Última revisión
17/09/2017
Sentencia Penal Nº 377/2019, Audiencia Provincial de Madrid, Sección 3, Rec 921/2019 de 20 de Junio de 2019
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Orden: Penal
Fecha: 20 de Junio de 2019
Tribunal: AP - Madrid
Ponente: MORALES PEREZ-ROLDAN, AGUSTIN
Nº de sentencia: 377/2019
Núm. Cendoj: 28079370032019100403
Núm. Ecli: ES:APM:2019:9948
Núm. Roj: SAP M 9948/2019
Encabezamiento
Sección nº 03 de la Audiencia Provincial de Madrid
C/ de Santiago de Compostela, 96 , Planta 5 - 28035
Teléfono: 914934543,914934731
Fax: 914934542
Grupo de trabajo : AAG
37051540
N.I.G.: 28.079.00.1-2019/0018784
Apelación Sentencias Procedimiento Abreviado 921/2019
Origen:Juzgado de lo Penal nº 17 de Madrid
Juicio Rápido 73/2019
SENTENCIA NUM: 377
AUDIENCIA PROVINCIAL DE MADRID
ILTMOS. SRES. DE LA SECCION TERCERA
D. EDUARDO BERMUDEZ OCHOA
Dª. ROSA ESPERANZA REBOLLO HIDALGO
D. AGUSTIN MORALES PEREZ ROLDAN
---------------------------------------------- En Madrid, a 20 de junio de 2019.
VISTOS, por esta Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Madrid, en grado de apelación, el Juicio
Oral celebrado en el seno del juicio rápido número 73/2019 procedente del Juzgado Penal nº 17 de Madrid y
seguido por delito intentado de robo con violencia y delito leve de lesiones contra Alberto , siendo partes en
esta alzada como apelante dicho acusado y como apelado el Ministerio Fiscal, y Ponente el Magistrado Ilmo
Sr. D. AGUSTIN MORALES PEREZ ROLDAN, que expresa el parecer de la Sala.
Antecedentes
PRIMERO.- Por el indicado Juzgado de lo Penal se dictó Sentencia el día 4 de marzo de 2019 cuyo FALLO decretó: 'QUE DEBO CONDENAR Y CONDENO a Alberto como autor responsable de un delito de robo con violencia e intimidación de menor entidad en grado de tentativa y un delito leve de lesiones, sin que concurran circunstancias modificativas de la responsabilidad, a la pena de 8 meses de prisión e inhabilitación especial para el derecho de sufragio pasivo durante el tiempo de la condena, por delito de robo con violencia de menor entidad, y a la pena de un mes de multa con un cuota diaria de cuatro euros por el delito leve de lesiones, con responsabilidad personal subsidiaria de un día privación de libertad, por cada dos cuotas de multa no satisfechas y pago de las costas procesales.'
SEGUNDO.- Notificada la referida sentencia, se interpuso en tiempo y forma recurso de apelación por la representación procesal de Alberto , que fue admitido en ambos efectos y del que se confirió traslado por diez días al Ministerio Fiscal que solicitó la desestimación del recurso.
TERCERO.- Elevadas las actuaciones a esta Sección Tercera de la Audiencia Provincial el día 19 de junio de 2019, se formó el Rollo de Sala nº 921/19 y dado el trámite legal, se señaló para la deliberación, votación y fallo en Sala del recurso el día 20 del mismo mes y año.
II. HECHOS PROBADOS Se aceptan de manera expresa los de la sentencia apelada.
Fundamentos
PRIMERO.- En el recurso presentado por la representación procesal de Alberto , que en su totalidad se da por reproducido, se estima que la resolución recaída es lesiva para sus intereses, aduciendo error en la valoración de la prueba por parte de la juzgadora de instancia, falta de racionalidad en la motivación fáctica dado que el forcejeo se produjo, no para escapar, sino para evitar ser ahogado el recurrente y falta de motivación de la pena impuesta, solicitando se condene al acusado como autor de un delito de hurto en grado de tentativa a la pena de tres meses de prisión y subsidiariamente a la pena de seis meses de prisión.
Para dar respuesta a las cuestiones planteadas debemos recordar que la jurisprudencia ha insistido en que el uso que haya hecho el juez sentenciador de su facultad de libre apreciación en conciencia de las pruebas practicadas en el acto del juicio, siempre que resulte debida y adecuadamente motivado, únicamente deberá ser rectificado por vía de apelación cuando haya incurrido en un manifiesto y claro error que haga necesaria una modificación del relato fáctico establecido en la resolución apelada. Es decir, para acoger el error en la valoración de las pruebas se exige la existencia en la narración descriptiva de hechos inexactos o hechos apreciados con error evidente, notorio y de importancia o de significación suficiente para modificar el sentido del fallo.
