Última revisión
23/06/2016
Sentencia Penal Nº 472/2016, Tribunal Supremo, Sala de lo Penal, Sección 1, Rec 1245/2015 de 01 de Junio de 2016
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Orden: Penal
Fecha: 01 de Junio de 2016
Tribunal: Tribunal Supremo
Ponente: SANCHEZ MELGAR, JULIAN ARTEMIO
Nº de sentencia: 472/2016
Núm. Cendoj: 28079120012016100481
Núm. Ecli: ES:TS:2016:2605
Núm. Roj: STS 2605:2016
Encabezamiento
En la Villa de Madrid, a uno de Junio de dos mil dieciséis.
En el recurso de casación por infracción de Ley y de precepto constitucional que ante Nos pende interpuesto por las representaciones legales de los acusados
Antecedentes
Adrian conocía perfectamente que llevaba esa droga escondida en su vehículo, pues desde el principio declaró que previamente se había puesto de acuerdo para pasarla por la frontera, con el coacusado Severino , mayor de edad, sin antecedentes penales y Agente de la Guardia Civil, que prestaba sus servicios profesionales como tal en dicho puesto fronterizo, (aunque ese día no lo hacía)- el cual le aseguró que no tendría obstáculo alguno para ello, porque le dejarían pasar sin más, indicándole el carril por el que debería hacerlo. Por realizar el transporte de esa droga Adrian , recibiría 5.000 euros. En el momento de realizar estos hechos, aparecía ejecutoriamente condenado por delito contra la salud pública, en su modalidad de sustancias que no causan grave daño a la salud, por sentencia de fecha 15 de Julio de 2005, recaída en la causa número 7/2.005, del Juzgado de Instrucción Dos de Leganés, Sección 15 ° de la Audiencia Provincial de Madrid, Aureliano , que venía en el coche acompañando a sus familiares para despedirlos en Melilla, desconocía por completo tales hechos, enterándose de la existencia de la droga cuando fue descubierta por la Guardia Civil.
Emilio desconocía por completo esa operación, habiéndose enterado de la existencia de la droga que iba escondida en el vehículo, al ser descubierta por la Guardia Civil.
En su momento líbrese oportuna certificación de la presente a la Delegación de Gobierno de esta Ciudad a los efectos que fueran procedentes respeto a Adrian .
'Que debemos rectificar y rectificamos el encabezamiento de la SENTENCIA de fecha siete de Abril de dos mil quince , en el sentido expresado en los Hechos de esta resolución.'
El recurso de casación formulado por la representación legal del acusado
Severino , se basó en los siguientes
Fundamentos
Recurso de Severino .
Como acertadamente expone el autor del recurso, este recurrente ha sido condenado en la instancia mediante la convicción judicial obtenida a través de cuatro pruebas introducidas en el acto del juicio oral: 1) la declaración del coimputado Adrian , condenado también en la sentencia recurrida; 2) la testifical del Agente de la Guardia Civil con TIP NUM005 ; 3) la testifical del Agente de la Guardia Civil con TIP NUM006 ; y 4) la testifical del Capitán de la Guardia Civil con TIP NUM007 .
En el acto del juicio oral, no prestó declaración el recurrente, acogiéndose a su derecho constitucional a no hacerlo.
Los hechos enjuiciados se refieren al paso fronterizo con el vehículo cargado con hachís, acto llevado a cabo por Adrian , quien nada más detenerlo declaró que tal acción le había sido encomendada por un Guardia Civil, concretamente dio los datos que apuntaban a este recurrente, por sus características físicas y por el vehículo cuya posesión ostentaba el referido Guardia Civil.
Ello determinó la intervención de las comunicaciones del ahora recurrente, si bien la pérdida del oficio policial y el Auto autorizante, aunque aportado por el propio Fiscal en el juicio oral, llevaron a declarar la nulidad de tal prueba y la consiguiente no utilización de su contenido en contra de aquel.
