Última revisión
07/05/2026
Sentencia Penal 869/2025 Audiencia Provincial Penal de Barcelona nº 6, Rec. 33/2025 de 01 de diciembre del 2025
GPT Iberley IA
Copiloto jurídico
Relacionados:
Tiempo de lectura: 274 min
Orden: Penal
Fecha: 01 de Diciembre de 2025
Tribunal: Audiencia Provincial Penal nº 6
Ponente: JOSE MANUEL DEL AMO SANCHEZ
Nº de sentencia: 869/2025
Núm. Cendoj: 08019370062025100800
Núm. Ecli: ES:APB:2025:13148
Núm. Roj: SAP B 13148:2025
Encabezamiento
En Barcelona, a uno de diciembre de dos mil veinticinco.
VISTA, en juicio oral y público ante esta Sección Sexta de la Audiencia Provincial de Barcelona, la presente causa, Procedimiento Abreviado núm. 33/2025, que procede de las Diligencias Previas núm. 1224/2019 del Juzgado de Instrucción núm. 2 de L?Hospitalet de Llobregat, seguida por delito de apropiación indebida contra Tomasa, con DNI núm. NUM000, sin antecedentes penales computables; que ha sido representada por el procurador D. José Trilla Hernández y defendida por el letrado D. Jorge García Alonso.
Han sido partes acusadoras el Ministerio Fiscal y la mercantil Mkit Modulares Catalunya SL, que ha sido representada por la procuradora Dª. Anna Rosell Mir y defendida por el letrado D. Joan Bagué Cruz.
Ha sido Ponente el Magistrado José Manuel del Amo Sánchez, quien expresa el parecer del Tribunal
Tras acordarse la acomodación de la causa a los trámites del procedimiento abreviado, se acordó la apertura del juicio oral a instancia del Ministerio Fiscal y la acusación particular contra Tomasa.
Una vez presentado el escrito de defensa, se elevó la causa a este Tribunal, en el que se registró como procedimiento abreviado núm. 33/2025.
Del referido delito sería autora Tomasa, para la que solicitó la pena de tres años y seis meses de prisión; inhabilitación para el ejercicio del derecho de sufragio pasivo durante el tiempo de la condena; multa de diez meses con cuota diaria de diez euros, con la responsabilidad personal subsidiaria del artículo 53 del Código Penal en caso de impago; e inhabilitación para el ejercicio de profesión relacionada con actividades contables de las empresas y gestión de cobros conforme al artículo 45 del mismo texto legal.
En concepto de responsabilidad civil solicitó la condena de la acusada a indemnizar a Mkit Modulares Catalunya SL en la cantidad de 55.262,08 euros, más los intereses de la mora procesal del artículo 576 de la Ley de Enjuiciamiento Civil.
Y con costas.
Del referido delito sería autora Tomasa, con la concurrencia de la agravante de abuso de confianza del artículo 22.6ª del Código Penal, para la que solicitó la pena de cuatro años y seis meses de prisión; inhabilitación para el ejercicio del derecho de sufragio pasivo durante el tiempo de la condena; multa de catorce meses con cuota diaria de diez euros, con la responsabilidad personal subsidiaria del artículo 53 del Código Penal en caso de impago; e inhabilitación para el ejercicio de profesión relacionada con actividades contables de las empresas y gestión de cobros.
En concepto de responsabilidad civil se solicitó la condena de a indemnizarla en la cantidad de 55.262,08 euros, más los intereses legales y actuariales (sic). Y con imposición de costas, incluidas las de la acusación particular.
Al inicio la defensa de la acusada ha pedido que esta declarase al final de las pruebas de declaración, petición a la que se ha accedido.
Seguidamente, se han practicado las pruebas que habían sido propuestas y admitidas.
La defensa, para el caso de condena, ha solicitado la aplicación de la atenuante de dilaciones indebidas.
Finalmente, tras conceder a la acusada el derecho a la última palabra, el juicio ha quedado visto para sentencia.
En fecha 11 de abril de 2019 Tomasa fue despedida disciplinariamente al atribuírsele la apropiación de cantidades de los clientes en beneficio propio.
