Sentencia Penal 299/2024 ...o del 2024

Última revisión
03/10/2024

Sentencia Penal 299/2024 Audiencia Provincial Penal de Girona nº 3, Rec. 466/2024 de 13 de mayo del 2024

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Orden: Penal

Fecha: 13 de Mayo de 2024

Tribunal: AP Girona

Ponente: MANUEL IGNACIO MARCELLO RUIZ

Nº de sentencia: 299/2024

Núm. Cendoj: 17079370032024100155

Núm. Ecli: ES:APGI:2024:1265

Núm. Roj: SAP GI 1265:2024


Encabezamiento

AUDIENCIA PROVINCIAL

SECCIÓN TERCERA (PENAL)

GIRONA

ROLLO DE APELACIÓN Nº 466/2024

P.A. Nº 78/2022

JUZGADO PENAL Nº 5 DE GIRONA

SENTENCIA Nº 299/2024

Ilmos. Sres.:

MAGISTRADOS:

Dª. SONIA LOSADA JAÉN

D. JUAN MORA LUCAS

D. MANUEL IGNACIO MARCELLO RUIZ

Girona, a trece de mayo de dos mil veintuatro

VISTOSante esta Sala los recursos de apelación interpuestos contra la sentencia dictada el día 19/1/2024 por el Sr. Juez del Juzgado Penal nº 5 de Girona, en el Juicio nº 78/2022 seguido por delito de daños. Habiendo sido parte recurrente TRANSPORTES VILLAMUR ICE S.L., representada por la procuradora Sra. FRANCINA PASCUAL SALA y asistido de la letrada Sra. MARÍA DOLORES BARÓN QUINTERO. Habiendo sido impugnado por el MINISTERIO FISCAL.

Ha actuado como Ponente el Ilmo. Sr. Magistrado D. MANUEL IGNACIO MARCELLO RUIZ, quien expresa el parecer unánime del Tribunal.

Antecedentes

PRIMERO.-En la indicada sentencia se dictó el Fallo que copiado literalmente es como sigue:

"Absuelvo a Lautaro del delito de daños del cual venían siendo acusado y declaro de oficio las costas de este pleito.

SEGUNDO.-Se admiten los hechos que se declaran probados de la Sentencia apelada.

Fundamentos

PRIMERO.-El recurso interpuesto por la representación procesal de TRANSPORTES VILLAMUR ICE S.L., solicita la nulidad de la sentencia dictada, lo que apoya en un supuesto error en la valoración de la prueba una supuesta vulneración del derecho a la tutela judicial efectiva por falta de motivación; lo que derivaría, según el recurso, de que la valoración de la prueba seria incompleta e irracional.

El Ministerio Fiscal por su parte, solicita que se desestime el recurso, por ser la resolución ajustada a Derecho; lo que fundamenta en los argumentos de su escrito, que por brevedad procesal daremos por reproducidos.

SEGUNDO.- 1-Al amparo de la nueva regulación del recurso de apelación introducida por Ley 41/2015, de 5 de octubre, TRANSPORTES VILLAMUR ICE S.L., solicita la nulidad de la sentencia dictada; por entender que el juez a quono se ha pronunciado sobre los hechos ocurridos el día 29-10-2019 en el taller de la recurrente en presencia del testigo Sr. Omar. Así mismo la solicita por entender que los hechos son subsumibles en un delito de daños, es decir, en este punto solicita la nulidad por error en la valoración de la prueba; una petición cuyo análisis, para nosotros y como sucede con cualquier otra petición de nulidad intentada contra una sentencia absolutoria, debe hacerse teniendo en consideración las siguientes premisas:

1) El derecho a la doble instancia penal está reconocido, en el Convenio Europeo de Derechos Humanos, a los condenados en primera instancia penal; así, el Protocolo nº 7 del CEDH, firmado en Estrasburgo el día 22/11/1984, establece en su artículo 2.1: "Toda persona declarada culpable de una infracción penal por un tribunal tendrá derecho a que la declaración de culpabilidad o la condena sea examinada por una jurisdicción superior. El ejercicio de ese derecho, incluidos los motivos por los cuales pueda ser ejercitado, se regularán por ley".Mientras que no existe convenio internacional alguno que reconozca -en los mismos términos- a la acusación, ya sea pública, particular o popular, un pretendido derecho a intentar, por segunda o ulterior vez, obtener una condena contra el absuelto en primera instancia.