En la sentencia recurrida se lee en el cuarto fundamento jurídico, que Adrian narró en el plenario que el acusado, hoy recurrente, contactó con él en Nador, ofreció detalles de tal encuentro, señaló el precio que recibiría a cambio del transporte de hachís (cinco mil euros), y aunque, se dice, inicialmente, se produjo cierta confusión, al señalar a otro Guardia Civil, llamado Carlos Jesús , como la persona que contactó con aquel, señalan los jueces «a quibus» que todo quedó aclarado, y que en el acto del juicio oral, se produjo la identificación con toda seguridad del recurrente como aquel que le ofreció la posibilidad de llevar a cabo el transporte de droga por la frontera a cambio de precio.
Dice la Sala sentenciadora de instancia que tal declaración es: 1) incriminatoria o de cargo; 2) que contiene numerosos datos y detalles que la hacen verosímil y consistente; 3) que está corroborada por los elementos que nos referiremos a continuación; y 4) que no está prestada con ánimo de exculpación, pues también resulta condenado el autor de tal declaración.
La declaración del Guardia Civil NUM005 , señala que tras la detención de Adrian indica que un Guardia Civil le ha ofrecido el transporte de droga mediante precio, y da sus características físicas, que en un principio confunde con Carlos Jesús , al que une un parecido físico con Severino , pero que se aclaran cuando ofrece el dato del Hundai Santa Fe, que tiene este último, lo que determina la petición al juez de la intervención de sus comunicaciones telefónicas. Todo este aspecto de su declaración fue también corroborado por el Guardia Civil NUM006 , Alférez, quien aseguró que Adrian les dio fotografías, una de las cuales era precisamente de Severino , y que aunque en un principio lo confundió con Carlos Jesús , luego lo aclaró.
Finalmente, la declaración del Capitán de la Guardia Civil NUM007 , corrobora el dato de la entrega de las fotografías por parte del conductor del vehículo que atravesaba la frontera con droga. Este testigo se encontraba en el paso fronterizo en el momento de la detención de Adrian y declaró que le llamó la atención que la droga fuera escondida de manera «tan simple», dato revelador de la confianza con la que cuenta quien traspasaba de esa forma la frontera, e indicativa de que había sido contactado previamente por un Guardia Civil, lo que sugería que podía pasarla fácilmente. Ciertamente, también quedó probado que el día de los hechos, era Carlos Jesús quien se encontraba de servicio en el carril por el que transitaba Adrian en la frontera.
Veamos ahora la doctrina acerca del valor de las declaraciones incriminatorias de los coimputados.
Sin embargo, ambos Tribunales hemos llamado la atención acerca de la especial cautela que debe presidir la valoración de tales declaraciones a causa de la posición que el coimputado ocupa en el proceso, en el que no comparece como testigo, obligado como tal a decir la verdad y conminado con la pena correspondiente al delito de falso testimonio, sino como acusado y por ello asistido de los derechos a no declarar en su contra y a no reconocerse como culpable, por lo cual no está obligado legalmente a declarar, pudiendo callar total o parcialmente. Precisamente en atención a esas reticencias se ha afirmado que la declaración incriminatoria del coimputado carece de consistencia plena como prueba de cargo cuando, siendo única, no resulta mínimamente corroborada. Es la existencia de alguna corroboración lo que permite proceder a la valoración de esa declaración como prueba de cargo.
En definitiva, nos encontramos ante una prueba peculiar que exige un plus: unas condiciones externas, verificables desde fuera, más allá de que el proceso racional por el que un Tribunal llega a conferirles credibilidad esté fuertemente asentado y sea convincente.
En orden a superar las reticencias que derivan de la especial posición del coimputado, esta Sala ha establecido una serie de pautas de valoración que se mueven en cánones paralelos a los elaborados para las declaraciones de la víctima aunque, en palabras, entre otras, de la STS 513/2015, de 9 de septiembre , en este caso suponen algo más que simples orientaciones. Entre ellas y de manera especial la existencia de motivaciones espurias, lo que enlaza con las ventajas derivadas de la heteroimputación.