Por ello, el Tribunal de apelación debe limitarse a examinar si el juzgador de instancia ha incurrido en razonamientos arbitrarios, ilógicos o irracionales, o si hubo o no vulneración del derecho a la presunción de inocencia, analizando la existencia y suficiencia de la actividad probatoria de cargo practicada en el acto del juicio ( SSTS de 3.3.99, 13.299, 24.5.96 y 14.3.91). Como nos recuerda la sentencia del Tribunal Supremo de fecha 20 de julio de 2009, el principio constitucional de inocencia, proclamado en el artículo 24.2 de nuestra Carta Magna, gira sobre las siguientes ideas esenciales: a) Que la valoración de la prueba, de forma conjunta y en conciencia, corresponde a los jueces y tribunales que han presenciado el juicio, por imperativo del artículo 117.3 de la Constitución española; b) Que, en el ejercicio de esa facultad, toda sentencia condenatoria ha de fundarse en auténticos actos de prueba suficientes, que han ser relacionados y valorados por el Tribunal de instancia en términos de racionalidad, indicando sus componentes incriminatorios por cada uno de los acusados; c) Que esos actos de pruebas han de practicarse en el acto del juicio oral, salvo los limitados casos de admisión de pruebas anticipadas y preconstituidas; d) Que corresponde a la acusación la aportación de las pruebas de cargo y d) Que solamente la ausencia o vacío probatorio puede originar la infracción del derecho fundamental a la presunción de inocencia ( artículo 24 CE).
Sin embargo, cuando la prueba tiene carácter personal, como ocurre en el caso de autos, tratándose del interrogatorio del propio acusado y de los testigos, importa mucho, para una correcta ponderación de su credibilidad, conocer la íntegra literalidad de lo manifestado y, además, percibir directamente el modo en que se expresa, puesto que el denominado lenguaje no verbal forma parte muy importante del mensaje comunicativo y es un factor especialmente relevante a tener en cuenta al formular el juicio de fiabilidad.
El juzgador en primera instancia dispone de esos conocimientos, en tanto que el órgano competente para resolver el recurso de apelación sólo conoce la grabación del plenario, que si bien reproduce fielmente lo ocurrido en el juicio no permite obtener una percepción tan directa como la del Juez que presenció la sesión.
Por ello, un elemental principio de prudencia (la pauta de la sana crítica aplicada al control de la valoración de la prueba en la segunda instancia) aconseja no apartarse del criterio del juzgador en primera instancia salvo cuando el error de valoración sea patente.
SEGUNDO.- La declaración prestada en el acto del juicio por la víctima del delito constituye una prueba de cargo válida y suficiente para enervar la presunción iuris tantum de inocencia en cuanto tiene consideración de prueba testifical, y como tal puede servir para conformar la convicción del órgano jurisdiccional en la determinación de los hechos del caso.
Su valoración ha de realizarse atendiendo a las reglas de la lógica y a las máximas o principios de experiencia, lo que exige analizar la credibilidad que merezca el testigo en atención a sus circunstancias personales, relación anterior con él o los imputados, y las corroboraciones que pudieran acompañarla reforzando el contenido del testimonio, cuidando que no exista una motivación torpe, como pudiera suceder si el designio que le impulsara consistiera en sentimientos de odio, rencor o venganza, o el deseo de obtener un beneficio económico ( Sentencias del Tribunal Supremo de 26 de octubre y 8 de noviembre de 2005, 2 de octubre y 8 de noviembre de 2006, 31 de mayo, 21 de junio y 26 de septiembre de 2007, 24 de junio y 11 de diciembre de 2008, 22 y 23 de abril y 21 de octubre de 2009, 26 de enero, 11 de mayo y 22 de diciembre de 2010 y 26 de enero de 2011; Sentencias del Tribunal Constitucional 57/02 de 11 de marzo, 195/02 de 28 de octubre, 347/06 de 11 de diciembre, 258/07 de 18 de diciembre y 9/11 de 28 de febrero).
En este contexto, la recomendación de analizar las condiciones de persistencia en la incriminación, de coherencia y ausencia de contradicciones entre las distintas declaraciones prestadas, de ausencia de incredibilidad subjetiva del testigo derivada del eventual concurso de móviles espurios, y de atención al concurso de eventuales corroboraciones periféricas de existir, no significa una reglamentación de requisitos de validez de su declaración, sino la expresión de las reglas de experiencia más comunes que resultan de aplicación en la labor de la crítica e interpretación del testimonio. Tales perspectivas no enuncian requisitos procesales para la admisibilidad del testimonio que deban resultar estrictamente cumplimentados, sino criterios ponderativos que deben ser analizados; por esta razón, la presencia de posibles matices, como son eventuales contradicciones, como también la petición de una indemnización civil, o la presencia de un interés propio, o incluso en obtener la condena de contrario, no excluyen la valorabilidad en si misma de la declaración, sino que han de llevar a extremar la cautela y a la búsqueda de corroboraciones objetivas, si existen, pero desde luego sin elevar su concurso a una exigencia constitutiva de la prueba testifical ( Sentencias del Tribunal Supremo de 19 de diciembre de 2003, 29 de noviembre de 2004, 13 de diciembre de 2006 y 10 de abril de 2007).
