Sentencia Penal Nº 108/20...re de 2017

Última revisión
17/09/2017

Sentencia Penal Nº 108/2017, Audiencia Provincial de Guipuzcoa, Sección 3, Rec 3077/2016 de 12 de Diciembre de 2017

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Orden: Penal

Fecha: 12 de Diciembre de 2017

Tribunal: AP - Guipuzcoa

Ponente: BILDARRAZ ALZURI, MARIA DEL CARMEN

Nº de sentencia: 108/2017

Núm. Cendoj: 20069370032017100317

Núm. Ecli: ES:APSS:2017:1031

Núm. Roj: SAP SS 1031/2017


Encabezamiento


AUDIENCIA PROVINCIAL DE GIPUZKOA - SECCIÓN TERCERA
GIPUZKOAKO PROBINTZIA AUZITEGIA - HIRUGARREN SEKZIOA
SAN MARTIN 41 2ª planta - CP/PK: 20007
Tel.: 943-000713 Faxa: 943-000701
NIG PV / IZO EAE: 20.05.1-16/002170
NIG CGPJ / IZO BJKN :20069.43.2-2016/0002170
RECURSO / ERREKURTSOA: Apelación juicio sobre delitos leves / Delitu arinei buruzko judizioko
apelazioa 3077/2016-
Proc. Origen / Jatorriko prozedura: Juicio sobre delitos leves / Delitu arinei buruzko judizioa 367/2016
Juzgado de Instrucción nº 2 de Donostia / Donostiako Instrukzioko 2 zk.ko Epaitegia
Atestado nº/ Atestatu-zk.:
DU. NUM000
Apelante/Apelatzailea: Hermenegildo
Abogado/a / Abokatua: CRISTINA GARCIA AGUADO
Procurador/a / Prokuradorea: JUAN JOSE GONZALEZ BELMONTE
Apelado/a / Apelatua: MINISTERIO FISCAL . .
Apelado/a / Apelatua: Josefa
Abogado/a / Abokatua: AINIZE RECALDE BADIOLA
S E N T E N C I A N U M . 108/2017
ILMA. SRA.:
MAGISTRADA
Dª. MARÍA DEL CARMEN BILDARRAZ ALZURI
En DONOSTIA / SAN SEBASTIÁN a doce de diciembre de dos mil diecisiete
VISTO en segunda instancia por la Ilma. SRa. Dª MARÍA DEL CARMEN BILDARRAZ ALZURI ,
Magistrada de esta Audiencia Provincial de Gipuzkoa - Sección Tercera, el presente Rollo sobre delitos leves
nº 3077/2016; seguidos en primera instancia por el Juzgado de Instrucción nº 2 de Donostia con el nº de juicio
sobre delitos leves 367/2016 por el delito leve de amenazas e injurias.

Antecedentes


PRIMERO.- El Juzgado de Instrucción nº 2 de Donostia dictó con fecha sentencia cuyo fallo dice: ' FALLO : Que debo ABSOLVER Y ABSUELVO a Josefa del delito leve de coacciones, del delito leve de vejaciones y del delito leve de amenazas de los que venía siendo acusada, con declaración de las costas procesales de oficio.

Que debo CONDENAR Y CONDENO a Josefa del delito leve de INJURIAS, antes mencionado a la pena de MULTA DE UN MES a razón de 3 euros/día con la responsabilidad personal subsidiaria del art. 53 del Código Penal de un día de privación de libertad por cada dos cuotas impagadas y al pago de las costas procesales si las hubiere.

No procede realizar pronunciamiento alguno respecto de los daños morales reclamados.

No procede conceder orden de alejamiento en base a lo dispuesto en el fundamento de derecho quinto de la presente resolución.'

SEGUNDO.- Notificada a las partes las resoluciones de referencia se interpuso recurso de apelación que fue admitido y elevados los autos a este Tribunal, trayéndose a la vista del Magistrado designado para dictar sentencia.



TERCERO.- En la tramitación de este juicio se han observado las formalidades legales.

VISTO: Ha sido designada la Ilma. Sra. Magistrada Dña. MARÍA DEL CARMEN BILDARRAZ ALZURI.

HECHOS PROBADOS Se aceptan como hechos probados los recogidos en la sentencia dictada en primera instancia y que en la presente sentencia se reproducen en su integridad.

Fundamentos


PRIMERO.- La representación procesal del denunciante, Sr. Hermenegildo , que muestra conformidad con la Sentencia de instancia que condena a la denunciada Sra. Josefa por el delito leve de injurias, se alza en recurso de apelación frente a los pronunciamientos del Fallo absolutorios por el delito leve de amenazas y del delito leve de coacciones de los que asimismo la denunciada venía siendo objeto de acusación, en solicitud del dictado de Sentencia de condena a la Sra. Josefa , además de por el delito de injurias leves, por el delito de coacciones y amenazas leves en el ámbito de la violencia doméstica.

El recurso de apelación se fundamenta en el error en la valoración de la prueba, sobre la base de las siguientes alegaciones, sintéticamente: El Sr. Hermenegildo ha declarado de forma contundente, clara, sin contradicciones ni titubeos y ha mantenido sus afirmaciones en todo momento y desde el inicio.

Las declaraciones de Hermenegildo y de su hermana, no adolecen de contradicciones y cambios de versiones. Han mantenido la misma versión desde el principio.

En este caso nos encontramos que no es la declaración de la víctima la única prueba de cargo. Existe la declaración de la hermana y de la madre que presenció los hechos, por más que la juzgadora pretenda no darle credibilidad, así como la del vecino Sr. Anton .

Y además, se dan los requisitos exigidos jurisprudencialmente en aras a la credibilidad de Hermenegildo y de que el Juzgador pueda basar en ella su convicción: a) Ausencia de incredibilidad subjetiva, no existe ningún móvil espúreo o de venganza hacia Josefa .

Más bien todo lo contrario, debiendo haber denunciado mucho tiempo atrás dado que la relación conflictiva existió desde el segundo mes (tal y como Hermenegildo declara en sala a preguntas del M.P., pero no lo hizo por miedo a las consecuencias de terminar con la relación.

b) Verosimilitud de las declaraciones, manteniéndose prácticamente constante e invariable en el cuerpo principal de su relato fáctico, sin contradicciones, con respecto a las manifestaciones que ha efectuado en las diversas instancias con las que ha tenido contacto a consecuencia de estos hechos'. Existe prueba bastante de cargo para sustentar la condena basándose en la declaración de la víctima y de los testigos, hermana, vecino y madre.

c) Persistencia en la incriminación. No existe contradicción ninguna en las declaraciones, siendo totalmente coincidentes la de la víctima y los testigos.

d) siendo la declaración del padre de Josefa y del jefe de la misma, que no han presenciado ninguno de los hechos denunciados, totalmente irrelevantes respecto de los hechos denunciados.

Analizando por separado cada uno de los hechos que integran los delitos de coacciones y amenazas por los que ha sido absuelta y que esta parte entiende acreditados: COACCIONES: Se cumplen y acreditan en este caso al menos que se puedan probar, dos de la conductas denunciadas y constitutivas de coacciones: el empujón en la habitación contra el armario y las coacciones oídas por el vecino. Integradas en las conductas de impedir que se relacione con sus familiares, amigos y vecinos, lo dice no solo Hermenegildo sino su madre que perdió toda relación con la familia y el vecino Anton , lo dice también: 'de ser un chico que estaba todo el día en la plaza y se relacionaba dejó de ir y de hablarles y adelgazó muchísimo y perdió pelo. Esto lo pudieron percibir todos los que han declarado como testigos.

Respecto al empujón sobre el armario que Josefa propinó a Hermenegildo , Coral declara: ' Le empujó contra el armario'. Esta parte considera acreditada el empujón pues lo vio Coral . En unidad de acto: Coral declara: ' Josefa dijo: no toques mis cosas, que llamo a la Ertzaintza. Yo ya estoy muy acostumbrada a esto, les digo que me ha agredido y a la que van a creer es a mí y no a tu hermano y se lo van a llevar detenido. Yo ahora me pego un golpe contra la pared y punto'.

Esta conducta es constitutiva de una amenaza real.

De hecho, llamó, y apareció la Ertzaintza y les dijo lo que había pasado y se marcharon.

Declaración de Hermenegildo . En relación al incidente del armario Hermenegildo dice que 'estaba su hermana delante y lo vio todo'.

El incidente del empujón contra el armario, sucedió tal y como lo relata tanto Hermenegildo como Coral , ambos coinciden exactamente en la misma versión de los hechos y la testigo lo relata: la hermana Coral se encontraba en el pasillo cuando su hermano estaba en la habitación intentando recogerle las cosas para que se fuera, y entonces Josefa fue a empujarle ( Coral le vio con las manos hacia Hermenegildo ) luego oyó el golpe contra el armario y Hermenegildo se pegó contra la pared. Coral vio perfectamente como Josefa iba a empujarle y luego el golpe y al segundo vio a su hermano incorporarse.

Existe relación de causa-efecto.

También queda acreditado el delito de Coacciones: Hermenegildo declara que le obligaba a hacer compras. A preguntas del Ministerio Fiscal sobre este punto y si es cierto, Josefa se limita a contestar un escueto NO.

Sin embargo, el padre de Josefa en declaración al minuto 5:27 dice que el propio Hermenegildo reconoce que eso lo hacía voluntariamente; luego ahí queda acreditado que las compras que esta parte aportó en documental no eran para su madre o hermana tal y como dijo la defensa.

La propia Josefa dijo a Mariola , madre de Hermenegildo que eran un préstamo y que ella se lo devolvería.

La madre de Coral declara cómo al ver las cuentas de su hijo había mas de 700 € en gastos de ropa en tiendas de mujer. Le preguntó a su hijo que cómo gastaba tanto dinero y que no le llegaba ni para pagar la visa, a lo que Hermenegildo le dijo que Josefa tenía un problema de compras compulsivo y si no satisfacía sus compras tenía bronca. Hermenegildo le aseguraba a su madre que era un préstamo y que se lo devolvería.

Hermenegildo dice que no hablaba con sus padres y Josefa decía que eran unos hijos de puta porque no podían controlar sus cuentas.

La Sra. Mariola , madre de Hermenegildo declara y comenta que detectó en las cuentas de Hermenegildo cantidades muy grandes de compras en tiendas de chica, por lo que debe tenerse en cuenta como indicio de las coacciones que se pretenden probar, el hecho de que Hermenegildo en su denuncia de atestado ante la Ertzaintza ya dijo que Josefa tenía un desmesurado afán de caprichos y ropa. Lo cual acredita también que los apuntes bancarios de movimientos y gastos que hacía eran para Josefa . Uniendo a ello que Hermenegildo también dice que tenían broncas cada vez que no se hacía lo que ella quería o se compraban las cosas o se hacía lo que ella decía.