Como recuerda la STS 145/2015, de 8 de mayo , existe toda una tradición doctrinal que contempla con recelo el otorgamiento de beneficios por la delación. Ahora bien, no es extraña a esa política nuestra legislación: admitida por la ley esa mecánica, el intérprete no puede sustraerse a ella por la vía indirecta del ámbito procesal. Varios artículos del Código Penal de los que el 376 es un paradigma, así como la interpretación jurisprudencial de la atenuante analógica en relación con la confesión, acreditan que en nuestro derecho está admitida e incluso alentada en algunas parcelas esa forma de acreditamiento.
El hecho de que se deriven beneficios de la delación ha de ser sopesado pero no lleva ineludiblemente a negar valor probatorio a la declaración del coimputado. El Tribunal Constitucional ha afirmado que el testimonio obtenido mediante promesa de reducción de pena no comporta una desnaturalización que suponga en sí misma la lesión de derecho fundamental alguno. Igualmente ha expresado que la búsqueda de un trato de favor no excluye el valor de la declaración del coimputado, aunque en esos casos exista una mayor obligación de graduar la credibilidad (por todas STS 279/2000, de 3 de marzo ). La Decisión de inadmisión del TEDH de 25 de mayo de 2004 , recaída en el asunto CORNEILS v. Holanda abunda en esas ideas.
En la
STC 233/2002, de 9 de diciembre , se reitera el criterio de que la exigencia de corroboración se concreta en
Resume dicha resolución la doctrina consolidada del Tribunal Constitucional sobre esta materia, señalando que los rasgos que la definen son: a) la declaración incriminatoria de un coimputado es prueba legítima desde la perspectiva constitucional; b) la declaración incriminatoria de un coimputado es prueba insuficiente y no constituye por sí misma actividad probatoria de cargo mínima para enervar la presunción de inocencia; c) la aptitud como prueba de cargo mínima de la declaración incriminatoria de un imputado se adquiere a partir de que su contenido quede mínimamente corroborado; d) se considera corroboración mínima la existencia de hechos, datos o circunstancias externas que avalen de manera genérica la veracidad de la declaración; y d) la valoración de la existencia de corroboración mínima ha de realizarse caso por caso.
En el caso enjuiciado, la declaración incriminatoria del coimputado Adrian ha quedado corroborada por la declaración testifical de tres guardias civiles, el hecho de llevar el cargamento con la droga en condiciones perfectamente perceptibles, es decir, como el de alguien que traspasa la frontera con la confianza que le da quien es sabedor que el funcionario policial le dejará pasar, por haber convenido con él tal traspaso, e incluso ha sido el encargo realizado por tal Guardia Civil a cambio de precio, la dación de datos como el vehículo particular del agente, extremo este que se corresponde con su negociación en Nador, a tenor de sus propias declaraciones, y la aportación de fotografías, aspectos todos ellos que podemos considerar como la mínima corroboración que exige el Tribunal Constitucional, y esta propia Sala Casacional, por lo que el motivo no puede prosperar.
El resto de los motivos son meramente desarrollo del anterior: dice el recurrente que no ha podido conocer las fotografías aportadas por el propio Adrian y que condujeron a que la investigación policial se centrara en Severino . Pues, bien, tales fotografías son introducidas a través de la declaración de la prueba testifical de los propios agentes policiales, razón por la cual no existe vicio constitucional alguno. Tampoco hay documento alguno literosuficiente que acredite lo sostenido por el recurrente como «error facti» en que pudiera incurrir el Tribunal sentenciador.
En consecuencia, el recurso no puede prosperar.
Recurso de Jose Pablo .
En efecto, se trata de dos transportes de vehículos con droga (hachís), encargados, según los hechos probados de la sentencia recurrida, por este recurrente, a los coimputados Celso y Francisco .
Reproducida la doctrina anterior, veamos cuál es la argumentación de los jueces «a quibus» expresada en su fundamento jurídico quinto.
Señalan que, al igual que Severino , este acusado en el acto del plenario, se ha acogido a su derecho a no declarar. Su detención y puesta a disposición judicial se produjo cuando la investigación policial estaba ya prácticamente agotada y, en base a los datos e indicios que durante las tan repetidas escuchas telefónicas había ido obteniendo el equipo policial investigador, pero habiendo sido declaradas nulas, no pueden ser valoradas por el Tribunal sentenciador.