En definitiva, el órgano jurisdiccional puede y debe valorar la prueba practicada, incluso cuando existan dos declaraciones contrapuestas, atendiendo al distinto grado de credibilidad que le merezcan los distintos testimonios y a los posibles datos objetivos o indiciarios que pudieran concurrir en apoyo de una u otra de las posturas controvertidas. Lo que la presunción de inocencia prohíbe es condenar por meras impresiones íntimas del juzgador, sospechas o conjeturas, sin una prueba inequívocamente acusatoria llegada al proceso de una manera regular y en conformidad con las normas procesales y constitucionales. La prueba en el proceso penal no tiene otros límites que los de la dignidad y seguridad de la persona humana; pero no existe un sistema tasado, a diferencia de lo que ocurre en el proceso civil, por cuya razón puede establecerse una conclusión fáctica con el apoyo de la declaración de un solo testigo, incluso cuando su testimonio se enfrenta a varios que se expresan en dirección opuesta, y ello siempre que la resolución aparezca motivada, como ya se dijo que ocurre en este caso ( Sentencias del Tribunal Supremo de 13 de mayo, 17 de junio, 9 de septiembre de 1992, 23 de junio y 13 de diciembre de 1993, 24 de febrero, 23 y 29 de marzo de 1994 y 9 de mayo de 2000; sentencia del Tribunal Constitucional 11/95 de 16 de enero).
Pues bien, este Tribunal, tras el visionado del soporte donde el acto del juicio fue grabado constata que ha sido practicada prueba de entidad suficiente para considerar desvirtuada la presunción de inocencia y verifica que el órgano de enjuiciamiento ha exteriorizado las razones que le han conducido a reflejar el relato de hechos probados a partir de la actividad probatoria practicada y afirmamos la racionalidad del discurso valorativo de la sentencia, que se justifica en pruebas de cargo que han sido obtenidas con pleno respeto de las garantías constitucionales y legales que deben presidir un juicio justo.
La sentencia recaída satisface plenamente las aludidas exigencias sobre la motivación de la prueba, explicando el contenido sustancial de la declaración del acusado, que negó su participación en los hechos y que tuviese ninguna cámara en su poder. Asimismo se pondera lo declarado por el testigo Arsenio y la naturaleza de su testimonio, que vio al acusado revolver entre las pertenencias de los trabajadores, saliendo detrás suyo, persiguiéndole en la vía pública cuando empezó a correr, y por el testigo-perjudicado Balbino que se sumó a la persecución y describió la interceptación del ahora recurrente al que agarró por la corbata para impedir su huida, con el que forcejeó y del que recibió un mordisco en la mano, que le causó lesiones objetivadas en el informe médico-forense unido a autos. Ambos testigos, manifestaron que la cámara de fotos propiedad de Flora , fue hallada en la mochila que portaba el acusado, siendo reconocida por su titular que la recuperó y reiteraron que retuvieron al acusado con la única finalidad de evitar su huida. El agente de Policía Municipal comparecido, presenció el forcejeo del acusado con los dos individuos que trataban de retenerle y que uno de ellos presentaba una herida en la mano. Se valora la credibilidad y persistencia de las manifestaciones de los antes referidos, y se infiere con toda claridad de su resultado, la realidad de los hechos que declara probados.
Los citados testigos han sido firmes en sus declaraciones; no se aprecia ninguna contradicción relevante sobre los aspectos fundamentales del hecho; no existe ninguna circunstancia objetiva que permita dudar de la seriedad y objetividad de sus manifestaciones o que éstas hayan agravado innecesariamente el hecho con ánimo de perjudicar al apelante o con cualquier otro fin espurio. No puede obstar a dicha conclusión la existencia de versiones encontradas, dada la absoluta negación de los hechos por parte del acusado, para otorgar como ocurre en el presente caso mayor verosimilitud y credibilidad a la versión ofrecida por aquellos frente a la exculpatoria del acusado
TERCERO .- La calificación de los hechos conforme a lo expuesto resulta procedente toda vez que la doctrina jurisprudencial, ha venido declarando que si en el desarrollo operativo de una acción que comenzó con los caracteres del hurto advienen la violencia o la intimidación dirigidas a lograr la consecución del lucro patrimonial, desaparece la naturaleza astuta y no violenta para dar lugar a una infracción caracterizada por el empleo de vis absoluta o compulsiva.