Otro incidente ha sido presenciado por la testigo Mariola el 4 de marzo a las 18:30 h. estaba con su marido y querían hablar con Josefa sobre unos insultos hacia ella y su hija Coral por parte de Josefa .

Josefa estaba en el coche con su hijo Hermenegildo y Josefa comenzó a gritarle de forma muy alterada, se tiró del coche y comenzó a correr en zapatillas en Zigzag gritando 'Vete con ellos que es a los que quieres y a mí déjame en paz, a lo que Hermenegildo dijo a sus padres 'ves lo que ha pasado, pues se estaba agarrando de su cabello muy nerviosa y había perdido totalmente el control y se volvió a tirar por segunda vez de los pelos. 'Vi la cara de susto y miedo que tenía mi hijo y pensé vámonos de aquí que esta chica no está bien'. Hermenegildo les comentó 'Sí iros que no sabéis lo que luego me viene a mí.

Esto por sí solo ya constituye una coacción, y debe darse credibilidad a la declaración de la testigo, y aunque sea su madre, ello no le resta valor máxime cuando corrobora lo que la propia víctima declara sin ningún tipo de contradicciones, clara y contundentemente.

Declaración del vecino Sr. Anton . Declara oír sin género de dudas 'eres mi novio y tiene que hacer lo que yo diga' (coacción acreditada).

Por todo ello, esta defensa entiende acreditado también el delito de amenazas leves en el ámbito de la violencia doméstica.

Mariola también declara que su hijo adelgazó muchísimo y perdieron la relación porque él nunca les creyó y Josefa les separó. Notaba como ella por detrás le miraba y él repetía lo que ella decía. Y lo sabía porque Mariola conocía el léxico que utilizaba su hijo y sabe que era ella la que le contestaba a mensajes que ella le mandaba a Hermenegildo . Que su hijo estaba teledirigido y manipulado por la investigada.

Josefa también falta a la verdad al decir que Hermenegildo puso una cámara en su casa para vigilarla, cuando la testigo Mariola nos ha dicho que era para controlar los ataques epilépticos que sufría el perro como consecuencia de los malos tratos de Josefa hacia el perro.

Además del testigo vecino que ha depuesto en la vista, el Sr. Anton , Mariola declara que se entera de lo que ocurría en la relación de su hijo con Josefa por algún otro vecino que le decía 'Pobre Hermenegildo , mira en que se está quedando, haced algo'.

En relación al incidente del tortazo y del lanzamiento de la botella de agua mientras conducía, si bien no existen testigos presenciales al encontrarse solos, la declaración de Hermenegildo por sí sola debiera ser suficiente como explica la jurisprudencia para hacer decaer el Principio de presunción de inocencia y dar credibilidad a Hermenegildo , si el resto de hechos queda acreditado.

Coral declara: ' Josefa dijo: no toques mis cosas, que llamo a la Ertzaintza. Yo ya estoy muy acostumbrada e esto, les digo que me ha agredido y a la que van a creer es a mí y no a tu hermano y se lo van a llevar detenido. Yo ahora me pego un golpe contra la pared y punto'.

Esta conducta es constitutiva de una amenaza real. Tan real que ha sido la causa de que Hermenegildo no denunciara antes la situación que estaba viviendo porque él la vivía muy real. De hecho, en esa ocasión, llamó y apareció la Ertzaintza y les dijo lo que había pasado y se marcharon.

Otro indicio más que relevante respecto al temor de sus amenazas es el hecho de que la propia Ertzaintza les indicó que cuando se fuera a llevar las cosas de casa Josefa estuviera presente la Ertzaintza para evitar cualquier incidente. Esto lo declara Coral en la vista oral.

Otra conducta de la investigada y constitutiva de amenaza nos la relata Hermenegildo en la vista: no dejaba la relación pues temía que ella le denunciara. Le amenazaba con pulsar 'el Bortza'. Decía que a ella le creerían y a él no 'se autolesionaba'. Pudo verlo también la hermana el mismo día del incidente del armario.

...'se tiraba de los pelos a la vez que gritaba' (declaración de Coral ).

La madre también presenció en otra ocasión cómo se tiraba de los pelos.

Ha quedado acreditado que tenía ese teléfono. La misma Josefa lo declara. 'lo tenía por otra relación'.

Hermenegildo relata que ha perdido 10 kilos a raíz de esta relación. Su madre y hermana lo ratifican y también el vecino.

Por todo ello, esta defensa entiende acreditado también el delito de amenazas leves en el ámbito de la violencia doméstica.

Y a continuación se argumenta sobre la necesariedad del dictado de la orden de protección.

La representación procesal de la Sra. Josefa formula oposición al recurso, solicitando el dictado de resolución por la que sea desestimado el mismo, y se confirme la Sentencia de instancia, con expresa condena en costas al amparo del art. 240.3 LECRim , dado en este caso caso la mala fe del apelante.



SEGUNDO.- Delimitado el recurso en los términos que han quedado reseñados, combatiendo el apelante los pronunciamientos absolutorios de la Sentencia de instancia en un supuesto error en la apreciación de la prueba, se debe partir de la premisa previa que tales pronunciamientos absolutorios encuentran su base en la prueba personal lo que supone un límite para este Tribunal, a la vista de la doctrina del Tribunal Constitucional plasmada en la STC (Pleno) 167/2002 de 18 de septiembre , y consolidada de forma constante desde la SSTC 197/2.002, de 28 de octubre hasta las SSTC 116/05 de 9 de mayo , 208/05 de 18 de julio , 49/2009, de 23 de febrero , 30/2010 de 17 de mayo , 127/2010, de 29 de noviembre y la más reciente 88/2013, de 11 de abril .

En efecto, desde la sentencia del Tribunal Constitucional nº 167/2002, de 18 de septiembre (FFJJ 9, 10 y 11) y a partir del desarrollo de su doctrina en ulteriores resoluciones, es criterio pacífico que no es posible efectuar un pronunciamiento de condena en la segunda instancia frente a quien ha sido absuelto en primera cuando la condena se funda en una diferente valoración de las pruebas de naturaleza personal, salvo que dichas pruebas vuelvan a practicarse ante el órgano de apelación, lo que a su vez está vedado por el art.

790.3, de la Ley de Enjuiciamiento Criminal , que no autoriza la práctica en segunda instancia de las pruebas practicadas en la primera. La sentencia del TC nº 167/2002, de 18 de septiembre citada afirmó la necesidad de respetar las garantías de publicidad, inmediación y contradicción en la valoración de las pruebas en la segunda instancia penal, adaptando la interpretación constitucional del derecho a un proceso con todas las garantías a las exigencias del art. 6.1 del Convenio europeo para la protección de los derechos humanos y las libertades públicas (en adelante, CEDH), en la interpretación que de él viene haciendo el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ( SSTEDH de 26 de marzo de 1988, caso Ekbatani contra Suecia ; de 8 de febrero de 2000, caso Cooke contra Austria y caso Stefanello contra San Marino ; de 27 de junio de 2000, caso Contantinescu contra Rumania ; y de 25 de julio de 2000, caso Tierce y otros contra San Marino). En Sentencias posteriores se ha insistido en que la revocación en segunda instancia de una sentencia penal absolutoria y su sustitución por otra condenatoria, tras realizar una nueva valoración y ponderación de los testimonios de acusados y testigos en la que se fundamenta la modificación del relato de hechos probados y la condena, requiere que esa nueva valoración de estos medios de prueba se efectúe con un examen directo y personal de los acusados y testigos , en un debate público en el que se respete la posibilidad de contradicción ( SSTC 68/2003, de 9 de abril , FJ 3); 118/2003, de 16 de junio , FJ 4 ; 189/2003, de 16 de junio, FJ 4 ; 189/2003, de 27 de octubre , FJ 4 ; 10/2004, de 9 de febrero, FJ 5 ; 65/2005, de 14 de marzo, FJ 2 ; ó 229/2.005, de 12 de septiembre ).

Este criterio es acogido por el Tribunal Supremo. La sentencia 1423/2011, del 29 de diciembre (continuando el criterio de las STS 1215/2011, de 15 de noviembre , y 1223/2011, de 18 de noviembre , y en misma línea mantenida posteriormente, de la que son exponentes, como ejemplo, la nº 406/2012, de 25 de enero, o la STS nº 484/2015 , de siete de septiembre ), se hace eco de las sentencias del Tribunal Constitucional que significan que 'se vulnera el derecho fundamental a un proceso con todas las garantías cuando el juzgado o tribunal de apelación, sin respetar los principios de inmediación y contradicción, procede a revisar y corregir la valoración o ponderación de las pruebas personales efectuada por el juez de instancia y revoca en virtud de una reinterpretación de unas pruebas que no ha practicado la sentencia absolutoria apelada. El respeto a los principios de inmediación, contradicción y publicidad impide, según el Tribunal Constitucional, que los jueces de apelación modifiquen la valoración de tales pruebas sin haberlas practicado de forma directa y personal en la segunda instancia,...', y cita las STC184/2009, de 7 de octubre, 142/2011, de 26 de septiembre, 120/2009, de 18 de mayo y las sentencias del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de 25 de octubre y 22 de noviembre de 2011 . En el mismo sentido, las STS nº 46/2014, de 14 de febrero , la nº 497/2015, de 24 de julio , 731/2015, de 19 de noviembre , y 892/2016, de 25 de noviembre , por citar solo algunas.

De las STS 1423/2011, del 29 de diciembre y nº 406/2012, de 25 de enero , se desprende que el Tribunal Supremo acoge dos tesis relevantes para el éxito de la pretensión de condena que se ejerce por medio del presente recurso de apelación: 1º) Las STEDH del 22 de noviembre de 2011 (caso Lacadena Calero contra España ) y de 13 de diciembre del mismo año (caso Valbuena Redondo contra España) consideran que para la verificación del elemento subjetivo del delito, de la intención de acusado (de defraudar, en ambos casos), no basta con ofrecer a éste la ocasión de ser oído, sino que requiere la valoración directa de su testimonio o, en su caso, de la prestada por testigos .