2) Ahondando aún más en dicho concepto, sentencias del TEDH como la Igual Coll vs. España, de 10/3/2009 (o la archiconocida STEDH de 27/6/2000, caso Constantinescu vs. Rumanía), han incidido en que, en nuestro país y al no existir un recurso de apelación sustanciado como un nuevo juicio completo ante el tribunal ad quem,resulta casi imposible la condena en segunda instancia de quien haya sido absuelto en la primera. Así, solo cabrá en el supuesto excepcional más arriba mencionado: cuando la condena se base en los mismos hechos declarados probados en la primera instancia, sin modificar en ellos ni una simple coma; es decir, por la vía de interpretarlos de un modo distinto desde un punto de vista jurídico. Como nos recuerda el TEDH, "En las circunstancias particulares del caso, a saber, la absolución del demandante en primera instancia después de una audiencia pública, durante la cual varias pruebas, tanto documentales, como extractos bancarios de la cuenta de depósito judicial, y como la declaración del demandante, el Tribunal considera que su condena en apelación por la Audiencia Provincial, sin ser escuchado personalmente, no cumple con los requisitos de un juicio justo garantizado por el artículo 6 § 1 de la Convención"(Punto 37 de la citada STEDH Igual Coll vs. España).

3) La reforma de la LECrim, operada por Ley 41/2015, de 5 de octubre, introdujo en el artículo 790.2 de la ley rituaria la posibilidad de pedir la nulidad de sentencias absolutorias por error en la valoración de la prueba; pero, como no podía ser de otro modo, lo hizo basándose en aquel mismo principio pro reo,no tanto para crear una nueva vía que permitiese "revisar" las sentencias de tal clase. Así, el punto IV de su Exposición de Motivos nos dice que "Pese a que la Ley Orgánica del Poder Judicial establece las oportunas previsiones orgánicas para la generalización de la segunda instancia en el proceso penal, en desarrollo del derecho reconocidopor el artículo 14.5 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos , conforme al cual todo condenado por delito podrá someter a revisión la causa ante un tribunal superior,la ausencia de regulación procesal del recurso de apelación contra las sentencias dictadas por las Audiencias Provinciales y por la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, previa celebración de juicio ante dichos órganos judiciales, mantiene una situación insatisfactoria que, al tener que compensarse con mayor flexibilidad en el entendimiento de los motivos del recurso de casación, desvirtúa la función del Tribunal Supremo como máximo intérprete de la ley penal".

Lo anterior debe conducirnos, naturalmente, a extremar la cautela a la hora de convertir una decisión inicial absolutoria en una posible condena a posteriori,incluso si es por la vía de "devolverla" a la primera instancia, para que sea allí donde se haga la modificación; una cautela que, además, obliga a interpretar restrictivamente las posibles causas de nulidad de las sentencias absolutorias. Pues a nadie se le escapa que la anulación de una sentencia absolutoria puede llevar implícita una invitación al juez a quopara que reconsidere su postura; dado que en modo alguno puede el tribunal ad quem,vista la jurisprudencia citada, reinterpretar la prueba para cambiar la decisión absolutoria inicial, y condenar él al acusado. Por ello, si el tribunal de apelación anula una sentencia absolutoria empleando argumentos únicamente basados -a la práctica- en que ellos/as hubiesen valorado la prueba de otro modo, corre el riesgo de ejercer sobre el juez a quouna presión a todas luces indebida, y desde luego por completo contraria al espíritu del artículo 741 LECrim; no digamos ya a los principios que informan el CEDH. Ese mismo principio general pro reode la doble instancia penal, por cierto, nos ha llevado también a descartar algunas opciones con las que, para "facilitar" la revocación de absoluciones en primera instancia, determinados autores habían especulado. Como es por ejemplo la de convocar, en segunda instancia y por la vía prevista en el último inciso del artículo 791.1 LECrim ("También podrá celebrarse vista cuando, de oficioo a petición de parte, la estime el Tribunal necesaria para la correcta formación de una convicción fundada") al absuelto, a fin de darle opción a declarar ante el tribunal ad quem;el cual, tras oír dicha declaración, ya podría condenarle sin violar la jurisprudencia del TEDH antes citada. Es fácil ver, sin embargo, que hacer eso podría suponer un ejercicio de mala fe procesal que, si no contra la letra del CEDH, sin duda iría contra su espíritu; como otros autores han sostenido, no sin ironía, dicha vista para así poder condenarbien podría iniciarse usando el presidente de una chanza ya famosa, por lo muy repetida: "¡Que pase el condenado!".