La acusada tenía como obligación en virtud de su prestación laboral el ingreso de las cantidades que recibía en efectivo en la cuenta que la empresa tenía en el BBVA, para lo que disponía de una tarjeta a su nombre.
Durante los años 2018 y 2019 Tomasa se apropió, en su beneficio, de cantidades por un monto total de 55.262,08 euros, importe que hizo suyo.
Tomasa, para enmascarar la falta de ingreso de las cantidades que se apropiaba, entregaba al cliente que pagaba en efectivo un albarán u hoja de pedido donde hacía constar que el importe estaba pagado.
En concreto, hubo una interrupción entre el 30 de noviembre de 2022 y el 19 de septiembre de 2023, cuando se acordó la acomodación del procedimiento a las normas del procedimiento abreviado. Una segunda interrupción tuvo lugar entre este auto y la presentación del escrito de conclusiones provisionales mediante escrito fechado el 1 de julio de 2024.
El artículo 253 del Código Penal, que tipifica este delito, dice en su apartado 1: "Serán castigados con las penas del artículo 248 o, en su caso, del
Si hemos transcrito el precepto es porque tras la reforma del Código Penal por la Ley Orgánica 1/2025, se ha discutido la aptitud del dinero para ser objeto de este delito. El debate ha surgido tras la aparición de la administración desleal como delito autónomo, que hasta la reforma de forma específica sólo aparecía en el derogado artículo 295, en el título de los delitos societarios.
No obstante, en el supuesto de la causa ni tan sólo surge el debate puesto que la condición de la acusada como trabajadora de la denunciante hace que no tengamos que entrar en la cuestión. Es patente que, de quedar probado el sustrato fáctico de las acusaciones, se habrán de imponer sus tesis.
La sentencia de la Sala Segunda núm. 422-18, de 26 de septiembre, es precisa cuando fija que el empleado que se apropia de dinero de la empresa comete este delito. Así, dice la sentencia:
En estos términos se concluye que las acusaciones, para el triunfo de la pretensión condenatoria, vienen obligadas a probar que la acusada fue apropiándose de las cantidades en efectivo que recibía como trabajadora de la empresa.
Y es que, como expondremos, la prueba practicada no deja ningún resquicio para que pueda prosperar esa posición de la acusada. Esta ha pretextado una situación en el seno de la empresa que no se compadece con unos hechos acreditados más allá de la duda.
Hay un primer hecho que nos llama la atención. La acusada, como hemos avanzado, nos dice de forma más o menos expresa que eran esos otros trabajadores o el gerente Sr. Raimundo los que pudieron haberse apropiado de dinero. Y todo ello trufado además con acusaciones de que había una contabilidad en "B", pagos de comisiones y otros gastos que no estaban justificados.
Ocurre que incluso si diésemos pábulo, que no lo damos, a esas pretendidas malas prácticas o irregularidades el sustrato indiciario de cargo que pesa sobre la acusada quedaría incólume.
No podemos soslayar un hecho que deviene esencial para conformar un prius del que se infiere la relevancia penal de la conducta de la acusada. Las apropiaciones aparecen acotadas en un tiempo muy concreto: El apoderamiento de un saldo de caja en 2018 por importe de 9.074,39 euros y de hasta cincuenta apropiaciones entre enero y abril de 2019. Como expondremos vamos a dar relevancia a las conclusiones del perito Sr. Lorenzo, que acota las apropiaciones en el tiempo.
Este parámetro del lapso temporal en el que se produjeron los apoderamientos del dinero resulta decisivo por varias razones. Al respecto tenemos que partir de un hecho. No podemos poner en cuestión que la acusada entre sus tareas tenía la de recibir los pagos en efectivo. Todos los testigos y ella misma no lo han negado. Y en este punto tenemos que tildar de inconsistente y de mero argumento defensivo pretextar que la acusada era sustituida cuando estaba de baja o vacaciones. Insistimos en que las apropiaciones se acotan en un tiempo que, además, no es prolongado. También, como demostración de la endeblez del argumento, valoramos que las apropiaciones en 2019 se cometieron entre enero y abril. Así, dar a entender que en esos periodos de ausencia eran aprovechados por otros trabajadores para apoderarse del dinero no merece crédito.
