PRIMER.-El recurs d'apel·lació interposat pel Sr. Lucio es fonamenta en un presumpte error en la valoració de la prova per part de la jutgessa a quo que havia provocat una vulneració de la presumpció d'innocència de l'acusat, en considerar que la prova practicada al judici oral no va ser suficientment per tenir per acreditats els fets pels que s'havia formulat acusació contra l'ara apel·lant. En tot cas, tot i plantejar d'aquesta manera el seu recurs, a les al·legacions de la part recurrent es realitzen argumentacions pròpies de l'error de llei i la indeguda aplicació al cas concret del tipus penal pel que va ser condemnat el Sr. Lucio. En tot cas, resoldrem totes les qüestions plantejades per la defensa de l'acusat.
El Sr. Lucio va ser condemnat a la Sentència impugnada per haver-se fet passar pel propietari d'un vehicle depositat al taller on treballava que no havia arribat a adquirir i vendre'l a la Sra. Rosaura, qui li va fer pagaments per la referida compravenda fins i tot després que el Sr. Lucio retornés el vehicle al seu propietari i aquest segon el vengués a una tercera persona.
La presumpció d'innocència és un dret bàsic a tota societat democràtica que es troba promulgat, amb caràcter de fonamental, a l' art. 24 CE. El Tribunal Constitucional s'ha pronunciat sobre l'efectivitat de dit article a distintes Sentències com la STC 18/2021 de 15 de febrer, on s'estableix que "El Pleno del tribunal recordó en la STC 185/2014, de 6 de noviembre , FJ 3, que la "doctrina de este tribunal ha reconocido que el derecho a la presunción de inocencia es 'uno de los principios cardinales del Derecho penal contemporáneo, en sus facetas sustantiva y formal' (por todas, SSTC 138/1992, de 13 de octubre , y 133/1995, de 25 de septiembre ) y es consciente de la importancia garantista del derecho a la presunción de inocencia, al que considera quizás 'la principal manifestación constitucional de la especial necesidad de proteger a la persona frente a una reacción estatal sancionadora injustificada' ( SSTC 141/2006, de 8 de mayo , FJ 3 , y 201/2012, de 12 de noviembre , FJ 4). Como regla de tratamiento, la presunción de inocencia impide tener por culpable a quien no ha sido así declarado tras un previo juicio justo (por todas, STC 153/2009, de 25 de junio , FJ 5) y, como regla de juicio en el ámbito de la jurisdicción ordinaria, se configura como derecho del acusado a no sufrir una condena, a menos que la culpabilidad haya quedado establecida más allá de toda duda razonable (entre muchas, últimamente, STC 78/2013, de 8 de abril , FJ 2). El art. 24.2 CE significa que se presume que los ciudadanos no son autores de hechos o conductas tipificadas como delito y que la prueba de la autoría y la prueba de la concurrencia de los elementos del tipo delictivo, corresponden a quienes, en el correspondiente proceso penal, asumen la condición de parte acusadora ( STC 105/1988, de 8 de junio , FJ 3). Como regla presuntiva supone que 'el acusado llega al juicio como inocente y solo puede salir de él como culpable si su primitiva condición es desvirtuada plenamente a partir de las pruebas aportadas por las acusaciones' ( SSTC 124/2001, de 4 de junio , FJ 9 , y 145/2005 , FJ 5). La presunción de inocencia es, por tanto, una presunción iuris tantum de ausencia de culpabilidad 'que determina la exclusión de la presunción inversa de culpabilidad criminal de cualquier persona durante el desarrollo del proceso, por estimarse que no es culpable hasta que así se declare en sentencia condenatoria' ( STC 107/1983, de 29 de noviembre , FJ 2)".