2-Sin duda consciente de lo razonado hasta aquí, el legislador ha impuesto duras condiciones a quien pretenda, simplemente por no estar de acuerdo con la valoración de la prueba que ha hecho el tribunal a quo,ver anulada una sentencia absolutoria. Por lo ya dicho, y además porque tal desacuerdo se dará, sin duda, en casi el ciento por ciento de los casos; ya que, si la valoración de la prueba que la acusación hacía ex anteya hubiese apuntado, necesariamente, a un resultado absolutorio, solo la ignorancia -o la mala fe, claro- podrían haberla llevado a pedir la condena del acusado. Y es obvio que en nadie puede presumirse tal cosa. En concreto, estas son las condiciones que impone la nueva redacción del artículo 790.2 LECrim: "Cuando la acusación alegue error en la valoración de la prueba para pedir la anulación de la sentencia absolutoria o el agravamiento de la condenatoria, será preciso que se justifiquela insuficiencia o la falta de racionalidad en la motivación fáctica, el apartamiento manifiesto de las máximas de experiencia, o la omisión de todo razonamiento sobre alguna o algunas de las pruebas practicadas que pudieran tener relevancia, o cuya nulidad haya sido improcedentemente declarada".

Analicemos con más detalle los cinco supuestos que la norma recoge. El primero, insuficiencia en la motivación, no es ninguna novedad, pues ya la STC 92/2007 nos recordaba que "a) El requisito de la motivación de las resoluciones judiciales halla su fundamento en la necesidad de conocer el proceso lógico-jurídico que conduce al fallo, y de controlar la aplicación del Derecho realizada por los órganos judiciales a través de los oportunos recursos, a la vez que permite contrastar la razonabilidad de las resoluciones judiciales. Actúa, en definitiva, para permitir el más completo ejercicio del derecho de defensa por parte de los justiciables, quienes pueden conocer así los criterios jurídicos en los que se fundamenta la decisión judicial, y actúa también como elemento preventivo de la arbitrariedad en el ejercicio de la jurisdicción; b) El deber de motivación de las resoluciones judiciales no autoriza a exigir un razonamiento jurídico exhaustivo y pormenorizado de todos los aspectos y perspectivas que las partes puedan tener de la cuestión que se decide o, lo que es lo mismo, no existe un derecho del justiciable a una determinada extensión de la motivación judicial ( SSTC 175/1992 , 105/1997 o 224/1997 ), sino que deben considerarse suficientemente motivadas aquellas resoluciones judiciales que contengan, en primer lugar, los elementos y razones de juicio que permitan conocer cuáles han sido los criterios jurídicos esenciales que fundamentan la decisión,es decir, la ratio decidendi que ha determinado aquélla ( STC 165/1999, de 27 de septiembre ), y, en segundo lugar, una fundamentación en Derecho ( SSTC 147/1999, de 4 de agosto , y 173/2003, de 29 de septiembre ); c) La suficiencia de la motivación no puede ser apreciada apriorísticamente con criterios generales, sino que requiere examinar el caso concreto para ver si, a la vista de las circunstancias concurrentes, se ha cumplido o no este requisito de las resoluciones judiciales (por todas, SSTC 2/1997, de 13 de enero, FJ 3 ; 139/2000, de 29 de mayo , FJ 4)".No es necesario, por ello, que nos detengamos mucho en este punto, pues ha recaído desde entonces mucha jurisprudencia sobre el tema.