2º) No existe un previsión para la práctica en recurso de apelación de pruebas ya practicadas en primera instancia: 'Y como segundo extremo destacable hemos de referirnos al ya advertido de la necesaria audiencia del acusado y también a la posible práctica de prueba testifical en la vista oral de la segunda instancia, exigencia que se contradice con la esencia y la naturaleza impugnativa del recurso de casación, que, tal como recuerda el propio TEDH en su sentencia, carece de un trámite para tales fines en nuestro ordenamiento jurídico' Y sigue la sentencia: 'A tal afirmación debe hacerse una apostilla. Y es la de que no solo no existe ese trámite en la sustanciación del recurso de casación en nuestro ordenamiento jurídico, sino que tampoco lo hay en el recurso de apelación, toda vez que dada la redacción concluyente del art. 790.3 de LECrim . (no modificada con motivo de la reforma de la LECr. por Ley 13/2009, de 3 de noviembre ) no cabe una interpretación de la norma que dé pie a la reiteración en la segunda instancia de la prueba practicada en la primera, pues el precepto se muestra taxativo y taxativo con respecto a las pruebas admisibles en la segunda instancia, acogiendo sólo excepcionalmente la práctica de nuevas pruebas ante el tribunal de apelación. Y desde luego en ningún caso autoriza la repetición de pruebas ya practicadas al efecto de modificar la convicción obtenida en la primera instancia.' Cita seguidamente las STS 258/2003, de 25 de febrero , y 352/2003, de seis de marzo , que ya se habían pronunciado en sentido negativo sobre la posibilidad de repetir en segunda instancia las pruebas personales practicadas en la primera a fin de obtener una convicción probatoria distinta del juzgador de instancia.

La referida doctrina se plantea la afectación de los principios de inmediación y contradicción, configuradores del derecho a un proceso con todas las garantías ( art. 24.1 de la C.E ), en aquellos supuestos en los que el órgano de Apelación ha de ponderar y valorar la prueba practicada en la primera instancia, para revocar una sentencia de sentido absolutorio.

En estos casos, cuando la revisión se centra en la apreciación de la prueba, es decir, si en la segunda instancia no se practican nuevas pruebas no puede el Tribunal -ad quem- revisar la valoración de las practicadas en la primera instancia, siempre que por la índole de las mismas sea exigible la inmediación y la contradicción (fundamento jurídico primero, en relación con los fundamentos jurídicos ordinales 9 a 11).

Los nuevos criterios restrictivos sobre la extensión del control del recurso de apelación implantados por la mencionada sentencia del Tribunal Constitucional, se han vistos reafirmados y reforzados en resoluciones posteriores del mismo Tribunal, (así, por ejemplo, las SSTC 170/2002 , 197/2002 , 198/2002 , 200/2002 , 212/2002 , 230/2002 , 41/2003 , 68/2003 , 118/2003 , 189/2003 , 10/2004 y 12/2004 ). De forma que, incluso, en los supuestos en que se trate de apreciar pruebas objetivas junto con otras de carácter personal que dependen de los principios de inmediación y de contradicción, el Tribunal Constitucional, veda la posibilidad de revocar el criterio absolutorio de la primera instancia cuando no se han practicado las pruebas personales con arreglo a tales principios ante el tribunal -ad quem- ( STC 198/2002 y 230/2002 ).

Así las cosas, ante la jurisprudencia del Tribunal Constitucional, existen distintas interpretaciones.

La primera, entender que resulta factible revocar una sentencia absolutoria dictada en primera instancia practicando de nuevo en la segunda las pruebas personales que dependan de los principios de inmediación y de contradicción. Ello entraña, no obstante, graves inconvenientes, pues no existe garantía ninguna de que las pruebas reproducidas en la segunda instancia resulten más fiables, creíbles y veraces que las de la primera, máxime si se ponderan el tiempo transcurrido desde la ejecución de los hechos y los prejuicios y pre-condicionamientos con que podrían volver a declarar unos testigos que ya depusieron en el juzgado. Sin olvidar tampoco y ello es todavía más relevante, que, la repetición de pruebas, no sería legalmente posible, a tenor de las restricciones que impone el art. 790.3 de la Ley Procesal Penal .

Igualmente, cabe otra interpretación, esto es, no cabe de facto revocar en la segunda instancia las sentencias absolutorias dictadas en las causas en las que la práctica de la prueba depende en gran medida de los principios que inspiran a la jurisdicción penal, como son los de inmediación, oralidad y contradicción, limitándose así, el derecho a los recursos que puedan interponer tanto las partes perjudicadas como en su caso el Ministerio Fiscal.

Está última interpretación citada, sería la más correcta ante la nueva jurisprudencia del Tribunal Constitucional teniendo en cuenta los límites y principios de la revisión probatoria de las sentencias absolutorias dictadas en la primera instancia.

De lo hasta ahora expuesto una primera conclusión resulta evidente, esto es, que sólo podrá dejarse sin efecto la apreciación de las pruebas personales practicadas en la instancia, cuando el razonamiento probatorio alcanzado por el juzgador -a quo- bien vulnere el derecho a la tutela judicial efectiva, bien resulte absurda la conclusión allí alcanzada, o bien, sea irracional o incongruente el fallo con relación a los hechos allí declarados probados, o bien si se prefiere y según los casos, el fallo dictado fuese arbitrario, ( STC 82/2001 y SSTS 434/2003 , 530/2003 , 614/2003 , 401/2003 , y 12/2004 , entre otras).

Asimismo, y desarrollando este último aspecto, debe citarse la STC 338/2005, de 20 de diciembre , acerca de la diferencia entre la nueva valoración de una declaración testifical efectuada en apelación por el órgano ad quem, cuando la misma 'se funda o razona en la sobreponiéndose a ella, la labor realizada por el órgano que enjuició los hechos con inmediación, de aquéllos otros en los que el órgano de apelación funda su criterio divergente respecto de la credibilidad de un testigo en el análisis crítico de los motivos o razones que sobre la credibilidad de ese mismo testigo ofrece la resolución judicial impugnada. Del mismo modo que respecto del binomio actividad probatoria /relato fáctico resultante, la función de este Tribunal no consiste en enjuiciar el resultado alcanzado, sino el control externo del razonamiento lógico seguido para llegar a él'.

Dicho de otro modo, en los supuestos en los cuales la crítica que se contiene en la sentencia de apelación y que, consecuentemente, determina la alteración de los hechos probados, no se realiza a base de sustituir el órgano de enjuiciamiento en la valoración de los medios probatorios cuya apreciación requiere inmediación, sino que se proyecta sobre la corrección o coherencia del razonamiento empleado en la valoración de la prueba, sobre tal modo de proceder no proyecta consecuencia significativa alguna respecto de la inmediación en la práctica de tales pruebas.

En consecuencia la garantía de la inmediación no puede jugar en estos casos el papel imitador de las facultades del órgano judicial ad quem que, como proyección del derecho fundamental a un proceso con todas las garantía reconocido en el art. 24.2 CE , desempeña en los supuestos primeramente referidos de sustitución o sobreposición en la valoración de medios probatorios precisados de inmediación para su análisis.

En suma el Tribunal en segunda instancia no puede sustituir la percepción del Juez de la primera sobre la prueba, al gozar el mismo de la innegable ventaja de la inmediación, pero sí puede analizar la argumentación de la sentencia apelada por si en la misma se apreciara un razonamiento absurdo, arbitrario, no fundamentado o ilógico. Aún así lo que radicalmente impide el Tribunal Constitucional, es que el Tribunal de apelación modificando el relato de hechos probados sin haber practicado prueba alguna en la segunda instancia, dicte una nueva sentencia esta vez condenatoria. Al Tribunal ad quem le esta vetada tal posibilidad y en tal sentido se expresan de manera clara Sentencias del Tribunal Constitucional de 26 de febrero de 2007 , 15 de enero de 2007 , de 3 de julio de 2006 , que remite a otras de 5 de abril de 2006 y 27 , 15 de enero de 2007 , de 3 de julio de 2006 , que remite a otras de 5 de abril de 2006 y 27 de octubre de 2003, del mismo Alto Tribunal .

El Pleno del Tribunal Constitucional, continuando en esta misma línea, en Sentencia 48/2008 de 11 de marzo , nos dice que la doctrina que parte de la STC 167/2002 , no comporta que deban practicarse necesariamente nuevas pruebas en apelación cuando los recurrentes cuestionen los hechos declarados como probados, cuestión que sólo al legislador corresponde decidir en su competencia de configuración de los recursos penales, sino únicamente que al órgano judicial le está vedada la valoración de las pruebas personales que no se hayan practicado ante él: que 'en el ejercicio de las facultades que el art. 795 L.E.Crim .

otorga al Tribunal ad quem deben respetarse en todo caso las garantías constitucionales establecidas en el art. 24.2 CE ' (FJ 11). Esta mención al ámbito de la apelación diseñado por el art. 795 LECrim (hoy 790 LECrim ) constituye un presupuesto constante de la doctrina de la exigencia de inmediación en la valoración de las pruebas ( SSTC 197/2002, de 28 de octubre, FJ 4 ; 198/2002, de 28 de octubre, FJ 3 ; 40/2004, de 22 de marzo, FJ 5 ; 78/2005, de 4 de abril, FJ 2 ; 307/2005, de 12 de diciembre , FJ 5).

Abundando en este mismo sentido, la reciente Sentencia del Tribunal Constitucional num. 144/2009, de 15-6-2009 , nos dice que 'el respeto a los principios de publicidad, inmediación y contradicción, contenidos en el derecho a un proceso con todas las garantías, impone inexorablemente que toda condena se fundamente en una actividad probatoria que el órgano judicial haya examinado directa y personalmente y en un debate público en el que se respete la posibilidad de contradicción. Por ello, se ha apreciado la vulneración de este derecho fundamental en los supuestos en los que, tras ser dictada una sentencia penal absolutoria en primera instancia, la misma es revocada en apelación y dictada una sentencia condenatoria justificada en una diferente valoración de pruebas, como las declaraciones de los acusados o declaraciones testificales que por su carácter personal no podían ser valoradas de nuevo sin su examen directo en un debate público en el que se respete la posibilidad de contradicción. Más en concreto, y por lo que se refiere a la rectificación de conclusiones derivadas de pruebas de carácter personal, también ha reiterado este Tribunal que concurre la vulneración del derecho a un proceso con todas las garantías cuando, en la segunda instancia, y sobre 'la base de indicios' que provienen inequívocamente de una valoración de pruebas personales, se corrigen las conclusiones del órgano de primera instancia, sin examinar directa y personalmente dichas pruebas (por todas, STC 49/2009, de 23 de febrero )'.

Continua exponiendo la referida sentencia que 'Por otro lado, también cabe destacar que es doctrina consolidada de este Tribunal Constitucional que la valoración de pruebas personales sin la concurrencia de estas garantías elementales significará la vulneración del derecho a la presunción de inocencia ( art. 24.2 CE ) en la medida en que la eliminación de las pruebas irregularmente valoradas deje sin sustento el relato de hechos probados que soporta la declaración de culpabilidad del acusado'.

Esta elaborada doctrina constitucional había sido puesta en tela de juicio cuando el juicio oral celebrado en primera instancia había sido grabado en soporte informático audiovisual. En estos supuestos el Tribunal de apelación tiene ocasión de apreciar por sí mismo y prácticamente en las mismas condiciones que el Juez a quo, la prueba practicada. Esos elementos personales más o menos objetivos que eran apreciados por el Juez a quo gracias al principio de inmediación y que impedían una nueva valoración y diferente por parte del Tribunal de segunda instancia, pueden ser apreciados por la Sala de apelación y también bajo el principio de inmediación.