Destacábamos, asimismo, que la eficacia garantista de la presunción de inocencia se despliega ante el juez y frente al legislador, en tanto que el derecho a ser presumido inocente es un derecho subjetivo público con una "obvia proyección como límite de potestad legislativa y como criterio condicionador de las interpretaciones de las normas vigentes" ( STC 109/1986, de 24 de septiembre , FJ 1). En concreto, "el tribunal ha incluido en la configuración constitucional de este derecho la interdicción de las presunciones de los elementos constitutivos del delito ( SSTC 111/1999, de 14 de junio , FJ 3 ; 87/2001, de 2 de abril , FJ 9 ; 267/2005, de 24 de octubre , FJ 4 , y 92/2006, de 27 de marzo , FJ 2). Con independencia de la modalidad delictiva de que se trate, no es tolerable que alguno de los elementos típicos se presuma en contra del acusado, sea con una presunción iuris tantum, que supone una traslación o inversión de la carga de la prueba irreconciliable con el art. 24.2 CE (ya en STC 105/1988, de 8 de junio , FJ 3), sea con una presunción iuris et de iure, ilícita en el ámbito penal desde la perspectiva constitucional, por cuanto prohíbe la prueba en contrario de lo presumido, con los efectos vulneradores de la presunción de inocencia de descargar de la prueba a quien acusa y de impedir probar la tesis opuesta a quien se defiende" ( STC 185/2014 , FJ 3).
De otro lado, desde la STC 44/1989, de 20 de febrero , FJ 2, hemos distinguido entre el derecho a la presunción de inocencia y el principio in dubio pro reo, situando a este último en el momento de la valoración o apreciación probatoria, de modo que "solo entra en juego cuando existe una duda racional sobre la real concurrencia de los elementos objetivos y subjetivos que integran el tipo penal, aunque se haya practicado una prueba válida" ( STC 16/2000, de 31 de enero , FJ 4). Y mantiene que, "con la perspectiva constitucional, el principio in dubio pro reo, 'en tanto que perteneciente al convencimiento íntimo o subjetivo del órgano judicial', ni está dotado de la protección del recurso de amparo, 'ni puede en modo alguno ser objeto de valoración por este tribunal cuando el órgano judicial no ha albergado duda alguna acerca del carácter incriminatorio de las pruebas practicadas'" (así últimamente, STC 147/2009, de 15 de junio , FJ 2, con cita de las SSTC 63/1993, de 1 de marzo , FJ 4 ; 103/1995, de 3 de julio , FJ 4 ; 16/2000, de 16 de enero, FJ 4 ; 209/2003, de 1 de diciembre , FJ 5 ; 61/2005, de 14 de marzo , FJ 4 , y 137/2005, de 23 de mayo , FJ 3).
No obstante, conforme a nuestra doctrina, la regla de juicio que impone el derecho a la presunción de inocencia es muy clara: "se configura como derecho del acusado a no sufrir una condena a menos que la culpabilidad haya quedado establecida más allá de toda duda razonable" (entre muchas, las ya citadas SSTC 78/2013 , FJ 2 , y 185/2014 , FJ 3). Exige, como presupuesto de una condena penal conforme con el art. 24.2 CE , la certeza sobre la culpabilidad del imputado, entendida como ausencia de duda razonable respecto a la concurrencia de todos aquellos extremos relevantes para la condena. En tal medida, la razonabilidad de las conclusiones del juzgador sobre el resultado de los medios de prueba, justificadas a través de la debida motivación, y su suficiencia para condenar son exigencias entrelazadas del derecho a la presunción de inocencia ( SSTC 268/2000 , de 27 de noviembre, FJ 9 , y 78/2013 , FJ 2). La existencia de una duda razonable en términos objetivos (o mejor, intersubjetivos) implica una valoración probatoria deficiente y la ausencia de prueba de cargo suficiente y, en definitiva, la vulneración del derecho a la presunción de inocencia. Así ocurrirá, como hemos repetido, si se presentan por el acusado hipótesis fácticas alternativas razonables frente a la hipótesis acusatoria ( SSTC 81/1998, de 2 de abril , FJ 3 ; 155/2002, de 22 de julio , FJ 7 ; 145/2005, de 6 de junio , FJ 5 , y 12/2011, de 28 de febrero , FJ 10). Sin que, por lo demás, pueda haber diferencia cualitativa desde la perspectiva del art. 24.2 CE entre una absolución resultante de una constatación incontestable de la inocencia del acusado y una absolución fundamentada en la ausencia de pruebas suficientes para enervar la presunción de inocencia -por existir una duda razonable- ( SSTC 8/2017, de 19 de enero , FFJJ 7 y 8; 10/2017, de 30 de enero , FJ 4 ; 85/2019, de 19 de junio , FJ 10, y STEDH de 16 de febrero de 2016 asunto Vlieeland Boddy y Marcelo Lanni c. España , § 40)".
