Las pretensiones de las partes en el orden Contencioso-Administrativo, según la Ley 29/1998, de 13 de julio, reguladora de la jurisdicción Contencioso-Administrativa

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  • Estado: Redacción actual VIGENTE
  • Orden: Administrativo
  • Fecha última revisión: 06/02/2017

Las pretensiones de las partes en el orden Contencioso-Administrativo se encuentran reguladas en los Art. 31-33 ,Ley 29/1998, de 13 de julio. El tema guarda estrecha relación, por otro lado, con el principio de congruencia de la sentencia.

Los Art. 31-33 ,Ley 29/1998, de 13 de julio, preceptos integrantes del Capítulo II del Título III de la norma, se ocupan de regular las “Pretensiones de las partes” en el orden jurisdiccional contencioso-administrativo. De este modo, el Art. 31 ,Ley 29/1998, de 13 de julio establece que:

  • El demandante podrá pretender la declaración de no ser conformes a Derecho y, en su caso, la anulación de los actos y disposiciones susceptibles de impugnación según el capítulo precedente.

  • También podrá pretender el reconocimiento de una situación jurídica individualizada y la adopción de las medidas adecuadas para el pleno restablecimiento de la misma, entre ellas la indemnización de los daños y perjuicios, cuando proceda.

Por otro lado, el Art. 32 ,Ley 29/1998, de 13 de julio señala lo siguiente:

  • Cuando el recurso se dirija contra la inactividad de la Administración pública, conforme a lo dispuesto en el Art. 29 ,Ley 29/1998, de 13 de julio, el demandante podrá pretender del órgano jurisdiccional que condene a la Administración al cumplimiento de sus obligaciones en los concretos términos en que estén establecidas.

  • Si el recurso tiene por objeto una actuación material constitutiva de vía de hecho, el demandante podrá pretender que se declare contraria a Derecho, que se ordene el cese de dicha actuación y que se adopten, en su caso, las demás medidas previstas en el apartado 2 del Art. 31 ,Ley 29/1998, de 13 de julio.

Al hilo del mismo tema, prosigue el Art. 33 ,Ley 29/1998, de 13 de julio diciendo que:

  • Los órganos del orden jurisdiccional contencioso-administrativo juzgarán dentro del límite de las pretensiones formuladas por las partes y de los motivos que fundamenten el recurso y la oposición.

  • Si el Juez o Tribunal, al dictar sentencia, estimare que la cuestión sometida a su conocimiento pudiera no haber sido apreciada debidamente por las partes, por existir en apariencia otros motivos susceptibles de fundar el recurso o la oposición, lo someterá a aquéllas mediante providencia en que, advirtiendo que no se prejuzga el fallo definitivo, los expondrá y concederá a los interesados un plazo común de diez días para que formulen las alegaciones que estimen oportunas, con suspensión del plazo para pronunciar el fallo. Contra la expresada providencia no cabrá recurso alguno.

  • Esto mismo se observará si, impugnados directamente determinados preceptos de una disposición general, el Tribunal entendiera necesario extender el enjuiciamiento a otros de la misma disposición por razones de conexión o consecuencia con los preceptos recurridos.

Lo anteriormente transcrito conecta, directamente, con el llamado principio de congruencia, expresado también en el Art. 67 ,Ley 29/1998, de 13 de julio (“La sentencia … decidirá todas las cuestiones controvertidas en el proceso”) y, en virtud de la supletoriedad de esta norma, con el Art. 218 ,LEC (“Las sentencias deben ser claras, precisas y congruentes con las demandas y con las demás pretensiones de las partes, deducidas oportunamente en el pleito. Harán las declaraciones que aquéllas exijan, condenando o absolviendo al demandado y decidiendo todos los puntos litigiosos que hayan sido objeto del debate”).