No obstante, la Sentencia del Tribunal Constitucional de 18 de mayo de 2009 ha zanjado la cuestión y señala, de manera firme y categórica, que exista o no exista grabación del juicio en formato DVD, es inviable constitucionalmente revocar por parte del Tribunal de segunda instancia, una sentencia absolutoria del órgano judicial de primera instancia basada en prueba personal testifical, si no se han practicado nuevas diligencias de prueba ante el Tribunal revisor.

Y a raíz de tales postulados, las SsTC 1/2010, de 11 de enero ; 30/2010, de 17 de mayo ; y 127/2010, de 29 de noviembre , ahondan en la exigencia de que para condenar en la segunda instancia cuando la absolución previa se ha sustentado en pruebas personales, no solo debe celebrarse vista en que se oiga a los acusados, sino que debe oírse nuevamente a testigos y peritos en la segunda instancia para garantizar la inmediación, pues como recuerda el propio Tribunal Constitucional - STC 120/2009, de 18 de mayo - la reproducción de la grabación del juicio no implica inmediación.

En el mismo sentido, se pueden citar, las SSTC 154/2011 ; 49/2009, f.jdco. segundo ; 30/2010 , f.jdco.

segundo ó 46/2011, f.jdco. segundo. Todas ellas insisten en la obligación de que el Tribunal que va a conocer vía recurso de la sentencia absolutoria dictada por otro, debe oír personal y directamente al absuelto en la instancia en un debate público en el que se respete la contradicción, estableciendo como única excepción que se trate de una exclusiva cuestión jurídica que respetando escrupulosamente los hechos probados no precisa de una re-valoración de las pruebas ni de las personales strictu sensu ni de otras en las que la audiencia del concernido aparezca como necesaria. Es decir que no sea preciso revalorar los elementos objetivos y subjetivos del delito, porque la cuestión debatida es meramente de subsunción jurídica de unos hechos aceptados. En tal sentido, SSTS 1327/2011 , 1423/2011 , 142/2011 , 309/2012 de 12 de abril , 757/2012 de 11 de octubre , 840/2012 de 31 de octubre , 1020/2012 de 30 de diciembre , 157/2013 de 22 de febrero , 325/2013 de 2 de abril , 400/2013 de 16 de mayo y 559/2013 de 20 de junio .

En resumen, la doctrina constitucional mencionada ha venido por tanto a establecer que si bien el recurso de apelación en el procedimiento penal abreviado y en el juicio de faltas (hoy delitos leves), tal y como aparece configurado en nuestro Ordenamiento Jurídico otorga plenas facultades al Tribunal ad quem para resolver cuantas cuestiones se planteen por las partes intervinientes, sean de hecho o de derecho, dado que el mismo asume la plena jurisdicción sobre el caso, en idéntica posición que la que ocupaba el Juez a quo, no sólo por lo que respecta a la subsunción de los hechos en la norma, sino también para la concreción o determinación de tales hechos a través de la valoración de la prueba practicada, pudiendo revisar y corregir la ponderación llevada a cabo por el Juez a quo, esta facultad resulta sumamente limitada con la precisión de que en todo caso han de respetarse por el Tribunal ad quem las garantías constitucionales, establecidas en el art. 24, 2º de la Constitución , todo lo cual conduce necesariamente a determinar que si bien puede revocarse la sentencia absolutoria apelada y dictarse sentencia condenatoria en apelación por aplicación de distintos criterios puramente jurídicos y no de hecho, y que la prueba documental aportada puede valorarse en esta segunda instancia sin cortapisa alguna, dado que dicha valoración, en atención a la naturaleza de esa prueba en cuestión, no precisa de inmediación alguna, pero por el contrario la prueba testifical o la pericial o las declaraciones de las partes no podrán valorarse, por aplicación de la mencionada doctrina, sin el concurso de los principios de oralidad, inmediación y contradicción, que forman parte del derecho a un proceso con todas las garantías, lo que conlleva como consecuencia, si dichas pruebas han sido practicadas en la primera instancia y no pueden ser reiteradas en la segunda en buena lógica, al no concurrir ninguno de los supuestos señalados en el apartado 3º del art. 790 de la LECr , que no puedan ser valoradas en ella de modo distinto al efectuado por el juez de instancia, y el derecho de defensa exige que el acusado sea oído directamente por el Tribunal que resuelve el recurso. No será precisa la práctica de las pruebas personales ante el Tribunal, ni la audiencia al acusado cuando se trate de cuestiones puramente jurídicas.

Esta doctrina jurisprudencial ha tenido acogida en la última modificación de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, por la Ley 41/2015 de 5 de octubre (legislación de aplicación al caso), para agilización de la justicia penal y el fortalecimiento de las garantías procesales, que ha completado la regulación del recurso de apelación adaptándolo a las exigencias constitucionales antes descritas. Así señala la exposición de motivos IV que: 'Se ha considerado oportuno completar la regulación del recurso de apelación con nuevas previsiones legales relativas al error en la valoración de la prueba como fundamento del recurso y al contenido de la sentencia que el órgano ad quem podrá dictar en tales circunstancias, cuyo fin último es ajustar la reglamentación de esta materia a la doctrina constitucional y, en particular, a las exigencias que dimanan del principio de inmediación. En relación con lo primero, cuando la acusación alegue este motivo como base de su recurso, ya fuera a fin de anular una sentencia absolutoria , ya para agravar las condiciones fijadas en una condenatoria, deberá justificar la insuficiencia o falta de racionalidad de la misma o su apartamiento manifiesto de las máximas de experiencia o la omisión de todo razonamiento sobre alguna de las pruebas practicadas, siempre que fueran relevantes, o cuya nulidad hubiera sido improcedentemente declarada.

Fruto de dicha nueva regulación es la redacción de los artículos 792.2 que dispone que: ' la sentencia de apelación no podrá condenar al encausado que resultó absuelto en primera instancia ni agravar la sentencia condenatoria que le hubiera sido impuesta por error en la apreciación de las pruebas en los términos previstos en el tercer párrafo del artículo 790.2 ', y el artículo 790.2 que dispone que: ' Cuando la acusación alegue error en la valoración de la prueba para pedir la anulación de la sentencia absolutoria o el agravamiento de la condenatoria, será preciso que se justifique la insuficiencia o la falta de racionalidad en la motivación fáctica, el apartamiento manifiesto de las máximas de experiencia o la omisión de todo razonamiento sobre alguna o algunas de las pruebas practicadas que pudieran tener relevancia o cuya nulidad haya sido improcedentemente declarada '.

Realizando una interpretación conjunta de estos dos apartados se pueden extraer la conclusión de que no se puede condenar en segunda instancia al encausado absuelto en la primera instancia en base a una errónea valoración de la prueba. Solamente la Sala está facultada, para en el caso de que apreciase errónea valoración de la prueba por alguna de las causas legales establecidas, a declarar la nulidad de la Sentencia dictada y devolver la causa al Juzgado de origen para un nuevo enjuiciamiento. Es importante resaltar esta diferencia por cuanto si lo que se solicita es la anulación, en caso de estimarse tal petición los efectos que produciría serían los declarar la nulidad de la Sentencia dictada, sin pronunciarse sobre la condena o absolución, y su devolución al órgano que la dictó para un nuevo dictado o enjuiciamiento. En cambio si lo que se solicita es la revocación, ello implicaría que fuera la Sala quien ratificase la absolución dictada o revocase dictando una Sentencia condenatoria. Y esta última posibilidad, a la vista de la nueva legislación, deviene imposible.



TERCERO.- Partiendo de todo lo que antecede y en su proyección al caso, la pretensión de obtener sentencia condenatoria en esta segunda instancia por coacciones y amenazas leves, está inexorablemente abocada al fracaso, ya que son cuestiones fácticas y no de derecho las que se suscitan en este recurso, y la prueba practicada es esencialmente personal , sin que el tribunal de apelación pueda efectuar una nueva valoración de las declaraciones prestadas ante la Juez 'a quo'. Y es que para concluir de conformidad con el recurrente que centra la discrepancia en la apreciación de prueba personal por la Juzgadora de instancia, debería realizarse una diferente valoración de las declaraciones de denunciante, denunciado y testigos que se practicaron en la vista oral además de conllevar alteración de los hechos probados, que conforme recoge la anterior doctrina constitucional, no resulta viable tal variación en esta alzada, al no haberse practicado prueba alguna ni oído al denunciado.

Por otra parte, como antes se ha expuesto, si con arreglo al párrafo 3º del 790.2 de la LECRIM, reformado por la Ley 41/2015, es posible anular un fallo absolutorio, dicha anulación se limita a la concurrencia de alguna de las tres causas o motivos que se citan. En primer lugar, la insuficiencia o falta la razonabilidad de la motivación fáctica; en segundo, la vulneración de las máximas de la experiencia; y, en tercero, y el incumplimiento de la obligación judicial de evaluar todo el material probatorio válido practicado. Y es preciso que la parte recurrente ' justifique' la concurrencia de dichas causas , sin embargo nada de ello se da en este caso, en que el apelante, aunque alega error en la apreciación de la prueba , ni pide anulación de la sentencia absolutoria sin que el Tribunal de apelación pueda declarar de oficio una nulidad que no ha sido solicitada ( art.. 240 LOPJ ), ni justifica lo que exige el precepto transcrito, ya que las razones expuestas por la apelante no tienen otro alcance que discrepar de la valoración de la prueba personal en sentencia y propone otra versión de los hechos desde una distinta interpretación de la misma. De hecho ni siquiera en el escrito del recurso se alega que los argumentos de la Juzgadora sean insuficientes, irracionales o arbitrarios, y debe significarse que incluso en tales casos no se trata de que el tribunal que conoce de la apelación examine si procedía la condena, sino si el argumento de la absolución es patentemente arbitrario máxime cuando, por una parte, a nivel general, el Tribunal Supremo ha señalado que ' Sin embargo, no puede dejarse de lado que las sentencias absolutorias no necesitan motivar la valoración de pruebas que enerven una presunción existente a favor del acusado, contraria a su culpabilidad. Antes al contrario, cuentan con dicha presunción, de modo que en principio, para considerar suficientemente justificada una absolución debería bastar con la expresión de la duda acerca de si los hechos ocurrieron como sostiene la acusación. ' ( STS 237/2014, de 25 de marzo , con cita de la STS 2051/2002, de 11 de diciembre ), y por otra parte, en el presente caso, la fundamentación de la sentencia muestra que se ha valorado toda la prueba y contiene una motivación suficiente sobre las razones que determinan el Fallo absolutorio por los delitos leves de coacciones y amenazas, por lo que no cabe detectar la presencia de los errores que permitirían declarar su nulidad.

