Regulación de los delitos contra el orden público del Título XXII del Libro II del Código Penal

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  • Estado: Redacción actual VIGENTE
  • Orden: Penal

El Título XXII "Delitos contra el orden público" está compuesto por los siguientes Capítulos:

Capítulo I "Sedición"
Capítulo II "De los atentados contra la autoridad, sus agentes y los funcionarios públicos, y de la resistencia y desobediencia"
Capítulo III "De los desórdenes públicos"
Capítulo IV "Disposición común a los capítulos anteriores"
Capítulo V "De la tenencia, tráfico y depósito de armas, municiones o explosivos"
Capítulo VI "De las organizaciones y grupos criminales"
Capítulo VII "De las organizaciones y grupos terroristas y de los delitos de terrorismo"

NOVEDAD: La Ley Orgánica 1/2015, de 30 de marzo,  suprimen los Art. 552 ,CPArt. 555 ,CP, y modifica los siguientes artículos: Art. 550 ,CP,  Art. 551 ,CP, modifica los Art. 554 ,CP, Art. 556 ,CPArt. 557 ,CP, crea un Art. 557 bis ,Código penal, otro Art. 557 ter ,Código penal; modifica el Art. 559 ,CP, el Art. 561 ,CP, el Art. 566 ,CP, el Art. 567 ,CP, el Art. 570 bis ,Código penal, el Art. 570 ter ,Código penal.

La rúbrica del Título XXII del nuevo Código Penal, “Delitos contra el orden público”, responde a una tradición legislativa nacida en el Código Penal de 1870, que denominaba de esta forma el Título III del Libro II y en el que incluía, entre otros delitos, la rebelión, sedición, atentados, desacatos y desórdenes públicos. El Código Penal de 1944, al suprimir este título, incluyó los delitos mencionados dentro de una rúbrica más amplia, concretamente en el Título II (“Delitos contra la seguridad interior del Estado”), dándole un contenido eminentemente político, que se ha mantenido hasta el Código Penal de 1995.

Como señala la doctrina, el concepto de orden público ha sido tradicionalmente difícil de establecer, especialmente por su aptitud para legitimar cualquier intervención del poder público, y, consecuentemente, para ser puesto al servicio de regímenes autoritarios en la limitación de las libertades, ampliándose extraordinariamente el concepto de orden público hasta identificarse prácticamente con el orden jurídico y político establecido que se altera ante la falta de acatamiento por parte de los ciudadanos.

Se añade además que el rechazo a esta concepción omnicomprensiva ha conducido al establecimiento de un concepto estricto de orden público, como equivalente a la paz y la tranquilidad en las manifestaciones externas de la convivencia colectiva. Este carácter restrictivo del concepto le hace, en principio, adecuado para centrar en él la protección penal propia de un Estado democrático.

Sin embargo, si analizamos los delitos que comprende el Título XXII del nuevo Código Penal podemos observar que algunas figuras delictivas no se corresponden con este concepto restrictivo de orden público como equivalente a la protección de la tranquilidad de los ciudadanos. De esta manera, los delitos de atentado, resistencia y desobediencia o la tenencia, tráfico y depósito de armas, municiones o explosivos no tienen que ir necesariamente unidos a una finalidad de alteración del orden.

Las infracciones que constituyen los delitos contra el orden público (en los que incluye la rebelión, sedición, atentado, resistencia y desobediencia, desacatos, desórdenes públicos y tenencia y depósito de armas y municiones y tenencia de explosivos) se caracterizan por el mantenimiento de la tranquilidad o la paz en las manifestaciones colectivas de la vida ciudadana. Concepción ésta del orden público, de carácter restringido que era la que predominaba en el Código Penal de 1870, aunque este concepto no es tenido en cuenta por el legislador de 1973 al regular esta materia, pues en algunos de estos delitos se utilizan otros criterios.

La jurisprudencia del Tribunal Supremo precisa que el concepto de paz y orden público no puede ni tiene la misma consideración en una sociedad democrática que en un régimen autoritario en el que prima el concepto de orden por encima de otros valores como los derechos individuales que no estima dignos de protección, sitúa el fundamento del orden político y la paz social en el respeto a la dignidad de la persona y los derechos inviolables que le son inherentes, sin perjuicio del respeto a la Ley y a los derechos de los demás.

