamente mediante instrucciones y órdenes verbales e informales. Nos parece obvio, en este sentido, que si se exigiera a los superiores jerárquicos que cualquier decisión de organización interna de sus servicios tuviera que plasmarse en resoluciones formalizadas con previa audiencia del interesado y con expresión de recursos contra ellas, eso daría lugar a una interminable maraña burocrática que paralizaría las Administración Públicas, con merma insalvable de la eficacia administrativa (que no se olvide, también es un valor constitucionalmente garantizado
Podemos, desde luego, aceptar como cierto, por indiscutido, que al dejar de estar el recurrente adscrito al puesto funcional que venía ocupando, dejó de percibir las concretas retribuciones complementarias ligadas a ese puesto; pero eso no significa que dejara de percibir retribuciones complementarias de clase alguna, sino que pasó a percibir las establecidas para el nuevo puesto funcional al que quedó reasignado.
Así las cosas, consideramos que si el cambio o reasignación funcional, fruto del ejercicio de la potestad organizatoria, se mueve al fin y al cabo dentro del ámbito de categoría, destino y puesto de trabajo del funcionario afectado, este no puede invocar un derecho adquirido al mantenimiento de la asignación funcional que viniera desempeñando ni tiene derecho adquirido al mantenimiento de las retribuciones complementarias ligadas a esa asignación funcional, sino que percibirá las retribuciones complementarias que correspondan a la asignación funcional que se le encomiende en cada momento por quien tiene competencia para hacerlo; sin que, insistimos, las reasignaciones funcionales de este tipo tengan que resultar por lo general fruto de resoluciones administrativas formalizadas resultantes de un procedimiento administrativo protocolizado.
En definitiva, no advertimos en el caso que examinamos, atendidas sus singulares circunstancias, vicios de nulidad desde la tan citada perspectiva formal/procedimental.
No obstante, como quiera que al fin y al cabo la demanda también se extendió al tema de fondo y la sentencia se ha situado en esa misma perspectiva, abordaremos esta cuestión a continuación, a fin de determinar si la reasignación funcional que nos ocupa puede calificarse -o no-, desde el punto de vista propio del tema de fondo, de arbitraria y por ende inválida.
Nos parece, en este sentido, claro que por mucho que este tipo de decisiones organizativas del superior jerárquico no requieran de un acto administrativo formalizado, aun así, si el funcionario afectado considera que en el desenvolvimiento funcional de la potestad organizatoria se ha producido una lesión jurídica de sus derechos e intereses legítimos, puede impetrar la tutela judicial para revisar su legalidad sustantiva, impugnando la orden verbal o informal a través de la cual esa decisión se ha operativizado (nos referimos obviamente a la posibilidad de su impugnación, siendo cuestión distinta su prosperabilidad).
Hemos llegado a la conclusión de que no existen reparos de ilegalidad insalvables desde el punto de vista formal/procedimental por el hecho de que la resignación de funciones del aquí recurrente se acordara a través de una orden verbal no acordada tras un procedimiento formalizado. Ahora bien, como decimos, con esto no acaba el examen del caso, pues por mucho que ese tipo de decisiones pueda adoptarse mediante cauces funcionales informales, no por ello puede entenderse que su adopción resulte inmune al control de arbitrariedad
En definitiva, habrá que valorar con una inevitable perspectiva casuistica y con prudente ponderación la singularidad de cada asunto, para determinar si la actuación controvertida se ha movido dentro del amplio margen de discrecionalidad propio de la potestad organizatoria, o si por el contrario ha sobrepasado esos límites para entrar en el terreno vedado de la arbitrariedad constitucionalmente prohibida. Eso sí, sin perder de vista que el juicio sobre un eventual arbitrariedad no puede apurarse hasta el extremo de vaciar a la potestad de su componente discrecional y del consiguiente y amplio margen de actuación que resulta connatural a esta tipología de potestades.
El recurrente niega el relato de su superior inmediato, y dice que si tal enfrentamiento se hubiera producido como se refiere, se le habría sancionado disciplinariamente, lo que no fue el caso; pero, decimos nosotros, en la convivencia diaria dentro de las unidades y servicios existen, según demuestra la experiencia, desencuentros, enfrentamientos y desavenencias que aun no llegando a alcanzar trascendencia punitiva disciplinaria, lastran profundamente el funcionamiento de las unidades y aconsejan la adopción de decisiones de carácter organizativo. Por eso, no nos parece relevante, en el sentido que el recurrente propugna, el hecho de que no se adoptase decisión disciplinaria alguna en relación con esos hechos.
En todo caso, coincidimos, en este punto, con la juzgadora de instancia en que esta situación de enfrentamiento, aun no revistiendo trascendencia punitiva disciplinaria, puede ser legitimamente valorada por el superior competente, en ejercicio de la discrecionalidad inherente a la potestad organizatoria, para decidir la reasignación funcional del funcionario en otro cometido, insistimos, siempre con respeto a su categoría y destino, a fin de salvaguardar el buen orden del servicio y evitar fricciones personales que lastren el funcionamiento de unas unidades funcionales en las que nos parece evidente que la armonía entre sus componentes es un bien digno de protección. Reasignación que, por lo demás, no es una sanción ni participa de la naturaleza de las sanciones, sino que es una decisión organizativa inserta en la dinámica propia de la relación de servicio. No apreciamos razones para decidir que en este caso, atendidas sus singularidades, esa potestad organizatoria hubiera degenerado en arbitrariedad contraria a Derecho.
Por consiguiente, tampoco puede prosperar el recurso desde esta perspectiva.
Fallo
Que desestimamos el recurso de apelación formulado por don D. Ildefonso contra la sentencia que se dice en el antecedente primero de esta sentencia; sin costas.
Contra esta sentencia cabe articular recurso de casación, en los términos y con las exigencias contenidas en el art. 88 y ss. LJCA, que deberá prepararse por escrito ante esta Sala en plazo de 30 días contados desde el siguiente a la notificación de la presente resolución.
Así, por esta nuestra sentencia, definitivamente juzgado, lo pronunciamos, mandamos y firmamos.