En definitiva, la parte recurrente ha solicitado la revocación del fallo absolutorio y su sustitución por uno condenatorio en los términos recogidos en el 'suplico' del recurso, petición que no se puede obtener con fundamento en la errónea valoración de la prueba personal- la documental nada prueba sobre si hubo o no coacciones ó amenazas -, y no ha formulado petición de anulación de la sentencia ni ha argumentado en términos hábiles para conseguirlo, ni en la sentencia se detecta la presencia de los errores que permitirían declarar su nulidad.

Por todo lo cual no cabe sino la desestimación del recurso y confirmar la sentencia recurrida.



CUARTO.- De acuerdo con los artículos 239 y 240 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal , no apreciándose temeridad ni mala fe en la parte recurrente, se estima procedente declarar de oficio las costas de esta alzada.

Vistos, además de los citados, los preceptos legales de general y pertinente aplicación, en virtud de la Potestad Jurisdiccional que nos viene conferida por la soberanía popular, y en nombre de S.M. el Rey.

Fallo

Que debo ABSOLVER Y ABSUELVO a Josefa del delito leve de coacciones, del delito leve de vejaciones y del delito leve de amenazas de los que venía siendo acusada, con declaración de las costas procesales de oficio.

Que debo CONDENAR Y CONDENO a Josefa del delito leve de INJURIAS, antes mencionado a la pena de MULTA DE UN MES a razón de 3 euros/día con la responsabilidad personal subsidiaria del art. 53 del Código Penal de un día de privación de libertad por cada dos cuotas impagadas y al pago de las costas procesales si las hubiere.

No procede realizar pronunciamiento alguno respecto de los daños morales reclamados.

No procede conceder orden de alejamiento en base a lo dispuesto en el fundamento de derecho quinto de la presente resolución.'

SEGUNDO.- Notificada a las partes las resoluciones de referencia se interpuso recurso de apelación que fue admitido y elevados los autos a este Tribunal, trayéndose a la vista del Magistrado designado para dictar sentencia.



TERCERO.- En la tramitación de este juicio se han observado las formalidades legales.

VISTO: Ha sido designada la Ilma. Sra. Magistrada Dña. MARÍA DEL CARMEN BILDARRAZ ALZURI.

HECHOS PROBADOS Se aceptan como hechos probados los recogidos en la sentencia dictada en primera instancia y que en la presente sentencia se reproducen en su integridad.

FUNDAMENTOS DE DERECHO
PRIMERO.- La representación procesal del denunciante, Sr. Hermenegildo , que muestra conformidad con la Sentencia de instancia que condena a la denunciada Sra. Josefa por el delito leve de injurias, se alza en recurso de apelación frente a los pronunciamientos del Fallo absolutorios por el delito leve de amenazas y del delito leve de coacciones de los que asimismo la denunciada venía siendo objeto de acusación, en solicitud del dictado de Sentencia de condena a la Sra. Josefa , además de por el delito de injurias leves, por el delito de coacciones y amenazas leves en el ámbito de la violencia doméstica.

El recurso de apelación se fundamenta en el error en la valoración de la prueba, sobre la base de las siguientes alegaciones, sintéticamente: El Sr. Hermenegildo ha declarado de forma contundente, clara, sin contradicciones ni titubeos y ha mantenido sus afirmaciones en todo momento y desde el inicio.

Las declaraciones de Hermenegildo y de su hermana, no adolecen de contradicciones y cambios de versiones. Han mantenido la misma versión desde el principio.

En este caso nos encontramos que no es la declaración de la víctima la única prueba de cargo. Existe la declaración de la hermana y de la madre que presenció los hechos, por más que la juzgadora pretenda no darle credibilidad, así como la del vecino Sr. Anton .

Y además, se dan los requisitos exigidos jurisprudencialmente en aras a la credibilidad de Hermenegildo y de que el Juzgador pueda basar en ella su convicción: a) Ausencia de incredibilidad subjetiva, no existe ningún móvil espúreo o de venganza hacia Josefa .

Más bien todo lo contrario, debiendo haber denunciado mucho tiempo atrás dado que la relación conflictiva existió desde el segundo mes (tal y como Hermenegildo declara en sala a preguntas del M.P., pero no lo hizo por miedo a las consecuencias de terminar con la relación.

b) Verosimilitud de las declaraciones, manteniéndose prácticamente constante e invariable en el cuerpo principal de su relato fáctico, sin contradicciones, con respecto a las manifestaciones que ha efectuado en las diversas instancias con las que ha tenido contacto a consecuencia de estos hechos'. Existe prueba bastante de cargo para sustentar la condena basándose en la declaración de la víctima y de los testigos, hermana, vecino y madre.

c) Persistencia en la incriminación. No existe contradicción ninguna en las declaraciones, siendo totalmente coincidentes la de la víctima y los testigos.

d) siendo la declaración del padre de Josefa y del jefe de la misma, que no han presenciado ninguno de los hechos denunciados, totalmente irrelevantes respecto de los hechos denunciados.

Analizando por separado cada uno de los hechos que integran los delitos de coacciones y amenazas por los que ha sido absuelta y que esta parte entiende acreditados: COACCIONES: Se cumplen y acreditan en este caso al menos que se puedan probar, dos de la conductas denunciadas y constitutivas de coacciones: el empujón en la habitación contra el armario y las coacciones oídas por el vecino. Integradas en las conductas de impedir que se relacione con sus familiares, amigos y vecinos, lo dice no solo Hermenegildo sino su madre que perdió toda relación con la familia y el vecino Anton , lo dice también: 'de ser un chico que estaba todo el día en la plaza y se relacionaba dejó de ir y de hablarles y adelgazó muchísimo y perdió pelo. Esto lo pudieron percibir todos los que han declarado como testigos.

Respecto al empujón sobre el armario que Josefa propinó a Hermenegildo , Coral declara: ' Le empujó contra el armario'. Esta parte considera acreditada el empujón pues lo vio Coral . En unidad de acto: Coral declara: ' Josefa dijo: no toques mis cosas, que llamo a la Ertzaintza. Yo ya estoy muy acostumbrada a esto, les digo que me ha agredido y a la que van a creer es a mí y no a tu hermano y se lo van a llevar detenido. Yo ahora me pego un golpe contra la pared y punto'.

Esta conducta es constitutiva de una amenaza real.

De hecho, llamó, y apareció la Ertzaintza y les dijo lo que había pasado y se marcharon.

Declaración de Hermenegildo . En relación al incidente del armario Hermenegildo dice que 'estaba su hermana delante y lo vio todo'.

El incidente del empujón contra el armario, sucedió tal y como lo relata tanto Hermenegildo como Coral , ambos coinciden exactamente en la misma versión de los hechos y la testigo lo relata: la hermana Coral se encontraba en el pasillo cuando su hermano estaba en la habitación intentando recogerle las cosas para que se fuera, y entonces Josefa fue a empujarle ( Coral le vio con las manos hacia Hermenegildo ) luego oyó el golpe contra el armario y Hermenegildo se pegó contra la pared. Coral vio perfectamente como Josefa iba a empujarle y luego el golpe y al segundo vio a su hermano incorporarse.

Existe relación de causa-efecto.

También queda acreditado el delito de Coacciones: Hermenegildo declara que le obligaba a hacer compras. A preguntas del Ministerio Fiscal sobre este punto y si es cierto, Josefa se limita a contestar un escueto NO.

Sin embargo, el padre de Josefa en declaración al minuto 5:27 dice que el propio Hermenegildo reconoce que eso lo hacía voluntariamente; luego ahí queda acreditado que las compras que esta parte aportó en documental no eran para su madre o hermana tal y como dijo la defensa.

La propia Josefa dijo a Mariola , madre de Hermenegildo que eran un préstamo y que ella se lo devolvería.

La madre de Coral declara cómo al ver las cuentas de su hijo había mas de 700 € en gastos de ropa en tiendas de mujer. Le preguntó a su hijo que cómo gastaba tanto dinero y que no le llegaba ni para pagar la visa, a lo que Hermenegildo le dijo que Josefa tenía un problema de compras compulsivo y si no satisfacía sus compras tenía bronca. Hermenegildo le aseguraba a su madre que era un préstamo y que se lo devolvería.

Hermenegildo dice que no hablaba con sus padres y Josefa decía que eran unos hijos de puta porque no podían controlar sus cuentas.

La Sra. Mariola , madre de Hermenegildo declara y comenta que detectó en las cuentas de Hermenegildo cantidades muy grandes de compras en tiendas de chica, por lo que debe tenerse en cuenta como indicio de las coacciones que se pretenden probar, el hecho de que Hermenegildo en su denuncia de atestado ante la Ertzaintza ya dijo que Josefa tenía un desmesurado afán de caprichos y ropa. Lo cual acredita también que los apuntes bancarios de movimientos y gastos que hacía eran para Josefa . Uniendo a ello que Hermenegildo también dice que tenían broncas cada vez que no se hacía lo que ella quería o se compraban las cosas o se hacía lo que ella decía.

Otro incidente ha sido presenciado por la testigo Mariola el 4 de marzo a las 18:30 h. estaba con su marido y querían hablar con Josefa sobre unos insultos hacia ella y su hija Coral por parte de Josefa .

Josefa estaba en el coche con su hijo Hermenegildo y Josefa comenzó a gritarle de forma muy alterada, se tiró del coche y comenzó a correr en zapatillas en Zigzag gritando 'Vete con ellos que es a los que quieres y a mí déjame en paz, a lo que Hermenegildo dijo a sus padres 'ves lo que ha pasado, pues se estaba agarrando de su cabello muy nerviosa y había perdido totalmente el control y se volvió a tirar por segunda vez de los pelos. 'Vi la cara de susto y miedo que tenía mi hijo y pensé vámonos de aquí que esta chica no está bien'. Hermenegildo les comentó 'Sí iros que no sabéis lo que luego me viene a mí.

Esto por sí solo ya constituye una coacción, y debe darse credibilidad a la declaración de la testigo, y aunque sea su madre, ello no le resta valor máxime cuando corrobora lo que la propia víctima declara sin ningún tipo de contradicciones, clara y contundentemente.

Declaración del vecino Sr. Anton . Declara oír sin género de dudas 'eres mi novio y tiene que hacer lo que yo diga' (coacción acreditada).

Por todo ello, esta defensa entiende acreditado también el delito de amenazas leves en el ámbito de la violencia doméstica.

Mariola también declara que su hijo adelgazó muchísimo y perdieron la relación porque él nunca les creyó y Josefa les separó. Notaba como ella por detrás le miraba y él repetía lo que ella decía. Y lo sabía porque Mariola conocía el léxico que utilizaba su hijo y sabe que era ella la que le contestaba a mensajes que ella le mandaba a Hermenegildo . Que su hijo estaba teledirigido y manipulado por la investigada.