De la doctrina acabada de citar es constata, com no pot ser d'altra manera en un Estat democràtic, que per poder vèncer la presumpció d'innocència és necessari que durant el judici s'hagi practicat una prova de càrrec suficient per imputar, sense cap dubte raonable, la comissió d'un delicte a una persona. A sensu contrari, quan la prova practicada no sigui suficient per arribar a aquesta convicció, la llei imposa al jutge o tribunal l'obligació d'absoldre a l'acusat.
Per poder determinar si la condemna imposada a la Sentència objecte de recurs va ser dictada amb fonament a proves de càrrec aptes per desvirtuar el dret fonamental a la presumpció d'innocència de l'acusat és precís posar en relació els arguments exposats per la jutgessa a quo a la Sentència apel·lada amb la doctrina i la jurisprudència relatives a la matèria objecte de controvèrsia, tot això tenint sempre en compte la funció que aquesta Sala ha de desenvolupar com a òrgan competent per a la resolució de l'apel·lació plantejada pel Sr. Lucio.
En quant a la funció revisora d'aquesta Sala, com ja hem posat de manifest en reiterades ocasions, és a l'òrgan a quo a qui correspon realitzar l'anàlisi de la força probatòria de les declaracions realitzades a l'acte del judici. En aquest sentit, en ser el jutge sentenciador davant qui es practica la prova conforme als principis d'oralitat, immediació i publicitat, és a la primera instància on de forma més pura es compleix amb les garanties per a la lliure apreciació de les declaracions de testimonis i víctimes de fets presumptament delictius. Això és així perquè és a l'acte del judici on el jutjador es troba davant els qui en ell deposen, podent en conseqüència apreciar de forma directa la credibilitat de tota declaració acudint a elements tan determinants com actituds, maneres de declarar, mirades, gestos o comportaments d'altres persones presentes. Tota aquesta informació proporciona un context bàsic per a que pugui ser valorada la credibilitat de tota declaració o per a que, en casos de versions contradictòries, es pugui construir el procés d'anàlisi que conclourà amb la determinació de qui diu la veritat i qui no. Per això, donada aquesta situació privilegiada del jutge a quo, en el cas de concurrència de versions contradictòries i incompatibles sobre un mateix fet, correspon a l'òrgan sentenciador, amb fonament als principis sobre la càrrega de la prova aplicables al cas concret, determinar quina és la versió que s'ha de tenir per veraç d'entre les concurrents. D'aquesta manera, en fase d'apel·lació, només pertocarà una revocació dels arguments exposats a la Sentència d'instància quan aquests arribin a conclusions arbitràries, no fonamentades o manifestament absurdes i irracionals.
En aquest mateix sentit, a la STSJIB de 3 de juliol de 2018 es disposa, en un anàlisi general de la funció revisora dels Tribunals d'apel·lació, que "El conocimiento del tribunal de apelación cuando versa sobre la prueba es indirecto, no tiene por objeto la prueba en sí, sino el discurso justificativo sobre la acreditación de los hechos en el que se funda el pronunciamiento condenatorio, revisándolo para verificar si se ha producido o no en él una quiebra del canon de racionabilidad en la conclusión valorativa de la prueba, canon al que se remite el artículo 846 bis c) e) de la Ley de Enjuiciamiento Criminal cuando recoge como motivo de apelación: "Que se hubiera vulnerado el derecho a la presunción de inocencia porque, atendida la prueba practicada en el juicio, carece de toda base razonable la condena impuesta".
Respecte l'abast del recurs d'apel·lació en aquells casos on s'invoca una vulneració del dret a presumpció d'innocència, hem de recordar la postura jurisprudencial sobre aquest àmbit, en el sentit que la funció revisora d'aquest Tribunal queda limitada a tres aspectes, a saber:
1- La comprovació de si el jutjador d'instància va comptar amb suficient prova de càrrec, encara que fos mínima, per dictar una Sentència condemnatòria. Aquest aspecte integra l'afirmació que la càrrega de la prova sobre els fets constitutius de pretensió penal correspon exclusivament a la part acusadora, sense que li sigui exigible a la defensa una prova diabòlica dels fets negatius.
2- La comprovació que tals proves s'han obtingut sense violar els drets fonamentals dels acusats, cosa que les faria invàlides a efectes probatoris. A més, dites proves han d'haver estat incorporades a la causa respectant els principis d'immediació i contradicció, excepte el previst per a supòsits de prova preconstituïda en aquells casos permesos per la Llei.