Para ello toma en consideración las declaraciones de los coacusados de
Celso y de
Francisco , de carácter incriminatorio, prestadas en sede del Juzgado de Guardia (folios 625 a 627 y 594 a 597, respectivamente),
Sigue argumentando la Sala sentenciadora de instancia que de tales declaraciones se desprende, en primer lugar, que no han sido prestadas por ningún tipo de animadversión, enemistad ni ningún otro móvil espurio. Baste afirmar para ello, que antes de ponerse en contacto para planificar las operaciones, no se conocían de nada. Que no pretendían con tales incriminaciones su autoexculpación, parece más que patente, por cuanto que los dos confesaron su culpabilidad desde el primer momento, habiendo resultado absolutamente estéril el esfuerzo de la Letrada defensora
El Tribunal sentenciador
Y concluye la Audiencia:
Este razonamiento debe ser considerado lógico y razonable, más allá, como hemos dicho en otras ocasiones, no se extiende nuestro control cuando de la vulneración de la presunción de inocencia se trata, si no quiere suplantarse lo que es objeto de la soberanía del Tribunal sentenciador, y también hemos dicho en nuestra STS 413/2003, de 21 de marzo , entre otras muchas, que no sería tolerable negar cualquier valor incriminatorio a toda una serie de declaraciones inculpatorias de coimputados, que narran toda una operación delictiva, al unísono, con aportación de detalles, aún cuando uno de los imputados -el ahora recurrente- negase totalmente los hechos por los que se le acusa. Tal proceder carecería de toda lógica, y es razonable pensar que unas declaraciones se refuerzan con las otras, y sirven de complemento corroborador a los efectos de reforzar la convicción judicial, junto a los datos objetivos que ya hemos visto fueron aportados en la causa y sometidos al control del plenario.
En consecuencia, este motivo no puede prosperar.
La jurisprudencia de esta Sala exige para que pueda estimarse este motivo, que concurran los siguientes requisitos: a) que se invoque tal error de hecho en la apreciación de las pruebas, de modo que tenga significación suficiente para modificar el sentido del fallo, pues en caso contrario estaríamos en presencia de una simple corrección de elementos periféricos o complementarios; b) que se citen con toda precisión los documentos en que se base la queja casacional, incorporados a la causa, con designación expresa de aquellos particulares de donde se deduzca inequívocamente el error padecido; c) que tales documentos sean literosuficientes, es decir, que basten por sí mismos para llegar a la conclusión acreditativa que se pretende, evidenciando el objeto de prueba sin necesidad de acudir a otras fuentes probatorias o a complejos desarrollos argumentales; d) que su eficacia probatoria no haya sido desvirtuada o contradicha merced a otras pruebas que obren igualmente en la causa; e) que el recurrente lleve a cabo, al menos, una mínima justificación argumental como causa de la impugnación; f) que el recurrente proponga una nueva redacción del 'factum' derivada del error de hecho denunciado en el motivo; y g) que tal rectificación del 'factum' no es un fin en sí mismo, sino un medio para crear una premisa distinta a la establecida y, consiguientemente, para posibilitar una subsunción jurídica diferente de la que se impugna.
Los documentos invocados carecen de cualquier valor literosuficiente, son meros actos testificales documentados que el Tribunal 'a quo' valora y pondera libremente, conforme a las prescripciones del artículo 741, los cuales carecen de virtualidad y operatividad en trance casacional, a excepción de los contados y excepcionales supuestos en que pueden tener aquella calidad.
Se trata de declaraciones testificales que no tienen tal característica, como tampoco lo tiene el acta del juicio oral, igualmente invocado como documento a estos efectos.
El motivo no puede prosperar.
El motivo se encuentra incurso en causa de inadmisión ( art. 884.3º de la Ley de Enjuiciamiento Criminal ) que ahora se traduce en desestimación, en tanto que el autor del recurso no respeta los hechos declarados probados, e insiste en que «no hay hecho probado alguno que pueda dar lugar a la aplicación del tipo penal que contempla el delito contra la salud pública por el que se condena».