Hemos comenzado haciendo estas consideraciones antes de referirnos a las pruebas y su resultado en concreto. Y es que consideramos que ese factor temporal en conexión con la no cuestionada función que desempañaba la acusada constituye un potente indicio de incriminación.
Incluso antes del examen de la prueba concreta vamos a aclarar que no nos planteamos el destino de las cantidades apropiadas. Simplemente la acusada las hizo suyas con el ánimo de lucro que es inherente a tal conducta. El que el teléfono de la acusada constase en la publicidad de una clínica dental como teléfono de urgencia puede constituir un hecho sospechoso. Pero este hecho no tiene elementos de corroboración; por tanto, no tiene valor de indicio incriminatorio.
Los testigos Sr. Raimundo, Sr. Amadeo, Sr. Héctor, Sra. Encarnacion y Sra. Ofelia son coincidentes al referirse a las tareas que la acusada tenía encomendadas en la empresa. Insistimos en que era la encargada de los cobros y de entregar un documento acreditativo del pago.
En concreto, el gerente Sr. Raimundo dice que la acusada cobraba el efectivo y que después tenía que ingresarlo en el BBVA para lo que disponía de una tarjeta nominativa. También tenía que hacer una liquidación. Añade que si no le daba tiempo a ir al banco disponían de una caja fuerte de la que tenía llave. Relata que descubrieron que faltaba dinero cuando un cliente al que se le reclamó dijo que ya había pagado. También se refiere a cómo encontraron en la papelera un albarán roto (folio 253) con la indicación de pagado firmada por la acusada, pese a que este documento no era apto para documentar un pago.
El Sr. Amadeo dice que es comercial de la empresa. Reconoce que ocasionalmente recibía algún pago en efectivo que entregaba a la acusada al llegar. Dice que fue él quien descubrió los hechos cuando un cliente le dijo que había pagado lo que se le reclamaba.
El Sr. Héctor era el encargado de almacén. Reitera que la acusada era quien cobraba y que ahora cobra él. Dice que le preguntó a la acusada qué había pasado y le dijo que perdió dos sobres. Este testigo sabía quien pagaba porque era el encargado de almacén. En concreto, vio que faltaba dinero porque un cliente le dijo que había pagado 1.400 euros que no estaban. Precisa que constaban pagos contra albarán y no contra factura. Insiste en que cobraba la acusada y que él mismo acompañaba al cliente a la ventanilla para que cobrase.
La Sra. Encarnacion manifiesta que quien cobraba era la acusada y que ella sólo había llevado dinero al banco esporádicamente y antes de 2019. También dice que ahora ella hace el trabajo que hacía la acusada.
La Sra. Ofelia, tras indicar que era la contable que trabajaba en la delegación de Vic, relata cómo se descubrieron los hechos. De su testimonio es relevante destacar que ya antes tuvo que advertir a la acusada que ingresara el dinero porque tenía mucho efectivo. Indica que era ella la que en Vic tenía la tarjeta de ingresos y que la empresa sólo tenía una cuenta. Y reitera que debía ingresarse el efectivo cada día.
Hasta aquí los testigos vinculados laboralmente con la empresa. Todos han coincidido en dos hechos: La acusada cobraba y expedía un documento como recibo que no era una factura sino un documento que no era el exigido, como eran albaranes u hojas de pedido.
Esta manifestación tiene un amplio fundamento documental en la causa. Así, entre otros, los folios 252, 253, 272 o 285. Incluso a los folios 191, 193 o 195 consta la mención "entregado a a Tomasa". Todos los testigos inciden en que esa especie de rúbrica que figura junto al "pagado" es de la acusada, sin que se haya cuestionado este hecho.
La declaración del Sr. Fermín no tiene relevancia. Ya hemos dicho que la aparición del teléfono de la acusada como teléfono de urgencia de la clínica dental no pasa de la mera sospecha que no llega a indicio. Y ello pese a que el importe referido por el testigo para la puesta en marcha de la clínica sea casi coincidente con el de las apropiaciones.