3- La constatació de la racionalitat de les declaracions i conclusions assolides pel jutge a quo.
SEGON.-En el present cas, sembla que la qüestió controvertida no són els Fets Provats recollits a la Sentència impugnada en si mateixos, sinó si el Sr. Lucio realitzà la conducta per la que ha estat condemnat de manera dolosa i amb una intenció d'enganyar a la Sra. Rosaura. En concret, el Sr. Lucio va ser condemnat per fer-se passar falsament pel propietari d'un vehicle marca Peugeot 307, simular una compravenda del referit vehicle i obtenir 2.075 euros de la Sra. Rosaura per dita compravenda tot i saber que la mateixa no es podria perfeccionar mai perquè no tenia capacitat de disposició sobre el vehicle venut.
Són fets acceptats per totes les parts que el Sr. Lucio treballava a un taller mecànic on el Sr. Gervasio hi va portar el Peugeot 307 de la seva propietat, que el Sr. Lucio es va oferir a comprar el vehicle per un preu de 800 euros i que el Sr. Gervasio acceptà l'oferta, si bé el contracte no es va arribar a perfeccionar mai perquè el Sr. Lucio renuncià al mateix per no poder pagar el preu de compra pactat. Seguidament, el Sr. Lucio retornà el vehicle al Sr. Gervasio i aquest el va vendre a una tercera persona. Mentre el Sr. Lucio tenia el vehicle al taller on treballava va pactar amb la Sra. Rosaura la venda del Peugeot per un preu de 1.700 euros. La Sra. Rosaura va entregar quantitats al Sr. Lucio pel preu pactat però aquest segon no li entregà el vehicle, sinó que segons hem exposat anteriorment el tornà al Sr. Gervasio.
A la Sentència impugnada es conclou que el Sr. Lucio va concertar el contracte de compravenda amb la Sra. Rosaura tot i saber que no era el propietari del vehicle, de manera que en cap cas podria entregar-lo a aquesta, però enganyant a la compradora fent-li creure el contrari i acceptà els pagaments realitzats per aquesta sota dit engany.
Per la seva banda, la defensa del Sr. Lucio al·lega al seu recurs que en el present cas ens trobaríem davant un incompliment contractual de naturalesa civil, ja que en el moment de la celebració del contracte de compravenda amb la Sra. Rosaura l'ara apel·lant confiava en poder pagar el preu pactat amb el Sr. Gervasio per la compravenda i entregar posteriorment el vehicle a la Sra. Rosaura. Ara bé, el Sr. Lucio no va poder complir els seus compromisos contractuals per falta de capacitat econòmica per satisfer els 800 euros pactats al Sr. Gervasio ni retornar tampoc a la Sra. Rosaura els diners per ella entregats una vegada es va frustrar el contracte de compravenda.
El TS ha establert una consolidada jurisprudència sobre els elements que integren el tipus del delicte d'estada. Reflex d'aquesta jurisprudència és la STS de 24 de maig de 2019, on es disposa que "Como ya ha señalado esta Sala del Tribunal Supremo en Sentencia 199/2018 de 25 Abr. 2018, Rec. 10729/2017 sobre los elementos o requisitos necesarios para entender concurrente la infracción penal tipificada como delito de estafa en el art. 248 del Código Penal y, en consecuencia, la apreciación de los contratos civiles criminalizados, se pueden citar los siguientes:
1. Un engaño como requisito esencial por constituir su núcleo o esencia, que ha de ser considerado con entidad suficiente para producir el traspaso patrimonial de carácter precedente o concurrente a la defraudación, maliciosamente provocado.
2. Error esencial en el sujeto pasivo, al dar por ciertos los hechos mendaces simulados por el agente, conocimiento inexacto de la realidad del desplazamiento originador del perjuicio o lesión de sus intereses económicos.
3. Acto de disposición patrimonial consecuencia del engaño sufrido, que en numerosas ocasiones adquiere cuerpo a través de pactos, acuerdos o negocios.
4. Ánimo de lucro, ya sea en beneficio propio o de un tercero, deducible del complejo de los actos realizados.
5. Nexo causal entre el engaño provocado y el perjuicio experimentado, apareciendo éste como inexorable resultado, toda vez que el dolo subsequens, es decir, sobrevenido y no anterior a la celebración del negocio de que se trata, equivale a un mero incumplimiento de lo pactado, el que incluso, siendo intencional, carece de relevancia penal y debe debatirse exclusivamente en el campo privado.