El segundo, la falta de racionalidad en la motivación fáctica, tampoco parece que necesite de mucha explicación, pues el concepto de racionalidad se puede definir por mero descarte: será racional cualquier "acto de discurrir el entendimiento" (así lo define la RAE) que no resulte absurdo. Y a nadie se le escapa lo que es absurdo: por poner unos ejemplos, sería sin duda irracional una sentencia que acogiese la tesis de que el autor del delito fue, en realidad, un tercero que, según se declarase en la propia resolución, había muerto el día antes de cometerse aquel; o una que sostuviera que determinado testigo tuvo que decir la verdad porque era mujer, o menor, y las mujeres -o los menores- nunca mienten. Pero no será irracional, desde luego, que ante dos versiones contradictorias de un hecho el juez a quohaga prevaler la que ofrece el acusado; salvo, claro está, que sea esta una versión sostenida en una premisa tan, o más, irracional que los ejemplos anteriores. Y tampoco cuando el juzgador se limite a no creerse la versión que ofrece el denunciante, incluso si viene "avalada" por las declaraciones de otros testigos; pues bastará con que consigne un motivo plausible para desconfiar de ella (sus dudas, vacilaciones, contradicciones, un posible interés espurio, ...) para que su conclusión sea, a nuestro entender y si aquella declaración carece de alguna corroboración objetiva,inatacable por la vía de una supuesta irracionalidad. Pues nuestra legislación ha evolucionado desde los tiempos del proceso inquisitivo, y ya no contiene unas reglas de valoración tasada que obliguen al juzgador. Así se desprende, por ejemplo, de artículos como el 316.2 LEC ("Los tribunales valorarán las declaraciones de las partes y de las personas a que se refiere el apartado 2 del artículo 301 según las reglas de la sana crítica"),348 LEC ("El tribunal valorará los dictámenes periciales según las reglas de la sana crítica");o, sobre todo, del 741 LECrim, específicamente dirigido al proceso penal: "El Tribunal, apreciando según su conciencia las pruebas practicadas en el juicio, las razones expuestas por la acusación y la defensa y lo manifestado por los mismos procesados, dictará sentencia dentro del término fijado en esta Ley".Resumiendo: una conclusión discutible no es, solo por eso, necesariamente irracional; y, desde luego, no la convierte en sine rationeel hecho de que el tribunal ad quemno la comparta.

El tercer motivo de impugnación es, a nuestro entender, aún más fácil de acotar, pues el apartamiento manifiesto de las máximas de experiencia se referirá a alcanzar conclusiones contrarias a los conocimientos científicos, o a la lógica. Así, y volviendo a los ejemplos, negar que la huella digital de una persona, hallada sobre una superficie, implique que el dedo de la persona la ha tocado; sostener que, a las doce del mediodía, era de noche en algún lugar de España; o que un objeto que se lanzó al vacío no cayó, a continuación, hacia el suelo. Pues aquellas máximas no son más que "verdades generales obvias, principios abstractos que informan el entendimiento especulativo y el entendimiento práctico, en orden a la comprensión de los hechos y de sus consecuencias"(Enciclopedia Jurídica OPUS, Tomo V, Ediciones Libra, folio 329). Pero cuidado: no constituyen tales máximas, desde luego, los prejuicios, o las ideas preconcebidas, que el juez, o la acusación, puedan tener; por más que puedan resultar creencias muy generalizadas. Por el contrario, convertirlas en máximas de experiencia sería, además de muy peligroso, por completo erróneo; dado que carecen del ciento por ciento de fiabilidad que en aquellas "verdades generales obvias" concurre. Así, y por regresar a los ejemplos, podría parecer lógico sostener que los jugadores profesionales de baloncesto son, siempre, personas muy altas. Y, sin embargo, es un hecho que entre los años 1987 y 2001 Tyrone Bogues, midiendo tan solo 1,60 metros, fue un jugador muy destacado en hasta tres equipos diferentes de la NBA americana.