A continuación han declarado algunos clientes. El Sr. Jose Pedro, pese a haber ratificado el documento obrante al folio 762, dice que ahora no está seguro si le dio el dinero a la acusada o a la Sra. Encarnacion.
Por el contrario, los testigos Sr. Luis María. Sra. Salome, Sr. Luciano, Sr. Indalecio y Sr. Pelayo son precisos cuando dicen que entregaron el dinero a la acusada. El Sr. Luis María ha reconocido el documento del folio 767. También dice que siempre pagaba a la acusada, que ahora le paga a la Sra. Encarnacion, a la que se han ido refiriendo los testigos como " Flaca", y que nunca pagó a esta cuando estaba la acusada.
La Sra. Salome, además de ratificar el documento del folio 801, se ha manifestado en términos coincidentes con el testigo anterior. También ha reconocido el documento del folio 802, consistente en una hoja de pedido en la que consta como pagada la cantidad de 2.000 euros. Y añade que nunca entregó dinero al Sr. Héctor.
El Sr. Luciano, que también reconoce el documento obrante al folio 816, dice que siempre pagaba a la acusada. Incluso dice que era más simpática que la Sra. Encarnacion, que es quien está ahora. Dice que pagó 1466 euros y que le pidieron el documento que se le entregó como recibo. Niega haber pagado al Sr. Héctor alguna vez.
El Sr. Indalecio, que ratifica los documentos de los folios 820 y 822, dice que pagaba a la acusada siempre y que a la Sra. Encarnacion sólo la había visto por allí.
Finalmente, el Sr. Pelayo ratifica los documentos de los folios 824 y 825 y que siempre pagaba a la acusada.
Comprobamos que los clientes, salvo la duda del Sr. Jose Pedro, son contestes en manifestar que siempre pagaban a la acusada. Y al ratificarse en los documentos generan una potente prueba de cargo puesto que algunos de los documentos, con la rúbrica de la acusada que nadie cuestiona, son albaranes u otros documentos que no son aptos para documentar un pago si se quiere llevar una contabilidad ordenada.
Los dos últimos testigos, el Sr. Adriano y el Sr. Efrain, transportistas de la empresa, no enervan la prueba de cargo. El Sr. Adriano dice que en ocasiones se le pedía que recogiera algún pago cuando descargaba y que ahora no lo hacen. Y precisa que en esos casos le entregaba el dinero a la acusada. También niega que llevase dinero a la delegación de Vic.
El testigo Sr. Efrain dice que en ocasiones llevaba una valija a Vic y que no sabe lo que llevaba. Y niega que haya hecho cobros, precisando que hace transportes con un camión grande.
De cuanto hemos expuesto se concluye que la prueba de cargo se presenta sin fisuras. Ya hemos hecho mención a la endeblez de los argumentos de la defensa, carentes del más mínimo fundamento probatorio.
Tampoco podemos aceptar que la imputación de este delito sea consecuencia de una especie de venganza en el seno de la empresa urdido por las personas a las que, de forma más o menos explícita, ha atribuido los hechos.
Al respecto ponderamos que se trata de una empresa no pequeña, que tiene distintos centros y que en España tiene su centro en una localidad de la provincia de Jaén. Si tenía alguna reivindicación salarial disponía de la pertinente acción ante el Juzgado de lo Social. Es notorio que no es lo mismo una reclamación de este tipo en una empresa pequeña que en una empresa grande.
La pericial del Sr. Lorenzo no sólo refuerza la prueba de la comisión del delito sino que fija el quantum en un importe por encima de los 50.000 euros que conforma el subtipo agravado.
El perito es preciso cuando explica cómo llega a sus conclusiones. A partir de los documentos facilitados y del examen de la cuenta establece un importe de lo cobrado y de lo no ingresado en cuenta. Incluso, por falta de justificación suficiente excluye 2.000 euros.