6. Propósito de no cumplir o de tan sólo iniciar su cumplimiento, para desembocar en un definitivo incumplimiento.
El Tribunal Supremo refleja, en su sentencia de 11 de diciembre de 2000 que «el dolo penal consiste en el propósito de no cumplir o de tan sólo iniciar su cumplimiento, para desembocar en un definitivo incumplimiento, versando el contrato sobre un negocio vacío que oculta la realidad de un atentado contra el patrimonio ajeno».
Nos movemos en el elemento puramente subjetivo del conocimiento e intención clara del sujeto de no cumplir con las estipulaciones marcadas en el contrato con la otra parte, y ello aunque haya iniciado, incluso, el cumplimiento de lo pactado entre las partes, ya que, si lo que pretendía era no cumplir definitivamente, no excluye la comisión del delito de estafa el hecho de que el sujeto haya dado inicio al cumplimiento de su prestación y posteriormente cese en este cumplimiento cuando era ésta su idea inicial.
O, como apunta el Tribunal Supremo, Sala Segunda, de lo Penal, en su Auto 834/2016, de 28 de abril : en el ilícito penal de la estafa, el sujeto activo sabe, desde el mismo momento de la perfección del contrato, que no podrá o no querrá cumplimentar la contraprestación que le corresponde en compensación del valor o cosa recibidos, y que se enriquecerá con ellos. Esta doctrina es la conocida como la de los contratos civiles o mercantiles criminalizados.
7. El negocio criminalizado sólo será instrumento de la estafa si es una pura ficción al servicio del fraude, a través de la cual se crea un negocio vacío que encierra realmente una asechanza al patrimonio ajeno. se exige dolo más engaño.
La sentencia del Tribunal Supremo de 12 de julio de 1997 proclama que el denominado por la doctrina negocio criminalizado sólo será instrumento de la estafa si es una pura ficción al servicio del fraude, a través de la cual se crea un negocio vacío que encierra realmente una asechanza al patrimonio ajeno (en el mismo sentido las de 12 de mayo de 1998 y 17 de septiembre de 1999). En este sentido, el dolo no conlleva per se la concurrencia del ilícito penal, ya que en el marco del derecho civil es definido como vicio del consentimiento ( arts. 1265 , 1269 y 1270 CC ). Por ello, por sí sólo no constituye ese engaño requerido por el tipo de la estafa, es decir, la maniobra torticera y falaz por medio de la cual el agente, ocultando la realidad, juega dentro de la apariencia para ganar la voluntad del perjudicado o perjudicados, haciéndoles creer y aceptar lo que no es verdadero.
El delito de estafa hace preciso que concurra por parte del sujeto activo un medio engañoso de cualquier tipo que induzca a la víctima, por la vía del error, a realizar un determinado desprendimiento patrimonial del que, en relación de causa a efecto, se beneficia el instigador de la operación, que persigue desde el inicio ese fin lucrativo; sus elementos son, por tanto, engaño, ánimo de lucro, perjuicio y relación causal ( SSTS 16 de junio y 16 de octubre de 1992 , 18 de octubre de 1993 , 15 de junio de 1995 y 31 de enero de 1996 , entre otras).
Se exige, al mismo tiempo, un específico dolo que abarque esa voluntad en el sujeto de que, cuando realiza la actividad contractual con la parte perjudicada, no vaya a ejecutar la parte el contrato que al mismo le compete, unido ello a cualquier medio de engaño que lleve a la otra parte a aceptarlo por la vía de la creencia de que se va a producir ese cumplimiento que se le ofrece. El dolo por sí mismo entendido supondría aisladamente la existencia de un vicio en el consentimiento que tendría sus consecuencias en la órbita del derecho civil, pero que, por el principio de intervención mínima del Derecho penal, no es aceptado para entender que ese incumplimiento del contrato tiene efectos y sanciones penales.
8. Idoneidad del engaño para entender cometido un delito.
Esta Sala del Tribunal Supremo recoge, en sus sentencias de 16 de julio de 1999 y 23 de marzo de 2000 , que el juicio de idoneidad que hay que valorar exige atender tanto a módulos objetivos como a las condiciones personales del sujeto afectado y a la totalidad de las circunstancias del caso concreto.