El cuarto motivo ("la omisión de todo razonamiento sobre alguna o algunas de las pruebas practicadas que pudieran tener relevancia")entronca directamente con el primero, pues no es sino otro supuesto de insuficiencia en la motivación de la sentencia. Pero, aún y así, debe tenerse también mucha cautela al aplicarlo, pues lo determinante será que se omita por completo -pues se requiere la omisión de todo razonamiento- valorar alguna prueba que pudiera tener suficiente relevancia para la tesis acusatoria, hasta el punto de que su toma en consideración pudiese haber alterado el sentido del fallo; ya que, sin duda, sería un fraude de ley absoluto anular una sentencia porque omite toda referencia a un testigo... que en el juicio oral dijo que no había visto, u oído, nada en absoluto. O a una prueba pericial que nada aporte a la ratio decidendi.Y, sobre todo, debe tenerse en cuenta que, como decimos, la relevancia deberá estar vinculada a su posible influencia en soporte de la tesis condenatoria; pues, de nuevo, supondría otro fraude de ley -además de un obvio sinsentido- anular una sentencia porque, tras analizar con todo detalle diversas pruebas que conducen necesariamente a absolver, el juzgador se olvida de valorar otra, u otras, de menor entidad y que, también, apuntan al mismo resultado absolutorio.

Finalmente, el quinto motivo ("la omisión de todo razonamiento sobre alguna o algunas de las pruebas practicadas... cuya nulidad haya sido improcedentemente declarada")no es sino una variante del anterior, pensada para los supuestos en que la sentencia declara la nulidad de una prueba, y el tribunal ad quemdeja sin efecto, en la segunda instancia, tal declaración de nulidad. Ya que, obviamente, la prueba cuya nulidad se rechaza ex postno habrá sido valorada por el juez a quo,pues fue él mismo -o, si sucedió antes, el juez instructor- quien la apartó del procedimiento; por lo que, si los datos que ella revela tienen suficiente relevancia para la tesis acusatoria, será obligado "devolverle" la causa, para que pueda dictar nueva sentencia teniéndolos también en cuenta. Pero, una vez más, será del todo necesario que conste fehacientemente aquella relevancia; y que esté vinculada, directamente, al apoyo de las tesis acusatorias.

3-En resumen: cuando la acusación pretenda la nulidad de una sentencia absolutoria por un supuesto error en la valoración de la prueba, deberá "justificar" cumplidamente -esa es, precisamente, la expresión que usa el legislador; y equivale a "acreditar", no a meramente "proponer" o "sugerir"- alguno de estos cuatro extremos: 1) que la resolución cuya nulidad se pretende no contiene los elementos y razones de juicio que permitan conocer cuáles han sido los criterios jurídicos esenciales que fundamentan la decisión; 2) que alguno de esos razonamientos esenciales resulta absurdo, por contradecir abiertamente las reglas y principios del sentido común; 3) que alguno de esos razonamientos esenciales se opone a las verdades generales obvias, por todos conocidas; y 4) que la sentencia omite absolutamente valorar alguna prueba muy relevante para la tesis acusatoria, incluidas aquellas cuya nulidad fuera indebidamente declarada por el juez a quo(y así se justifique en la sentencia de apelación), con entidad suficiente como para poder alterar el sentido del fallo.

Solo en estos casos procederá lo que, en el fondo, no es sino una perturbadora -para nosotros- excepción a la verdadera función de la segunda instancia penal, tal como la define el CEDH: el derecho de toda persona declarada culpable de una infracción penal a que dicha declaración de culpabilidad, o su condena, sean examinadas por una jurisdicción superior. Y no, obviamente, un hipotético derecho de la acusación a que la absolución en primera instancia sea reexaminada y puesta en duda; menos aún una facultad del tribunal ad quem,en orden a que los jueces a quovaloren las pruebas no como les dicte su conciencia, sino como sus superiores, de estar en su lugar, lo hubiesen hecho.

4-Como hemos dicho, no se trata de ver si la valoración de la prueba en la que la jueza a quofunda la absolución coincide con la nuestra o no; pues es ella quien juzgó el asunto con la debida inmediación, no nosotros, así que su valoración es la que debe prevalecer. La nuestra, no digamos ya la de las acusaciones, al no caber una reformatio in peiusno tiene mayor importancia a estos solos efectos; pues nuestra función en sede de apelación no es tanto revisar las absoluciones, como controlar que nadie sea condenado sin suficiente prueba, o con violación de alguno de sus derechos. Y, únicamente cuando sea patente que el juzgador a quoha incurrido, de modo diáfano, en alguno de las cuatro infracciones que en el punto anterior relacionábamos, deberemos anular por error de valoración una sentencia absolutoria, para que se dicte otra ajustada a Derecho. Una medida esta sin duda excepcional, que en el presente caso ni se justifica por parte de la acusación, ni apreciamos nosotros que proceda, en absoluto; por lo que la petición de nulidad debe ser rechazada.