Por consiguiente, a los efectos de la figura imputada, la violencia puede tener lugar antes, durante o después de la sustracción, pues el robo con fuerza o el hurto se transmutan en robo violento cuando con motivo u ocasión del robo se ejerce esa violencia ( Sentencias de 2 y 18 de octubre de 2001, 14 de marzo de 2002 y 8 de septiembre de 2003), salvo que el hurto estuviera ya consumado, lo que no ocurre en este caso.
Por tanto, la violencia o intimidación pueden sobrevenir en cualquier momento de la dinámica comisiva, incluso durante el momento de la huida o persecución, en cuanto la primacía de lo lucrativo que justifica el delito complejo es más de naturaleza ideal que cronológica, y por tanto no es necesario que antecedan al hecho de la sustracción.
En relación con la calificación de las lesiones como delito leve debe estarse al resultado lesivo objetivado en el informe médico forenses, debiendo resaltarse que el mecanismo de producción de la misma, artículo 147 del texto punitivo, alude a cualquier medio o procedimiento.
La valoración probatoria realizada por el órgano judicial reúne las condiciones necesarias para su confirmación. Sólo cuando la apreciación de las pruebas practicadas en la instancia resulte absurda o irracional, o incurra en contradicciones obvias, resultará oportuno corregirla en el ámbito del recurso de apelación; tales circunstancias no concurren en este supuesto, en cuanto los razonamientos valorativos y explícitos en la sentencia recurrida se ajustan a las reglas de la lógica y a las máximas de experiencia común.
El recurrente en el uso legítimo de su derecho de defensa pretende hacer valer su propia versión, negando su participación en los mismos, que no puede prevalecer sobre la apreciación imparcial y debidamente motivada del órgano judicial, que en uso de las facultades legalmente establecidas en relación a la valoración probatoria ( art. 741 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal), ha reconocido credibilidad a las explicaciones efectuadas por los testigos, corroboradas en cuanto al resultado lesivo de uno de ellos por el informe médico forense unido a autos. En estas condiciones, el hecho de establecer unas conclusiones probatorias adversas al recurrente, analizando crítica y prudentemente el conjunto de medios probatorios practicados, no significa la violación de derecho alguno.
Se articula como motivo subsidiario de apelación, la falta de motivación de la pena impuesta, que lo ha sido en su mitad superior.
El respeto al principio de proporcionalidad en relación a la extensión de la pena es competencia del legislador, por cuya razón no puede entenderse como infringido si la pena impuesta se ajusta a la ley ( Sentencias del Tribunal Supremo de 8 de julio y 18 de septiembre de 1999, 15 de septiembre y 26 de octubre de 2001 y 6 de junio de 2002).
La fijación de las penas concretamente procedentes se ha llevado a cabo en el ámbito del margen legal reconocido, de acuerdo con lo establecido en los artículos 242.1, 62 y 66.1.regla 6ª del Código Penal.
La individualización decidida, tras la rebaja de dos grados por la perfección delictiva y por la menor entidad, respetando las aludidas indicaciones legales, lo ha sido en la mitad inferior y no en la superior como se aduce en el recurso, por lo no debe corregirse, salvo que concurran razonamientos arbitrarios o absurdos, que no es el caso.
Por todo lo expuesto, el recurso debe ser desestimado.
CUARTO.- Se declaran de oficio las costas procesales de esta alzada.
Fallo
Que con desestimación del recurso de apelación formulado por la representación procesal de Alberto , debemos confirmar y confirmamos la sentencia de fecha 4 de marzo de 2019 dictada por el Juzgado de lo Penal nº 17 de Madrid en el Juicio Oral celebrado en el seno del juicio rápido número 73/2019, manteniendo íntegramente todos sus pronunciamientos, y declarando de oficio las costas procesales causadas en esta segunda instancia.Notifíquese la presente sentencia a las partes haciéndolas saber que no es firme y que contra la misma podrán interponer recurso de casación ante la Sala Segunda del Tribunal Supremo, por infracción de ley del artículo 849.1 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal que deberá ser preparado ante este Tribunal en el plazo de los 5 días siguientes al de la última notificación, conforme a lo dispuesto en los arts. 212 y 847.1 b) de la citada Ley en su redacción dada por la ley 41/15 de 5 de octubre.
Así por esta nuestra Sentencia, de la que se llevará certificación al Rollo de Apelación, la pronunciamos, mandamos y firmamos.
PUBLICACION.- Leída y publicada que ha sido la anterior Sentencia en el mismo día de su fecha por los Iltmos. Sres. Magistrados-Jueces que la dictaron en Audiencia Pública, con la asistencia del Letrado/a de la Admón. de Justicia. Doy fe.