También declaramos a estos efectos, en la sentencia de 24 de marzo de 1999 , que «no se estiman suficientes los artificios engañosos si el sujeto pasivo de los mismos hubiere podido descubrir el fraude mediante una actividad de comprobación de la realidad de las prestaciones entregadas o prometidas fraudulentamente por el promotor del engaño y si tal actividad de comprobación lo era exigible por su calificación empresarial».
Del mismo modo, se añade en la sentencia de 21 de septiembre de 1998 que «no se trata de afirmar por el Tribunal que existe un derecho al engaño, a modo del pretendido dolo bueno, sino de limitar el derecho penal a sus justos términos no convirtiéndolo en un instrumento de protección penal de aquéllos que no se protegen a sí mismos o de quienes toman decisiones financieras arriesgadas o sin el debido cuidado».
9. Posibilidad del sujeto afectado de detectar la estafa.
En estos casos se suelen tener muy en cuenta las condiciones del afectado para admitir o inadmitir la concurrencia del delito y para separarlo del mero incumplimiento civil, ya que, si fuera asumible percibir la existencia del incumplimiento, dadas las condiciones profesionales del perjudicado, habría que acudir a esta vía civil.
Si el engaño no es suficiente al fin que se exigiría para entender cometido el ilícito penal, nos encontraríamos ante el ilícito civil. Ahora bien, tampoco puede llegarse al extremo de exigir a la víctima el conocimiento de ese elemento intencional del sujeto activo, sino que sí, dada su condición profesional, hubiera sido posible detectar la situación venidera de incumplimiento, podríamos estar hablando de un ilícito civil, que no penal. De todas maneras, también nos movemos aquí en unos ámbitos estrictamente subjetivos que exigen que actuemos con suma cautela para evitar unos niveles de exigencia de previsión en la víctima que le obligaran a prever cualquier circunstancia o movimiento del sujeto activo aunque concurriera la condición de profesional en el perjudicado".
En el present cas no podem més que coincidir amb la jutgessa a quo a l'hora de concloure que la conducta mantinguda per l'ara apel·lant reuneix tots els elements del tipus penal d'estafa. Així, i tal i com s'exposa a la Sentència impugnada, resulta que el contracte de compravenda celebrat entre el Sr. Lucio i la Sra. Rosaura es va produir en un moment en que l'acusat encara no havia adquirit la propietat del Peugeot 307, doncs quedava pendent per a que es produís la transacció que el Sr. Lucio disposés dels 800 euros pactats com a preu de venda al Sr. Gervasio. Tot i això, l'ara apel·lant es va fer passar per propietari del vehicle davant la Sra. Rosaura, tot i saber que no ho era, i acceptà d'aquesta l'entrega de diners que no destinà a la perfecció del contracte que el podia convertir en legítim propietari del vehicle que s'havia obligat a transmetre a la perjudicada. En segon lloc, el Sr. Lucio renuncià expressament al seu dret a adquirir la propietat del vehicle al maig de 2020 i no comunicà aquesta informació a la Sra. Rosaura, resultant en canvi que l'acusat va seguir acceptant pagaments de la perjudicada pel preu d'una compravenda que ell de cap manera podia ignorar que no es podria perfeccionar mai.
La conducta que acabem de descriure resulta plenament subsumible en el delicte d'estafa pel que el Sr. Lucio ha estat condemnat i és un clar exemple d'un negoci criminalitzat amb rellevància penal. Així, el Sr. Lucio va aprofitar l'aparença de propietari que tenia respecte del cotxe Peugeot, que tenia en depòsit, per fer creure a la Sra. Rosaura que li vendria un vehicle que no tenia cap capacitat per transmetre. El dolo de la conducta de l'acusat es confirma del fet que aquest va seguir mantenint l'engany i acceptant actes de disposició patrimonial de la perjudicada fins i tot quan el vehicle ja havia passat a ser propietat d'una tercera persona de bona fe. De cap manera podem acceptar que els fets que acabem de descriure siguin compatibles amb un simple incompliment contractual de naturalesa civil.
Per tot l'exposat, el recurs d'apel·lació interposat pel Sr. Lucio ha de ser desestimat i la Sentència impugnada íntegrament confirmada.
TERCER.-Pertoca declarar las costes d'ofici, de conformitat amb l' art. 240 LECrim, en no apreciar-se temeritat ni mala fe en la interposició del present recurs.
Vists els preceptes legals citats i demés de general i pertinent aplicació,