Josefa también falta a la verdad al decir que Hermenegildo puso una cámara en su casa para vigilarla, cuando la testigo Mariola nos ha dicho que era para controlar los ataques epilépticos que sufría el perro como consecuencia de los malos tratos de Josefa hacia el perro.

Además del testigo vecino que ha depuesto en la vista, el Sr. Anton , Mariola declara que se entera de lo que ocurría en la relación de su hijo con Josefa por algún otro vecino que le decía 'Pobre Hermenegildo , mira en que se está quedando, haced algo'.

En relación al incidente del tortazo y del lanzamiento de la botella de agua mientras conducía, si bien no existen testigos presenciales al encontrarse solos, la declaración de Hermenegildo por sí sola debiera ser suficiente como explica la jurisprudencia para hacer decaer el Principio de presunción de inocencia y dar credibilidad a Hermenegildo , si el resto de hechos queda acreditado.

Coral declara: ' Josefa dijo: no toques mis cosas, que llamo a la Ertzaintza. Yo ya estoy muy acostumbrada e esto, les digo que me ha agredido y a la que van a creer es a mí y no a tu hermano y se lo van a llevar detenido. Yo ahora me pego un golpe contra la pared y punto'.

Esta conducta es constitutiva de una amenaza real. Tan real que ha sido la causa de que Hermenegildo no denunciara antes la situación que estaba viviendo porque él la vivía muy real. De hecho, en esa ocasión, llamó y apareció la Ertzaintza y les dijo lo que había pasado y se marcharon.

Otro indicio más que relevante respecto al temor de sus amenazas es el hecho de que la propia Ertzaintza les indicó que cuando se fuera a llevar las cosas de casa Josefa estuviera presente la Ertzaintza para evitar cualquier incidente. Esto lo declara Coral en la vista oral.

Otra conducta de la investigada y constitutiva de amenaza nos la relata Hermenegildo en la vista: no dejaba la relación pues temía que ella le denunciara. Le amenazaba con pulsar 'el Bortza'. Decía que a ella le creerían y a él no 'se autolesionaba'. Pudo verlo también la hermana el mismo día del incidente del armario.

...'se tiraba de los pelos a la vez que gritaba' (declaración de Coral ).

La madre también presenció en otra ocasión cómo se tiraba de los pelos.

Ha quedado acreditado que tenía ese teléfono. La misma Josefa lo declara. 'lo tenía por otra relación'.

Hermenegildo relata que ha perdido 10 kilos a raíz de esta relación. Su madre y hermana lo ratifican y también el vecino.

Por todo ello, esta defensa entiende acreditado también el delito de amenazas leves en el ámbito de la violencia doméstica.

Y a continuación se argumenta sobre la necesariedad del dictado de la orden de protección.

La representación procesal de la Sra. Josefa formula oposición al recurso, solicitando el dictado de resolución por la que sea desestimado el mismo, y se confirme la Sentencia de instancia, con expresa condena en costas al amparo del art. 240.3 LECRim , dado en este caso caso la mala fe del apelante.



SEGUNDO.- Delimitado el recurso en los términos que han quedado reseñados, combatiendo el apelante los pronunciamientos absolutorios de la Sentencia de instancia en un supuesto error en la apreciación de la prueba, se debe partir de la premisa previa que tales pronunciamientos absolutorios encuentran su base en la prueba personal lo que supone un límite para este Tribunal, a la vista de la doctrina del Tribunal Constitucional plasmada en la STC (Pleno) 167/2002 de 18 de septiembre , y consolidada de forma constante desde la SSTC 197/2.002, de 28 de octubre hasta las SSTC 116/05 de 9 de mayo , 208/05 de 18 de julio , 49/2009, de 23 de febrero , 30/2010 de 17 de mayo , 127/2010, de 29 de noviembre y la más reciente 88/2013, de 11 de abril .

En efecto, desde la sentencia del Tribunal Constitucional nº 167/2002, de 18 de septiembre (FFJJ 9, 10 y 11) y a partir del desarrollo de su doctrina en ulteriores resoluciones, es criterio pacífico que no es posible efectuar un pronunciamiento de condena en la segunda instancia frente a quien ha sido absuelto en primera cuando la condena se funda en una diferente valoración de las pruebas de naturaleza personal, salvo que dichas pruebas vuelvan a practicarse ante el órgano de apelación, lo que a su vez está vedado por el art.

790.3, de la Ley de Enjuiciamiento Criminal , que no autoriza la práctica en segunda instancia de las pruebas practicadas en la primera. La sentencia del TC nº 167/2002, de 18 de septiembre citada afirmó la necesidad de respetar las garantías de publicidad, inmediación y contradicción en la valoración de las pruebas en la segunda instancia penal, adaptando la interpretación constitucional del derecho a un proceso con todas las garantías a las exigencias del art. 6.1 del Convenio europeo para la protección de los derechos humanos y las libertades públicas (en adelante, CEDH), en la interpretación que de él viene haciendo el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ( SSTEDH de 26 de marzo de 1988, caso Ekbatani contra Suecia ; de 8 de febrero de 2000, caso Cooke contra Austria y caso Stefanello contra San Marino ; de 27 de junio de 2000, caso Contantinescu contra Rumania ; y de 25 de julio de 2000, caso Tierce y otros contra San Marino). En Sentencias posteriores se ha insistido en que la revocación en segunda instancia de una sentencia penal absolutoria y su sustitución por otra condenatoria, tras realizar una nueva valoración y ponderación de los testimonios de acusados y testigos en la que se fundamenta la modificación del relato de hechos probados y la condena, requiere que esa nueva valoración de estos medios de prueba se efectúe con un examen directo y personal de los acusados y testigos , en un debate público en el que se respete la posibilidad de contradicción ( SSTC 68/2003, de 9 de abril , FJ 3); 118/2003, de 16 de junio , FJ 4 ; 189/2003, de 16 de junio, FJ 4 ; 189/2003, de 27 de octubre , FJ 4 ; 10/2004, de 9 de febrero, FJ 5 ; 65/2005, de 14 de marzo, FJ 2 ; ó 229/2.005, de 12 de septiembre ).

Este criterio es acogido por el Tribunal Supremo. La sentencia 1423/2011, del 29 de diciembre (continuando el criterio de las STS 1215/2011, de 15 de noviembre , y 1223/2011, de 18 de noviembre , y en misma línea mantenida posteriormente, de la que son exponentes, como ejemplo, la nº 406/2012, de 25 de enero, o la STS nº 484/2015 , de siete de septiembre ), se hace eco de las sentencias del Tribunal Constitucional que significan que 'se vulnera el derecho fundamental a un proceso con todas las garantías cuando el juzgado o tribunal de apelación, sin respetar los principios de inmediación y contradicción, procede a revisar y corregir la valoración o ponderación de las pruebas personales efectuada por el juez de instancia y revoca en virtud de una reinterpretación de unas pruebas que no ha practicado la sentencia absolutoria apelada. El respeto a los principios de inmediación, contradicción y publicidad impide, según el Tribunal Constitucional, que los jueces de apelación modifiquen la valoración de tales pruebas sin haberlas practicado de forma directa y personal en la segunda instancia,...', y cita las STC184/2009, de 7 de octubre, 142/2011, de 26 de septiembre, 120/2009, de 18 de mayo y las sentencias del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de 25 de octubre y 22 de noviembre de 2011 . En el mismo sentido, las STS nº 46/2014, de 14 de febrero , la nº 497/2015, de 24 de julio , 731/2015, de 19 de noviembre , y 892/2016, de 25 de noviembre , por citar solo algunas.

De las STS 1423/2011, del 29 de diciembre y nº 406/2012, de 25 de enero , se desprende que el Tribunal Supremo acoge dos tesis relevantes para el éxito de la pretensión de condena que se ejerce por medio del presente recurso de apelación: 1º) Las STEDH del 22 de noviembre de 2011 (caso Lacadena Calero contra España ) y de 13 de diciembre del mismo año (caso Valbuena Redondo contra España) consideran que para la verificación del elemento subjetivo del delito, de la intención de acusado (de defraudar, en ambos casos), no basta con ofrecer a éste la ocasión de ser oído, sino que requiere la valoración directa de su testimonio o, en su caso, de la prestada por testigos .

2º) No existe un previsión para la práctica en recurso de apelación de pruebas ya practicadas en primera instancia: 'Y como segundo extremo destacable hemos de referirnos al ya advertido de la necesaria audiencia del acusado y también a la posible práctica de prueba testifical en la vista oral de la segunda instancia, exigencia que se contradice con la esencia y la naturaleza impugnativa del recurso de casación, que, tal como recuerda el propio TEDH en su sentencia, carece de un trámite para tales fines en nuestro ordenamiento jurídico' Y sigue la sentencia: 'A tal afirmación debe hacerse una apostilla. Y es la de que no solo no existe ese trámite en la sustanciación del recurso de casación en nuestro ordenamiento jurídico, sino que tampoco lo hay en el recurso de apelación, toda vez que dada la redacción concluyente del art. 790.3 de LECrim . (no modificada con motivo de la reforma de la LECr. por Ley 13/2009, de 3 de noviembre ) no cabe una interpretación de la norma que dé pie a la reiteración en la segunda instancia de la prueba practicada en la primera, pues el precepto se muestra taxativo y taxativo con respecto a las pruebas admisibles en la segunda instancia, acogiendo sólo excepcionalmente la práctica de nuevas pruebas ante el tribunal de apelación. Y desde luego en ningún caso autoriza la repetición de pruebas ya practicadas al efecto de modificar la convicción obtenida en la primera instancia.' Cita seguidamente las STS 258/2003, de 25 de febrero , y 352/2003, de seis de marzo , que ya se habían pronunciado en sentido negativo sobre la posibilidad de repetir en segunda instancia las pruebas personales practicadas en la primera a fin de obtener una convicción probatoria distinta del juzgador de instancia.

La referida doctrina se plantea la afectación de los principios de inmediación y contradicción, configuradores del derecho a un proceso con todas las garantías ( art. 24.1 de la C.E ), en aquellos supuestos en los que el órgano de Apelación ha de ponderar y valorar la prueba practicada en la primera instancia, para revocar una sentencia de sentido absolutorio.

En estos casos, cuando la revisión se centra en la apreciación de la prueba, es decir, si en la segunda instancia no se practican nuevas pruebas no puede el Tribunal -ad quem- revisar la valoración de las practicadas en la primera instancia, siempre que por la índole de las mismas sea exigible la inmediación y la contradicción (fundamento jurídico primero, en relación con los fundamentos jurídicos ordinales 9 a 11).