Frente a este peritaje, el presentado y ratificado por el Sr. Fermín no nos merece relevancia. Los hechos de la causa son relativamente sencillos porque los apoderamientos de dinero se produjeron en un lapso temporal reducido durante los años 2018 y 2019. El objeto del peritaje del Sr. Lorenzo era preciso. No alcanzamos a entender la razón por la que el perito tenía que hacer una auditoría. Simplemente se trataba de comprobar pagos no ingresados a la vista de los documentos. Pretender una auditoría que implicaría un evidente exceso del objeto del procedimiento mismo no es de recibo. No estamos ante un delio societario ni ante un complejo entramado económico delincuencial. Sólo se trataba de la apropiación de dinero por una trabajadora desleal. Además, es patente que el Sr. Fermín se ha limitado a la crítica de la técnica empleada por el Sr. Lorenzo, pero no ha hecho ningún cálculo a partir de la comparativa entre lo cobrado y lo no ingresado, pese a que el perito mismo dice que este era uno de los objetos.
Deben, en consecuencia, imponerse las conclusiones del perito Sr. Lorenzo que, insistimos, es fundamento de la aplicación del subtipo agravado, al tiempo que corrobora la comisión del delito que ya quedaba probado con la documental y las testificales.
Finalmente, haremos dos consideraciones. No otorgamos ninguna relevancia a si la empresa tenía una sola cuenta. Estamos ante una delegación de una gran empresa y no tenemos razones para dudar, en principio, de que sólo tuviese una cuenta. En todo caso, la prueba de cargo no deja resquicio a la duda. Había una cuenta en la que la acusada tenía que ingresar los pagos en efectivo y no lo hacía. Y con ello, insistimos se conforma la prueba de cargo de la comisión del delito según la calificación que haremos en el fundamento siguiente.
En segundo lugar, por descontado no cuestionamos la preferencia de nuestro orden jurisdiccional, tal y como determinan los artículos 7 y 8 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal. No obstante, y al menos en lo que hace al elemento objetivo, difícilmente nos podríamos apartar de la valoración que los órganos del orden social ya han hecho al decidir que el despido era procedente.
Nos remitimos a lo que hemos dicho en el fundamento primero. De la prueba se constata que la acusada se apropió de cantidades que se le entregaban para pago en su condición de trabajadora de la empresa que ejerce la acusación.
Asimismo, de la valoración expuesta concluimos que el monto de las cantidades apropiadas asciende a esos 55.262,08 euros que se reclaman en concepto de responsabilidad civil como importe del daño causado.
Sin embargo, no podemos acoger la duplicidad contra reo que determina la aplicación simultánea de la continuidad delictiva y del subtipo agravado del núm. 1.5º del artículo 250 del Código Penal. Desde el acuerdo de Pleno no Jurisdiccional de la Sala Segunda de 30 de octubre de 2007 se trata de una cuestión pacífica.
Por todas, citamos la muy reciente sentencia núm. 869/2025, de 23 de octubre, en la se expone:
En este caso no se produjo ninguna apropiación individual por el importe de 50.000 euros que fija el subtipo agravado, por lo que debe prevalecer este subtipo y no los efectos penológicos de la continuidad delictiva que exacerbarían la pena e implicarían una duplicidad del fundamento de agravación.
En definitiva, los hechos han de calificarse como delito de apropiación indebida que concurre en el subtipo agravado del artículo 250.1.5º, del que es autora Tomasa.
Esta alegación incurre en un doble déficit por lo que no va a prosperar. En primer lugar, el abuso de confianza se corresponde al abuso de las relaciones personales entre defraudador y víctima del artículo 250.1.6º del mismo código. Aunque son términos no del todo coincidentes son equivalentes, como ha determinado la jurisprudencia. Por tanto, de apreciase el abuso de confianza debería aplicarse el subtipo agravado y no la agravante genérica.
En todo caso, y más relevante, hay que recordar que el abuso de confianza es inherente de ordinario a las defraudaciones. Sólo en aquellos casos más graves, en los que concurre un plus añadido a la relación personal y la confianza entre el sujeto activo y el sujeto pasivo, podrá apreciarse el subtipo. Por todas, citaremos la reciente sentencia de la Sala Segunda núm. 147/2025, de 20 de febrero.