Desde el plano de la individualización penológica, la Sala sentenciadora de instancia considera que este recurrente ha de responder por los alijos de hachís que se intervinieron a Celso y a Francisco , pues ha quedado probado que planificó con ellos y dirigió la preparación y el pase del alijo de hachís que a cada uno se intervino en el puesto de Melilla, cuando pretendían embarcar para regresar 'cargados' a la península. Para ello, primero tuvo un contacto personal con los mismos, en el que llegaron al acuerdo referido y luego, cuando los dos estaban en Melilla, les impartía telefónicamente las instrucciones precisas para que sus respectivos vehículos fueran cargados, para recogerlos después, tras embarcar.
El Tribunal sentenciador, a pesar de que se solicitaba para él por el Ministerio Fiscal, la comisión de dos delitos, fue condenado solamente por uno, al entender, como hace nuestra jurisprudencia, que el delito contra la salud pública ya comprende un concepto global de acción, que impide tal descomposición comisiva.
Por lo demás, la Sala sentenciadora de instancia entiende que, en realidad, lo que pretendía el ahora recurrente era transportar una gran cantidad de hachís, que dividió entre los dos transportes para de este modo lograr su propósito con mayor facilidad. De hecho, coincidieron dichos acusados en el viaje a Melilla, los dos permanecieron aquí el mismo tiempo y ambos regresaban igual. De hecho, fueron interceptados en un intervalo de cinco minutos en el control aduanero del puerto.
Dicho lo anterior, se está ya en condiciones de individualizar la pena que debe serle impuesta.
Respecto a la gravedad de los hechos enjuiciados, el dato de la mayor cantidad de hachís que la suma de los dos alijos representa y, por ende, de una mayor antijuridicidad.
La Audiencia, quizá cargando los adjetivos personales, pero haciendo nuestra y comprendiendo su argumentación jurídica, nos dice lo siguiente: «Desde el punto de vista de las circunstancias personales de este acusado, es de reseñar en primer lugar la ruindad que supone buscar a personas que se hallan en apuros económicos para llevar a cabo su criminal proyecto. Es lo que ha sucedido en este caso, habiendo declarado tanto Celso , como Francisco , que se decidieron a realizar este hecho porque estaban asfixiados por su situación de parados, agotados los subsidios en el caso de Celso , con cargas familiares de esposa e hijos y en el primero, además, su madre, debiendo afrontar ambos el pago de las cuotas mensuales del préstamo hipotecario que tenían. Su situación económico-familiar puede calificarse de desesperada. De aquí la mayor debilidad de los sujetos elegidos, que se podrían prestar con mayor facilidad, menores exigencias y, desde luego con más decisión a tan ilícita empresa. Pero es que, además recomienda a ambos que vayan acompañados de un amigo cada uno, para de este modo poder facilitar el pase, levantando menos sospechas que si lo hacían en solitario, lo que evidencia aún más el desprecio de Jose Pablo a la dignidad personal no sólo de estos dos amigos, que se buscaron aquellos, sino también de éstos mismos, que, prestándose a ejecutar tal empresa por las circunstancias antes dichas, lo hacen hasta el extremo de llegar a engañar a sus respectivos acompañantes, traicionando así la amistad que tenían con los mismos. Todo ello, lleva a esta Sala a la conclusión de que la conducta del coacusado Jose Pablo merece también un mayor reproche penal, debiendo serle impuesta, en definitiva, la pena de cuatro años de prisión, con su accesoria legal y la de multa de 400.000 euros, con el arresto sustitutorio que luego se dirá».
En consecuencia, estando razonada con lógica la mayor exasperación penológica, el motivo no puede prosperar, y con él, todo su recurso.
Fallo
Que debemos declarar y declaramos
Comuníquese la presente resolución a la Audiencia de procedencia, con devolución de la causa que en su día remitió, interesándole acuse de recibo
Así por esta nuestra sentencia, que se publicará en la Colección Legislativa lo pronunciamos, mandamos y firmamos Julian Sanchez Melgar Jose Ramon Soriano Soriano Alberto Jorge Barreiro Pablo Llarena Conde Joaquin Gimenez Garcia