Los nuevos criterios restrictivos sobre la extensión del control del recurso de apelación implantados por la mencionada sentencia del Tribunal Constitucional, se han vistos reafirmados y reforzados en resoluciones posteriores del mismo Tribunal, (así, por ejemplo, las SSTC 170/2002 , 197/2002 , 198/2002 , 200/2002 , 212/2002 , 230/2002 , 41/2003 , 68/2003 , 118/2003 , 189/2003 , 10/2004 y 12/2004 ). De forma que, incluso, en los supuestos en que se trate de apreciar pruebas objetivas junto con otras de carácter personal que dependen de los principios de inmediación y de contradicción, el Tribunal Constitucional, veda la posibilidad de revocar el criterio absolutorio de la primera instancia cuando no se han practicado las pruebas personales con arreglo a tales principios ante el tribunal -ad quem- ( STC 198/2002 y 230/2002 ).

Así las cosas, ante la jurisprudencia del Tribunal Constitucional, existen distintas interpretaciones.

La primera, entender que resulta factible revocar una sentencia absolutoria dictada en primera instancia practicando de nuevo en la segunda las pruebas personales que dependan de los principios de inmediación y de contradicción. Ello entraña, no obstante, graves inconvenientes, pues no existe garantía ninguna de que las pruebas reproducidas en la segunda instancia resulten más fiables, creíbles y veraces que las de la primera, máxime si se ponderan el tiempo transcurrido desde la ejecución de los hechos y los prejuicios y pre-condicionamientos con que podrían volver a declarar unos testigos que ya depusieron en el juzgado. Sin olvidar tampoco y ello es todavía más relevante, que, la repetición de pruebas, no sería legalmente posible, a tenor de las restricciones que impone el art. 790.3 de la Ley Procesal Penal .

Igualmente, cabe otra interpretación, esto es, no cabe de facto revocar en la segunda instancia las sentencias absolutorias dictadas en las causas en las que la práctica de la prueba depende en gran medida de los principios que inspiran a la jurisdicción penal, como son los de inmediación, oralidad y contradicción, limitándose así, el derecho a los recursos que puedan interponer tanto las partes perjudicadas como en su caso el Ministerio Fiscal.

Está última interpretación citada, sería la más correcta ante la nueva jurisprudencia del Tribunal Constitucional teniendo en cuenta los límites y principios de la revisión probatoria de las sentencias absolutorias dictadas en la primera instancia.

De lo hasta ahora expuesto una primera conclusión resulta evidente, esto es, que sólo podrá dejarse sin efecto la apreciación de las pruebas personales practicadas en la instancia, cuando el razonamiento probatorio alcanzado por el juzgador -a quo- bien vulnere el derecho a la tutela judicial efectiva, bien resulte absurda la conclusión allí alcanzada, o bien, sea irracional o incongruente el fallo con relación a los hechos allí declarados probados, o bien si se prefiere y según los casos, el fallo dictado fuese arbitrario, ( STC 82/2001 y SSTS 434/2003 , 530/2003 , 614/2003 , 401/2003 , y 12/2004 , entre otras).

Asimismo, y desarrollando este último aspecto, debe citarse la STC 338/2005, de 20 de diciembre , acerca de la diferencia entre la nueva valoración de una declaración testifical efectuada en apelación por el órgano ad quem, cuando la misma 'se funda o razona en la sobreponiéndose a ella, la labor realizada por el órgano que enjuició los hechos con inmediación, de aquéllos otros en los que el órgano de apelación funda su criterio divergente respecto de la credibilidad de un testigo en el análisis crítico de los motivos o razones que sobre la credibilidad de ese mismo testigo ofrece la resolución judicial impugnada. Del mismo modo que respecto del binomio actividad probatoria /relato fáctico resultante, la función de este Tribunal no consiste en enjuiciar el resultado alcanzado, sino el control externo del razonamiento lógico seguido para llegar a él'.

Dicho de otro modo, en los supuestos en los cuales la crítica que se contiene en la sentencia de apelación y que, consecuentemente, determina la alteración de los hechos probados, no se realiza a base de sustituir el órgano de enjuiciamiento en la valoración de los medios probatorios cuya apreciación requiere inmediación, sino que se proyecta sobre la corrección o coherencia del razonamiento empleado en la valoración de la prueba, sobre tal modo de proceder no proyecta consecuencia significativa alguna respecto de la inmediación en la práctica de tales pruebas.

En consecuencia la garantía de la inmediación no puede jugar en estos casos el papel imitador de las facultades del órgano judicial ad quem que, como proyección del derecho fundamental a un proceso con todas las garantía reconocido en el art. 24.2 CE , desempeña en los supuestos primeramente referidos de sustitución o sobreposición en la valoración de medios probatorios precisados de inmediación para su análisis.

En suma el Tribunal en segunda instancia no puede sustituir la percepción del Juez de la primera sobre la prueba, al gozar el mismo de la innegable ventaja de la inmediación, pero sí puede analizar la argumentación de la sentencia apelada por si en la misma se apreciara un razonamiento absurdo, arbitrario, no fundamentado o ilógico. Aún así lo que radicalmente impide el Tribunal Constitucional, es que el Tribunal de apelación modificando el relato de hechos probados sin haber practicado prueba alguna en la segunda instancia, dicte una nueva sentencia esta vez condenatoria. Al Tribunal ad quem le esta vetada tal posibilidad y en tal sentido se expresan de manera clara Sentencias del Tribunal Constitucional de 26 de febrero de 2007 , 15 de enero de 2007 , de 3 de julio de 2006 , que remite a otras de 5 de abril de 2006 y 27 , 15 de enero de 2007 , de 3 de julio de 2006 , que remite a otras de 5 de abril de 2006 y 27 de octubre de 2003, del mismo Alto Tribunal .

El Pleno del Tribunal Constitucional, continuando en esta misma línea, en Sentencia 48/2008 de 11 de marzo , nos dice que la doctrina que parte de la STC 167/2002 , no comporta que deban practicarse necesariamente nuevas pruebas en apelación cuando los recurrentes cuestionen los hechos declarados como probados, cuestión que sólo al legislador corresponde decidir en su competencia de configuración de los recursos penales, sino únicamente que al órgano judicial le está vedada la valoración de las pruebas personales que no se hayan practicado ante él: que 'en el ejercicio de las facultades que el art. 795 L.E.Crim .

otorga al Tribunal ad quem deben respetarse en todo caso las garantías constitucionales establecidas en el art. 24.2 CE ' (FJ 11). Esta mención al ámbito de la apelación diseñado por el art. 795 LECrim (hoy 790 LECrim ) constituye un presupuesto constante de la doctrina de la exigencia de inmediación en la valoración de las pruebas ( SSTC 197/2002, de 28 de octubre, FJ 4 ; 198/2002, de 28 de octubre, FJ 3 ; 40/2004, de 22 de marzo, FJ 5 ; 78/2005, de 4 de abril, FJ 2 ; 307/2005, de 12 de diciembre , FJ 5).

Abundando en este mismo sentido, la reciente Sentencia del Tribunal Constitucional num. 144/2009, de 15-6-2009 , nos dice que 'el respeto a los principios de publicidad, inmediación y contradicción, contenidos en el derecho a un proceso con todas las garantías, impone inexorablemente que toda condena se fundamente en una actividad probatoria que el órgano judicial haya examinado directa y personalmente y en un debate público en el que se respete la posibilidad de contradicción. Por ello, se ha apreciado la vulneración de este derecho fundamental en los supuestos en los que, tras ser dictada una sentencia penal absolutoria en primera instancia, la misma es revocada en apelación y dictada una sentencia condenatoria justificada en una diferente valoración de pruebas, como las declaraciones de los acusados o declaraciones testificales que por su carácter personal no podían ser valoradas de nuevo sin su examen directo en un debate público en el que se respete la posibilidad de contradicción. Más en concreto, y por lo que se refiere a la rectificación de conclusiones derivadas de pruebas de carácter personal, también ha reiterado este Tribunal que concurre la vulneración del derecho a un proceso con todas las garantías cuando, en la segunda instancia, y sobre 'la base de indicios' que provienen inequívocamente de una valoración de pruebas personales, se corrigen las conclusiones del órgano de primera instancia, sin examinar directa y personalmente dichas pruebas (por todas, STC 49/2009, de 23 de febrero )'.

Continua exponiendo la referida sentencia que 'Por otro lado, también cabe destacar que es doctrina consolidada de este Tribunal Constitucional que la valoración de pruebas personales sin la concurrencia de estas garantías elementales significará la vulneración del derecho a la presunción de inocencia ( art. 24.2 CE ) en la medida en que la eliminación de las pruebas irregularmente valoradas deje sin sustento el relato de hechos probados que soporta la declaración de culpabilidad del acusado'.

Esta elaborada doctrina constitucional había sido puesta en tela de juicio cuando el juicio oral celebrado en primera instancia había sido grabado en soporte informático audiovisual. En estos supuestos el Tribunal de apelación tiene ocasión de apreciar por sí mismo y prácticamente en las mismas condiciones que el Juez a quo, la prueba practicada. Esos elementos personales más o menos objetivos que eran apreciados por el Juez a quo gracias al principio de inmediación y que impedían una nueva valoración y diferente por parte del Tribunal de segunda instancia, pueden ser apreciados por la Sala de apelación y también bajo el principio de inmediación.

No obstante, la Sentencia del Tribunal Constitucional de 18 de mayo de 2009 ha zanjado la cuestión y señala, de manera firme y categórica, que exista o no exista grabación del juicio en formato DVD, es inviable constitucionalmente revocar por parte del Tribunal de segunda instancia, una sentencia absolutoria del órgano judicial de primera instancia basada en prueba personal testifical, si no se han practicado nuevas diligencias de prueba ante el Tribunal revisor.

Y a raíz de tales postulados, las SsTC 1/2010, de 11 de enero ; 30/2010, de 17 de mayo ; y 127/2010, de 29 de noviembre , ahondan en la exigencia de que para condenar en la segunda instancia cuando la absolución previa se ha sustentado en pruebas personales, no solo debe celebrarse vista en que se oiga a los acusados, sino que debe oírse nuevamente a testigos y peritos en la segunda instancia para garantizar la inmediación, pues como recuerda el propio Tribunal Constitucional - STC 120/2009, de 18 de mayo - la reproducción de la grabación del juicio no implica inmediación.

En el mismo sentido, se pueden citar, las SSTC 154/2011 ; 49/2009, f.jdco. segundo ; 30/2010 , f.jdco.

segundo ó 46/2011, f.jdco. segundo. Todas ellas insisten en la obligación de que el Tribunal que va a conocer vía recurso de la sentencia absolutoria dictada por otro, debe oír personal y directamente al absuelto en la instancia en un debate público en el que se respete la contradicción, estableciendo como única excepción que se trate de una exclusiva cuestión jurídica que respetando escrupulosamente los hechos probados no precisa de una re-valoración de las pruebas ni de las personales strictu sensu ni de otras en las que la audiencia del concernido aparezca como necesaria. Es decir que no sea preciso revalorar los elementos objetivos y subjetivos del delito, porque la cuestión debatida es meramente de subsunción jurídica de unos hechos aceptados. En tal sentido, SSTS 1327/2011 , 1423/2011 , 142/2011 , 309/2012 de 12 de abril , 757/2012 de 11 de octubre , 840/2012 de 31 de octubre , 1020/2012 de 30 de diciembre , 157/2013 de 22 de febrero , 325/2013 de 2 de abril , 400/2013 de 16 de mayo y 559/2013 de 20 de junio .