Por su parte la defensa de la acusada ha pedido en conclusiones definitivas la apreciación de la atenuante de dilaciones indebidas. De su planteamiento se infiere que el parámetro que ha empleado en el planteamiento de la atenuante consiste en la duración del procedimiento y no tanto en las interrupciones de la tramitación que, a menudo, son su fundamento.
La jurisprudencia ha decantado la interpretación sobre ambos parámetros y sobre cómo han de concurrir para su estimación. Por todas, citamos la sentencia de la Sala Segunda núm. 341/2024, de 25 de abril, que dice:
Proyectando la interpretación de nuestro Alto Tribunal constatamos que la tramitación ha durado algo más de seis años, que no se corresponde con la complejidad de los hechos objeto de la causa. Además, se han producido algunas interrupciones de una cierta entidad; en concreto, son significativos dos lapsos temporales. Uno que atañe al tiempo que se tardó en el dictado del auto de acomodación del artículo 779.1.4ª de la Ley de Enjuiciamiento Criminal que, incluso, provocó la petición de impulso procesal de la acusación particular. Y otro consistente en el tiempo transcurrido hasta que se presentó en escrito de conclusiones provisionales.
Sobre las interrupciones se adoptó el Acuerdo del Pleno no Jurisdiccional de esta Audiencia celebrado el 12 de julio de 2012, en el que se determinó que la atenuante de dilaciones indebidas se apreciará conforme a las reglas siguientes:
a) Sin perjuicio de la concreta ponderación que pueda hacerse en cada caso concreto para períodos de paralización inferiores, se considera que en todo caso tiene la consideración de dilación extraordinaria e indebida en los términos expresados en el artículo 21.6 del Código Penal, la paralización de una causa por tiempo superior a dieciocho meses, cuando no sea atribuible al propio inculpado (acuerdo adoptado por unanimidad).
b) En iguales términos, se considera que en todo caso tendrá la consideración de atenuante muy cualificada del artículo 66.1.2 en relación al artículo 21.6 del Código Penal, la paralización de una causa por tiempo superior a tres años (acuerdo adoptado por unanimidad).
A partir de cuanto hemos expuesto concluimos que la atenuante concurre como simple puesto que el trámite se ha alargado en exceso durante la fase de instrucción y la fase intermedia. No obstante, precisamos que no ha habido tal ante este órgano de enjuiciamiento puesto que la causa tuvo entrada en fecha 3 de marzo de 2025.
Optamos por la apreciación como simple a partir de la ponderación de la doctrina jurisprudencial, que reserva la apreciación de la atenuante como muy cualificada en periodos más dilatados. Además, tampoco la defensa ha alegado y probado cómo ha afectado a la vida y las actividades de la acusada el tiempo por el que se ha prolongado la tramitación de la causa.
Ponderando los hechos objeto de acusación y la conducta de la acusada consideramos procedente, a la vista de la gravedad del hecho, imponer una pena de dos años y tres meses de prisión, con la accesoria de privación del derecho de sufragio pasivo durante el tiempo de la condena. Asimismo, procede imponerle la pena de multa de siete meses y quince días con una cuota diaria de seis euros, con la responsabilidad del artículo 53 del Código Penal en caso de impago.
El delito de estafa agravada está castigado con una horquilla que va de uno a seis años de prisión. La aplicación de la atenuante simple nos lleva a aplicar la pena en la mitad inferior, que va de un año a tres años y seis meses de prisión.
Optamos por imponer la pena de dos años y tres meses de prisión a la vista de la gravedad de los hechos.
Estimamos que una pena inferior y más próxima al mínimo comportaría una carga de reproche penal no ajustada a la gravedad de la conducta de la acusada. La agravación por la cantidad apropiada ilícitamente quedaría diluida si impusiésemos una pena menor. Y al respecto ponderamos que la conducta de la acusada, como trabajadora de muchos años de la empresa, entrañó una especial vulneración de la confianza que se tenía hacia la misma. Aunque no hayamos estimado el abuso de confianza como agravación específica no por ello tenemos que abstenernos de ponderar, a efectos de fijar la pena adecuada a la conducta punible, el especial reproche que merece esa quiebra del vínculo de confianza. Asimismo, valoramos que la conducta de la acusada se proyectó sobre la relación negocial de la empresa con los clientes y entrañó un cierto daño reputacional y/o de imagen para la misma.