 

REGULACIÓN ANTERIOR A LA REFORMA:

Los delitos de rebelión, que el C.P. de 1973 recogía dentro de los delitos contra la seguridad interior del Estado, junto con la sedición, atentado, resistencia y desobediencia, desacatos, desórdenes públicos y tenencia y depósito de armas o municiones y tenencia de explosivos, entre otros, pasan al Título XXI (“Delitos contra la Constitución”), ubicados en el Capítulo I (Art. 472 ,CP a Art. 484 ,CP). Por otra parte, desaparecen los delitos de desacato, que se regulaban en artículos 240 a 245 del C.P. de 1973.

En cuanto a la primera cuestión, conviene resaltar que son distintos los fines perseguidos del Art. 544 ,CP (sedición) y del Art. 472 ,CP (rebelión).

En la sedición, la finalidad es impedir por la fuerza o fuera de las vías legales la aplicación de las leyes o a cualquier autoridad, corporación oficial o funcionario público, el legítimo ejercicio de sus funciones o el cumplimiento de sus acuerdos, o de las resoluciones administrativas o judiciales, en tanto que en la rebelión se pretenden conseguir alguno de los siguientes fines: derogar, suspender o modificar total o parcialmente la Constitución, destituir o despojar en todo o parte de sus prerrogativas y facultades al Rey o al Regente o miembros de la Regencia, u obligarles a ejecutar un acto contrario a su voluntad; impedir la libre celebración de elecciones para cargos públicos; disolver las Cortes Generales, el Congreso de los Diputados, el Senado o cualquier Asamblea Legislativa de una Comunidad Autónoma, impedir que se reúnan, deliberen o resuelvan, arrancarles alguna resolución o sustraerles alguna de sus atribuciones o competencias; declarar la independencia de una parte del territorio nacional; sustituir por otro el Gobierno de la Nación o el Consejo de Gobierno de una Comunidad Autónoma, o a cualquiera de sus miembros de sus facultades, o impedirles o coartarles su libre ejercicio, u obligar a cualquiera de ellos a ejecutar actos contrarios a su voluntad y, por último, sustraer cualquier clase de fuerza armada a la obediencia del Gobierno.

GARCÍA SAN PEDRO pone de manifiesto que, siendo distintos los fines perseguidos en los Art. 472 ,CP y Art. 544 ,CP, unido a que, sistemáticamente, en la nueva redacción, la rebelión se contempla como un delito contra la Constitución (Título XXI), mientras que la sedición constituye un delito contra el orden público (Título XXII), de forma que, mientras la rebelión ahora afecta al orden constitucional, es decir, al orden público como orden político, la sedición afecta al orden público como orden jurídico (en el mismo sentido, la S.T.S. de 10 de noviembre de 1980), parece que debía bastar para establecer las diferencias entre ambos delitos.

Sin embargo, desde una perspectiva histórica, ambas figuras han llevado un camino paralelo al haberse considerado siempre como delitos contra el orden público, llegando incluso a considerarse, tanto en la doctrina como en la jurisprudencia, a la sedición como “rebelión en pequeño”. Probablemente por ello, concluye, la expresión “sin estar comprendidos en el delito de rebelión” (que utiliza el Art. 544 ,CP) expresa el recelo del legislador ante la tradicional concomitancia entre ambos delitos, de tal manera que con la citada expresión ha tratado de bloquear cualquier posible interpretación tendente a posibilitar un concurso aparente de normas entre ambos delitos, por ejemplo, que alguno de los fines del Art. 472 ,CP puede ser entendido como «impedir [...] la aplicación de las leyes» a que se refiere el Art. 544 ,CP.

Conviene también poner de relieve la disposición contenida en el Art. 562 ,CP, que integra el Capítulo IV del Título XXII, aplicable a los delitos expresados en los capítulos anteriores (sedición, atentado, maltrato a Fuerza Armada, resistencia y desobediencia y desórdenes públicos), en donde se establece que en el supuesto de hallarse constituido en autoridad el que cometa cualquiera de los delitos mencionados, la pena de inhabilitación que estuviese prevista en cada caso se sustituirá por la inhabilitación absoluta por tiempo de diez a quince años, salvo que dicha circunstancia esté específicamente contemplada en el tipo penal de que se trate (V. atentados contra autoridades, sus agentes y funcionarios; terrorismo; desórdenes públicos; maltrato de obra a centinela o fuerza armada; rebelión; desobediencia; tenencia y tráfico de armas y explosivos; sedición).  

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Sedición
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Delito de terrorismo
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Delitos contra la Constitución
Delitos de rebelión
Voluntad
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Desobediencia a la autoridad
Cargos públicos
Malos tratos
Tipo penal
Armas y explosivos
Inhabilitación absoluta
Tráfico de armas
Terrorismo
Maltrato de obra