En el supuesto sometido a la deliberación de la Sala no se advierte la existencia de una incongruencia omisiva con relación a los hechos ocurridos el día 29-10-2019 en el taller de la recurrente en presencia del testigo Sr. Omar.

Basta la mera lectura de la resolución combatida para advertir que el Juez analiza pormenorizadamente el "nucleo essendi" objeto de enjuiciamiento cual es si el acusado es responsable a título de dolo de los daños causados en el vehículo propiedad de la denunciante. Si se atiende al relato de hechos probados deviene palmario que no se alude a ninguna fecha en concreta sino a que no ha quedado acreditado que los daños producidos lo fueran intencionadamente por el acusado. Por lo demás y con relación al precitado testigo Sr. Omar, propuesto por la acusación el Juzgador en su resolución (folio 405 vuelto) se dedica de manera detallada a exponer las explicaciones que efectuó a las preguntas que le fueron formuladas tanto por el Ministerio Fiscal, la defensa e igualmente por la acusación particular que en esta alzada denuncia la precitada infracción que resulta improbada.

TERCERO.- 1-La resolución del argumento relativo a error en la valoración de la prueba requiere que -con carácter previo- analicemos si, a la vista de la jurisprudencia del Tribunal Constitucional, es posible en algún supuesto la condena en la segunda instancia de quien ha sido absuelto en la primera. Como es sabido, la STC 184/2009, de 7/9, siguiendo la doctrina del Tribunal Europeo de Derechos Humanos ( STEDH de 27 de junio de 2000, caso Constantinescu c. Rumanía), nos recuerda que para poder "revocar la absolución dictada en la primera instancia, el pronunciamiento condenatorio requiere que el acusado haya tenido la posibilidad de declarar en defensa de su causa ante el órgano judicial que conoce del recurso, especialmente si se tiene en cuenta el hecho de que éste es el primero en condenarle en el marco de un proceso en el que se decide sobre una acusación en materia penal dirigida contra él".Una postura jurisprudencial iniciada por la STC 167/02, de 18/9, cuyo FJ 10º -recogiendo la doctrina del Tribunal Europeo de Derechos Humanos- ya señalaba que "cuando el Tribunal de apelación ha de conocer tanto de cuestiones hecho como de Derecho, y en especial cuando ha de estudiar en su conjunto la culpabilidad o inocencia del acusado ... ha entendido que la apelación no se puede resolver en un proceso justo sin un examen directo y personal del acusado que niegue haber cometido la infracción considerada punible, de modo que en tales casos el nuevo examen por el Tribunal de apelación de la declaración de culpabilidad del acusado exige una nueva y total audiencia del acusado y los demás interesados o partes adversas...".

2-A la vista de la jurisprudencia citada, parece claro que el Tribunal ad quemno puede revocar la conclusión absolutoria dictada por el Juez a quosin celebrar nueva vista en la que pueda examinar directa y personalmentelas pruebas, tanto de cargo como de descargo. Ahora bien, ello resulta imposible en nuestro ordenamiento penal, pues el artículo 790.3 LECrim permite únicamente en la segunda instancia "...la práctica de las diligencias de prueba que no pudo proponer(el apelante) en la primera instancia, de las propuestas que le fueron indebidamente denegadas, siempre que hubiere formulado en su momento la oportuna protesta, y de las admitidas que no fueron practicadas por causas que no le sean imputables".Norma ésta que, por constituir también una garantía procesal para el imputado -pues impide la práctica, por segunda vez, de las pruebas que le hayan resultado beneficiosas en la primera ocasión- no puede interpretarse de un modo desfavorable al reo; y que impide formalmente, desde luego, la repetición en la alzada de las pruebas de carácter personal ya practicadas en la primera instancia. No digamos ya la convocatoria de oficio al imputado, si en la primera instancia no hubiera declarado, a fin de poder revestir de constitucionalidad (es decir, para no violar su derecho a un proceso con todas las garantías, art. 24.2 CE) una hipotética sentencia condenatoria. Todo ello, en la práctica, supone vaciar de contenido el recurso de apelación contra una sentencia absolutoria, cuando éste se funde en un supuesto error en la valoración de cuestiones de hecho.