En lo que atañe a la pena de multa, la hemos fijado en esos siete meses y quince días, manteniendo un criterio de proporcionalidad en relación a la pena de prisión.
En cuanto al importe, procede fijar una cuota de seis euros. Esta Sala, en sentencia de 8 de mayo de 2017, expuso la jurisprudencia sobre la cuestión. Así dice:
No damos lugar a la inhabilitación del artículo 45 del Código Penal por falta de sustrato probatorio. No sabemos cuál es la titulación de la acusada y, en lo que hace a los hechos, hay que valorar que la acusada no ejercía funciones de contable y los cobros del efectivo eran más actos puramente materiales y similares a los de un dependiente de comercio.
Así, y conforme a los artículos 109 y 110 del Código Penal y 110 y 113 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal y sus concordantes de ambas leyes, procede condenar a la acusada al pago del citado importe.
La cantidad fijada por este concepto devengará el interés legal aumentado en dos puntos desde la fecha de esta sentencia, conforme al artículo 576 de la Ley de Enjuiciamiento Civil.
La jurisprudencia más reciente ha fijado unos criterios que han llevado a generalizar la posibilidad de incluir en la condena en costas las de la acusación particular. Por todas, citamos la sentencia de la Sala Segunda núm. 192/2024, de 29 de febrero, que resume esa doctrina más reciente.
Así, exponer nuestro Alto Tribunal:
Basta comprobar el desarrollo de la causa y, singularmente, del juicio para concluir que no hay actuación superflua o notoriamente inútil. En concreto, ponderamos que hemos conferido valor como prueba de cargo a las declaraciones de los clientes pedidas como prueba testifical por la acusación particular.
En definitiva, concluimos que procede incluir en la condena en costas las causadas de la acusación particular.
Dicha cantidad devengará el interés legal aumentado en dos puntos desde la fecha de esta sentencia y hasta su completo pago.
Las costas, que incluyen las de la acusación particular, se imponen a la acusada.
Notifíquese al Ministerio Fiscal y a las demás partes, haciéndoles saber que contra esta sentencia puede interponerse recurso de apelación en el plazo de diez días.
Así lo acordamos y firmamos los Sres. Magistrados de la Sala.
Antecedentes
Tras acordarse la acomodación de la causa a los trámites del procedimiento abreviado, se acordó la apertura del juicio oral a instancia del Ministerio Fiscal y la acusación particular contra Tomasa.
Una vez presentado el escrito de defensa, se elevó la causa a este Tribunal, en el que se registró como procedimiento abreviado núm. 33/2025.
Del referido delito sería autora Tomasa, para la que solicitó la pena de tres años y seis meses de prisión; inhabilitación para el ejercicio del derecho de sufragio pasivo durante el tiempo de la condena; multa de diez meses con cuota diaria de diez euros, con la responsabilidad personal subsidiaria del artículo 53 del Código Penal en caso de impago; e inhabilitación para el ejercicio de profesión relacionada con actividades contables de las empresas y gestión de cobros conforme al artículo 45 del mismo texto legal.
En concepto de responsabilidad civil solicitó la condena de la acusada a indemnizar a Mkit Modulares Catalunya SL en la cantidad de 55.262,08 euros, más los intereses de la mora procesal del artículo 576 de la Ley de Enjuiciamiento Civil.
Y con costas.
Del referido delito sería autora Tomasa, con la concurrencia de la agravante de abuso de confianza del artículo 22.6ª del Código Penal, para la que solicitó la pena de cuatro años y seis meses de prisión; inhabilitación para el ejercicio del derecho de sufragio pasivo durante el tiempo de la condena; multa de catorce meses con cuota diaria de diez euros, con la responsabilidad personal subsidiaria del artículo 53 del Código Penal en caso de impago; e inhabilitación para el ejercicio de profesión relacionada con actividades contables de las empresas y gestión de cobros.