En resumen, la doctrina constitucional mencionada ha venido por tanto a establecer que si bien el recurso de apelación en el procedimiento penal abreviado y en el juicio de faltas (hoy delitos leves), tal y como aparece configurado en nuestro Ordenamiento Jurídico otorga plenas facultades al Tribunal ad quem para resolver cuantas cuestiones se planteen por las partes intervinientes, sean de hecho o de derecho, dado que el mismo asume la plena jurisdicción sobre el caso, en idéntica posición que la que ocupaba el Juez a quo, no sólo por lo que respecta a la subsunción de los hechos en la norma, sino también para la concreción o determinación de tales hechos a través de la valoración de la prueba practicada, pudiendo revisar y corregir la ponderación llevada a cabo por el Juez a quo, esta facultad resulta sumamente limitada con la precisión de que en todo caso han de respetarse por el Tribunal ad quem las garantías constitucionales, establecidas en el art. 24, 2º de la Constitución , todo lo cual conduce necesariamente a determinar que si bien puede revocarse la sentencia absolutoria apelada y dictarse sentencia condenatoria en apelación por aplicación de distintos criterios puramente jurídicos y no de hecho, y que la prueba documental aportada puede valorarse en esta segunda instancia sin cortapisa alguna, dado que dicha valoración, en atención a la naturaleza de esa prueba en cuestión, no precisa de inmediación alguna, pero por el contrario la prueba testifical o la pericial o las declaraciones de las partes no podrán valorarse, por aplicación de la mencionada doctrina, sin el concurso de los principios de oralidad, inmediación y contradicción, que forman parte del derecho a un proceso con todas las garantías, lo que conlleva como consecuencia, si dichas pruebas han sido practicadas en la primera instancia y no pueden ser reiteradas en la segunda en buena lógica, al no concurrir ninguno de los supuestos señalados en el apartado 3º del art. 790 de la LECr , que no puedan ser valoradas en ella de modo distinto al efectuado por el juez de instancia, y el derecho de defensa exige que el acusado sea oído directamente por el Tribunal que resuelve el recurso. No será precisa la práctica de las pruebas personales ante el Tribunal, ni la audiencia al acusado cuando se trate de cuestiones puramente jurídicas.

Esta doctrina jurisprudencial ha tenido acogida en la última modificación de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, por la Ley 41/2015 de 5 de octubre (legislación de aplicación al caso), para agilización de la justicia penal y el fortalecimiento de las garantías procesales, que ha completado la regulación del recurso de apelación adaptándolo a las exigencias constitucionales antes descritas. Así señala la exposición de motivos IV que: 'Se ha considerado oportuno completar la regulación del recurso de apelación con nuevas previsiones legales relativas al error en la valoración de la prueba como fundamento del recurso y al contenido de la sentencia que el órgano ad quem podrá dictar en tales circunstancias, cuyo fin último es ajustar la reglamentación de esta materia a la doctrina constitucional y, en particular, a las exigencias que dimanan del principio de inmediación. En relación con lo primero, cuando la acusación alegue este motivo como base de su recurso, ya fuera a fin de anular una sentencia absolutoria , ya para agravar las condiciones fijadas en una condenatoria, deberá justificar la insuficiencia o falta de racionalidad de la misma o su apartamiento manifiesto de las máximas de experiencia o la omisión de todo razonamiento sobre alguna de las pruebas practicadas, siempre que fueran relevantes, o cuya nulidad hubiera sido improcedentemente declarada.

Fruto de dicha nueva regulación es la redacción de los artículos 792.2 que dispone que: ' la sentencia de apelación no podrá condenar al encausado que resultó absuelto en primera instancia ni agravar la sentencia condenatoria que le hubiera sido impuesta por error en la apreciación de las pruebas en los términos previstos en el tercer párrafo del artículo 790.2 ', y el artículo 790.2 que dispone que: ' Cuando la acusación alegue error en la valoración de la prueba para pedir la anulación de la sentencia absolutoria o el agravamiento de la condenatoria, será preciso que se justifique la insuficiencia o la falta de racionalidad en la motivación fáctica, el apartamiento manifiesto de las máximas de experiencia o la omisión de todo razonamiento sobre alguna o algunas de las pruebas practicadas que pudieran tener relevancia o cuya nulidad haya sido improcedentemente declarada '.

Realizando una interpretación conjunta de estos dos apartados se pueden extraer la conclusión de que no se puede condenar en segunda instancia al encausado absuelto en la primera instancia en base a una errónea valoración de la prueba. Solamente la Sala está facultada, para en el caso de que apreciase errónea valoración de la prueba por alguna de las causas legales establecidas, a declarar la nulidad de la Sentencia dictada y devolver la causa al Juzgado de origen para un nuevo enjuiciamiento. Es importante resaltar esta diferencia por cuanto si lo que se solicita es la anulación, en caso de estimarse tal petición los efectos que produciría serían los declarar la nulidad de la Sentencia dictada, sin pronunciarse sobre la condena o absolución, y su devolución al órgano que la dictó para un nuevo dictado o enjuiciamiento. En cambio si lo que se solicita es la revocación, ello implicaría que fuera la Sala quien ratificase la absolución dictada o revocase dictando una Sentencia condenatoria. Y esta última posibilidad, a la vista de la nueva legislación, deviene imposible.



TERCERO.- Partiendo de todo lo que antecede y en su proyección al caso, la pretensión de obtener sentencia condenatoria en esta segunda instancia por coacciones y amenazas leves, está inexorablemente abocada al fracaso, ya que son cuestiones fácticas y no de derecho las que se suscitan en este recurso, y la prueba practicada es esencialmente personal , sin que el tribunal de apelación pueda efectuar una nueva valoración de las declaraciones prestadas ante la Juez 'a quo'. Y es que para concluir de conformidad con el recurrente que centra la discrepancia en la apreciación de prueba personal por la Juzgadora de instancia, debería realizarse una diferente valoración de las declaraciones de denunciante, denunciado y testigos que se practicaron en la vista oral además de conllevar alteración de los hechos probados, que conforme recoge la anterior doctrina constitucional, no resulta viable tal variación en esta alzada, al no haberse practicado prueba alguna ni oído al denunciado.

Por otra parte, como antes se ha expuesto, si con arreglo al párrafo 3º del 790.2 de la LECRIM, reformado por la Ley 41/2015, es posible anular un fallo absolutorio, dicha anulación se limita a la concurrencia de alguna de las tres causas o motivos que se citan. En primer lugar, la insuficiencia o falta la razonabilidad de la motivación fáctica; en segundo, la vulneración de las máximas de la experiencia; y, en tercero, y el incumplimiento de la obligación judicial de evaluar todo el material probatorio válido practicado. Y es preciso que la parte recurrente ' justifique' la concurrencia de dichas causas , sin embargo nada de ello se da en este caso, en que el apelante, aunque alega error en la apreciación de la prueba , ni pide anulación de la sentencia absolutoria sin que el Tribunal de apelación pueda declarar de oficio una nulidad que no ha sido solicitada ( art.. 240 LOPJ ), ni justifica lo que exige el precepto transcrito, ya que las razones expuestas por la apelante no tienen otro alcance que discrepar de la valoración de la prueba personal en sentencia y propone otra versión de los hechos desde una distinta interpretación de la misma. De hecho ni siquiera en el escrito del recurso se alega que los argumentos de la Juzgadora sean insuficientes, irracionales o arbitrarios, y debe significarse que incluso en tales casos no se trata de que el tribunal que conoce de la apelación examine si procedía la condena, sino si el argumento de la absolución es patentemente arbitrario máxime cuando, por una parte, a nivel general, el Tribunal Supremo ha señalado que ' Sin embargo, no puede dejarse de lado que las sentencias absolutorias no necesitan motivar la valoración de pruebas que enerven una presunción existente a favor del acusado, contraria a su culpabilidad. Antes al contrario, cuentan con dicha presunción, de modo que en principio, para considerar suficientemente justificada una absolución debería bastar con la expresión de la duda acerca de si los hechos ocurrieron como sostiene la acusación. ' ( STS 237/2014, de 25 de marzo , con cita de la STS 2051/2002, de 11 de diciembre ), y por otra parte, en el presente caso, la fundamentación de la sentencia muestra que se ha valorado toda la prueba y contiene una motivación suficiente sobre las razones que determinan el Fallo absolutorio por los delitos leves de coacciones y amenazas, por lo que no cabe detectar la presencia de los errores que permitirían declarar su nulidad.

En definitiva, la parte recurrente ha solicitado la revocación del fallo absolutorio y su sustitución por uno condenatorio en los términos recogidos en el 'suplico' del recurso, petición que no se puede obtener con fundamento en la errónea valoración de la prueba personal- la documental nada prueba sobre si hubo o no coacciones ó amenazas -, y no ha formulado petición de anulación de la sentencia ni ha argumentado en términos hábiles para conseguirlo, ni en la sentencia se detecta la presencia de los errores que permitirían declarar su nulidad.

Por todo lo cual no cabe sino la desestimación del recurso y confirmar la sentencia recurrida.



CUARTO.- De acuerdo con los artículos 239 y 240 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal , no apreciándose temeridad ni mala fe en la parte recurrente, se estima procedente declarar de oficio las costas de esta alzada.

Vistos, además de los citados, los preceptos legales de general y pertinente aplicación, en virtud de la Potestad Jurisdiccional que nos viene conferida por la soberanía popular, y en nombre de S.M. el Rey.

FALLO DESESTIMAR el recurso de apelación formulado por la representación procesal del Sr. Hermenegildo contra la Sentencia de fecha 22-9-2016 dictada por el Juzgado de Instrucción nº 2 de los de San Sebastián en autos de Delitos Leves 367/16, y, en consecuencia, debemos confirmar y confirmamos íntegramente el Fallo de dicha sentencia y declaramos de oficio las costas causadas en esta alzada.

Frente a esta resolución no cabe interponer recurso ordinario de ninguna clase.

Devuélvanse los autos originales al Juzgado de que proceden, con testimonio de esta Sentencia para su conocimiento y cumplimiento.

Así por esta mi Sentencia, de la que se unirá certificación al Rollo, lo pronuncio, mando y firmo.

PUBLICACIÓN.- Dada y pronunciada fue la anterior Sentencia por los/las Ilmos/as. Sres/as.

Magistrados/as que la firman y leída por el/la Ilmo/a. Magistrado/a Ponente en el mismo día de su fecha, de lo que yo la Letrada de la Administración de Justicia doy fe.

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