3-Dicho lo anterior, sin embargo, nuestro Tribunal Constitucional admite una excepción en los supuestos en que no se discutan sino cuestiones de Derecho: así, en la STC 34/2009, de 9/2, se señala que "la doctrina sentada a partir de la STC 167/2002, de 18 de septiembre , no resulta aplicable a aquellos casos en los que el núcleo de la discrepancia entre la Sentencia absolutoria de instancia y la condenatoria dictada en apelación es una cuestión concerniente a la estricta calificación jurídica de los hechos que la Sentencia de instancia considera acreditados, y que no se alteran en la segunda instancia, pues para ello no es necesario el examen directo y personal de los acusados o los testigos en un juicio público, sino que el Tribunal de apelación puede decidir adecuadamente sobre la base de lo actuado ( SSTC 170/2002, de 30 de septiembre, FJ 5 ; 256/2007, de 17 de diciembre , FJ 2)".En consecuencia, únicamente cabrá revocar en la segunda instancia una sentencia absolutoria cuando la condena se base en los mismos hechos que en primera instancia se hayan declarado probados, y provenga únicamente de una distinta valoración jurídica de éstos. Una postura que, a sensu contrario,ratifica la STC 215/2009, de 30/11, cuando recuerda que "el derecho fundamental del acusado a un proceso con todas las garantías exige que sólo el órgano judicial ante el que se practiquen, con posibilidad de contradicción y publicidad, pueda valorar las declaraciones de las partes, testigos o peritos. Por consiguiente, ha de estimarse vulnerado aquel derecho si el órgano de apelación condena a quien fue absuelto en la instancia, o agrava su situación en el caso de que hubiera sido condenado, si para ello establece una nueva declaración de hechos probados que tiene su origen en la valoración de pruebas personales, de manera que si en la fase de apelación se debaten cuestiones de hecho suscitadas por la apreciación de aquella clase de pruebas, habrá de celebrarse una vista pública con posibilidad de contradicción, para que el órgano de apelación pueda resolver con un conocimiento directo e inmediato de las mismas, ya que se trata de pruebas cuya cabal valoración exige que se desarrollen ante la presencia del órgano judicial que ha de decidir".

4-Descendiendo al supuesto de autos el Jugador estima acreditada la imputación de un delito de daños a título de imprudencia que no es objeto de castigo al no superar éstos la cifra de 80.000 euros, y lo sustenta en las declaraciones testificales actuadas en juicio tras la oportuna valoración concluyendo que los daños fueron realmente causados a consecuencia del arrastre por parte de la tractora a consecuencia de no haber fijado correctamente el enganche y que los golpes en el motor de arranque lo fueron para tratar de que el camión se pusiera en marcha. El sentir absolutorio no se advierte irracional ni ilógico y se adecua a la probanza por lo que la resolución debe ser íntegramente confirmada.

CUARTO.-Procede declarar las costas de oficio.

VISTOS los preceptos legales citados, y los demás de general y pertinente aplicación,

Fallo

Que, DESESTIMANDO elrecurso de apelación interpuesto por la representación procesal de TRANSPORTES VILLAMUR ICE S.L., contra la Sentencia dictada en fecha 19/1/2024 por el Juzgado de lo Penal nº 5 de Girona, en la causa nº 78/2022 de la que este Rollo dimana, debemos confirmar y confirmamosla sentencia apelada.

No procede hacer expresa imposición de las costas de la alzada.

Líbrense certificaciones de la presente resolución para su unión al Rollo de su razón y remisión al Juzgado de su procedencia, junto con las actuaciones originales.

Así por esta nuestra sentencia, definitivamente juzgando, lo pronunciamos, mandamos y firmamos.

PUBLICACIÓN.-La anterior sentencia ha sido leída y publicada por el Ilmo. Sr. Magistrado-Ponente que la dictó, MANUEL IGNACIO MARCELLO RUIZ, en Audiencia pública celebrada en el mismo día de su fecha; doy fe.

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