De lo dispuesto en el apartado 2 del Art. 33 ,Ley 29/1998, de 13 de julio, cabe decir que, el principio de congruencia guarda una relación directa con el de contradicción, puesto que en el dicho artículo se señala que el Juez o Tribunal antes de dictar sentencia deberá someter a la contradicción de las partes, formulando las correspondientes alegaciones al respecto, aquellas cuestiones que aprecie de oficio y sobre las que las partes no se hayan pronunciado con anterioridad. Sin embargo, hay que puntualizar aquí que hay que diferenciar entre meras alegaciones y aquellas pretensiones que requieren de forma obligada una respuesta congruente por parte del Tribunal. Así lo explica el Tribunal Constitucional en la Tribunal Constitucional, nº 8/2004, de 09/02/2004, Rec. Recurso de amparo 4260/1999 y 4941/1999 (acumulado: “(…) debe distinguirse entre lo que son meras alegaciones o argumentaciones aportadas por las partes en defensa de sus pretensiones y estas últimas en sí mismas consideradas. Respecto de las alegaciones, y salvo que se trate de la invocación de un derecho fundamental (Tribunal Constitucional, nº 189/2001, de 24/09/2001, Rec. Recurso de amparo 2057/1997, FJ 1), puede no ser necesaria una respuesta explícita y pormenorizada de todas ellas, pudiendo bastar, en atención a las particulares circunstancias concurrentes, con una respuesta global o genérica, aunque se omita respecto de alegaciones concretas no sustanciales. Respecto de las pretensiones, en cambio, la exigencia de respuesta congruente se muestra con todo rigor, sin más excepción que la de una desestimación tácita de la pretensión, de modo que del conjunto de razonamientos de la decisión pueda deducirse, no ya que el órgano judicial ha valorado la pretensión, sino además los motivos de la respuesta tácita (por todas, Tribunal Constitucional, nº 85/2000, de 27/03/2000, Rec. Recurso de amparo 3.865/1997, FJ 3)”.

Al hilo de lo mismo, la TS, Sala de lo Contencioso, de 05/11/1992, Rec. 54/1991, ya señaló los criterios para apreciar la congruencia de las sentencias, advirtiendo que en la demanda contencioso-administrativa se albergan pretensiones de índole varia, de anulación, de condena etc., que las pretensiones se fundamentan a través de concretos motivos de impugnación o cuestiones, y, que las cuestiones o motivos de invalidez aducidos se hacen patentes al Tribunal mediante la indispensable argumentación jurídica. En consecuencia, se decía que "argumentos, cuestiones y pretensiones son, por tanto, discernibles en el proceso administrativo, y la congruencia exige del Tribunal que éste no solamente se pronuncie sobre la pretensiones, sino que requiere que lo haga sobre la base de los motivos de impugnación y de las correlativas excepciones u oposición que se han planteado ante el órgano jurisdiccional. No así sucede con los argumentos jurídicos, que no integran la pretensión ni constituyen, en rigor, cuestiones, sino el discurrir lógico-jurídico de las partes, que el Tribunal no viene imperativamente obligado a seguir en un iter paralelo a aquel discurso" .

Es también especialmente ilustrativa la TS, Sala de lo Contencioso, de 20/07/2012, Rec. 4190/2010, que señala:

“(…) la congruencia de la sentencia presupone la confrontación entre su parte dispositiva y el objeto del proceso, delimitado por sus elementos subjetivo (partes) y objetivo ( petitum y causa de pedir). La adecuación o correspondencia que la congruencia impone debe extenderse tanto al resultado o efecto jurídico que el litigante pretende obtener con el pronunciamiento judicial postulado ( "petitum" ) como a los hechos que sustentan la pretensión y nutren su fundamento ( "causa pretendi" ). Por tanto, ambas conjuntamente, delimitan, pues, el alcance objetivo de la resolución judicial, debiendo, no obstante, añadirse para precisar el alcance del requisito de la congruencia que examinamos, dos consideraciones: a) Que la congruencia procesal es compatible con el principio "iura novit curia" en la formulación por los Tribunales de sus razonamientos jurídicos; y b), Que la incongruencia es relevante, incluso, desde la perspectiva del derecho a la tutela efectiva y del derecho de defensa constitucionalmente reconocidos ( artículo 24.1 y 2 Constitución Española ), cuando como consecuencia de ella se produce una modificación de los términos del debate procesal, con quiebra del principio de contradicción y menoscabo del fundamental derecho de defensa. Por ello ( STC 8/2004 de 9 de febrero ) se ha insistido en que es "preciso ponderar las circunstancias concurrentes en cada caso para determinar ... si el silencio de la resolución judicial representa una auténtica lesión del derecho reconocido en el artículo 24.1 CE o si, por el contrario, puede interpretarse razonablemente como una desestimación tácita que satisface las exigencias de la tutela judicial efectiva".

En lo que respecta a la relación del principio de congruencia con el principio "iura novit curia" ("el tribunal conoce el derecho") y el derecho a tutela efectiva y a la defensa, la Tribunal Constitucional, nº 20/1982, de 05/05/1982, Rec. Recurso de amparo 405/1981 establece lo siguiente: “La doctrina sobre la congruencia, que según lo dicho puede en algunas especiales ocasiones determinar una violación del art. 24 de la Constitución, por inobservancia del derecho de defensa, es perfectamente compatible con el principio tradicional según el cual iura novit curia. Los Tribunales no tienen necesidad, ni tampoco obligación, de ajustarse en los razonamientos jurídicos que les sirven para motivar sus fallos a las alegaciones de carácter jurídico aducidas por las partes y pueden basar sus decisiones en fundamentos jurídicos distintos, pues la tradicional regla encarnada en el aforismo iura novit curia les autoriza para ello. La congruencia o incongruencia de una Sentencia ha de estimarse mediante la confrontación de la parte dispositiva con los términos en que en las demandas o en los escritos fundamentales del pleito se configuran las acciones o las excepciones ejercitadas. Para ello, hay que tener en cuenta que la acción no es sólo el resultado que el litigante pretende obtener -lo que pide al Tribunal-, sino también el fundamento jurídico en virtud del cual pide o causa petendi. Por ello, la jurisprudencia del Tribunal Supremo ha señalado con reiteración, que, así como no puede la Sentencia rebasar la extensión de lo pedido, según prescribe el clásico aforismo según el cual ne est iudex ultra petitum partium, no puede tampoco modificar la causa de pedir y a través de ella llevar a cabo una alteración de la acción ejercitada, pues si ejercitada una acción y producida una defensa frente a ella, estimara el Tribunal otra acción diferente tal Sentencia se habría dictado sin verdadera contradicción y sin que en el punto objeto de la resolución hubiera existido debate ni defensa. Por eso dijo la Sentencia del Tribunal Supremo de 24 de mayo de 1974 que no puede pretenderse bajo el principio iura novit curia que el Tribunal pueda cambiar la acción ejercitada”. Por su parte, la Tribunal Constitucional, nº 114/2003, de 16/06/2003, Rec. Recurso de amparo 2198-2000 apunta que "el vicio de incongruencia ... puede entrañar una vulneración del principio de contradicción constitutiva de una efectiva denegación del derecho a la tutela judicial efectiva, siempre y cuando la desviación sea de tal naturaleza que suponga una sustancial modificación de los términos en los que discurra la controversia procesal (SSTC 215/1999, de 29 de noviembre, FJ 3; 5/2001, de 15 de enero, FJ 4; 237/2001, de 18 de diciembre, FJ 6; 135/2002, de 3 de junio, FJ 3). El juicio sobre la congruencia de la resolución judicial precisa de la confrontación entre su parte dispositiva y el objeto del proceso delimitado por sus elementos subjetivos -partes- y objetivos -causa de pedir y petitum- de tal modo que la adecuación debe extenderse tanto a la petición como a los hechos que la fundamentan (SSTC 219/1999, de 29 de noviembre, FJ 3; 5/2001, de 15 de enero, FJ 4)".

 

 

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Principio iura novit curia
Daños y perjuicios
Indemnización del daño
Inactividad de la Administración
Vía de hecho
Derecho de defensa
Causa petendi
Tutela
Objeto del proceso
Principio de contradicción
Derecho a la tutela judicial efectiva
Quiebra
Violación
Vicio de incongruencia