En concepto de responsabilidad civil se solicitó la condena de a indemnizarla en la cantidad de 55.262,08 euros, más los intereses legales y actuariales (sic). Y con imposición de costas, incluidas las de la acusación particular.
Al inicio la defensa de la acusada ha pedido que esta declarase al final de las pruebas de declaración, petición a la que se ha accedido.
Seguidamente, se han practicado las pruebas que habían sido propuestas y admitidas.
La defensa, para el caso de condena, ha solicitado la aplicación de la atenuante de dilaciones indebidas.
Finalmente, tras conceder a la acusada el derecho a la última palabra, el juicio ha quedado visto para sentencia.
En fecha 11 de abril de 2019 Tomasa fue despedida disciplinariamente al atribuírsele la apropiación de cantidades de los clientes en beneficio propio.
La acusada tenía como obligación en virtud de su prestación laboral el ingreso de las cantidades que recibía en efectivo en la cuenta que la empresa tenía en el BBVA, para lo que disponía de una tarjeta a su nombre.
Durante los años 2018 y 2019 Tomasa se apropió, en su beneficio, de cantidades por un monto total de 55.262,08 euros, importe que hizo suyo.
Tomasa, para enmascarar la falta de ingreso de las cantidades que se apropiaba, entregaba al cliente que pagaba en efectivo un albarán u hoja de pedido donde hacía constar que el importe estaba pagado.
En concreto, hubo una interrupción entre el 30 de noviembre de 2022 y el 19 de septiembre de 2023, cuando se acordó la acomodación del procedimiento a las normas del procedimiento abreviado. Una segunda interrupción tuvo lugar entre este auto y la presentación del escrito de conclusiones provisionales mediante escrito fechado el 1 de julio de 2024.
El artículo 253 del Código Penal, que tipifica este delito, dice en su apartado 1: "Serán castigados con las penas del artículo 248 o, en su caso, del
Si hemos transcrito el precepto es porque tras la reforma del Código Penal por la Ley Orgánica 1/2025, se ha discutido la aptitud del dinero para ser objeto de este delito. El debate ha surgido tras la aparición de la administración desleal como delito autónomo, que hasta la reforma de forma específica sólo aparecía en el derogado artículo 295, en el título de los delitos societarios.
No obstante, en el supuesto de la causa ni tan sólo surge el debate puesto que la condición de la acusada como trabajadora de la denunciante hace que no tengamos que entrar en la cuestión. Es patente que, de quedar probado el sustrato fáctico de las acusaciones, se habrán de imponer sus tesis.
La sentencia de la Sala Segunda núm. 422-18, de 26 de septiembre, es precisa cuando fija que el empleado que se apropia de dinero de la empresa comete este delito. Así, dice la sentencia:
En estos términos se concluye que las acusaciones, para el triunfo de la pretensión condenatoria, vienen obligadas a probar que la acusada fue apropiándose de las cantidades en efectivo que recibía como trabajadora de la empresa.
Y es que, como expondremos, la prueba practicada no deja ningún resquicio para que pueda prosperar esa posición de la acusada. Esta ha pretextado una situación en el seno de la empresa que no se compadece con unos hechos acreditados más allá de la duda.
Hay un primer hecho que nos llama la atención. La acusada, como hemos avanzado, nos dice de forma más o menos expresa que eran esos otros trabajadores o el gerente Sr. Raimundo los que pudieron haberse apropiado de dinero. Y todo ello trufado además con acusaciones de que había una contabilidad en "B", pagos de comisiones y otros gastos que no estaban justificados.
Ocurre que incluso si diésemos pábulo, que no lo damos, a esas pretendidas malas prácticas o irregularidades el sustrato indiciario de cargo que pesa sobre la acusada quedaría incólume.
No podemos soslayar un hecho que deviene esencial para conformar un prius del que se infiere la relevancia penal de la conducta de la acusada. Las apropiaciones aparecen acotadas en un tiempo muy concreto: El apoderamiento de un saldo de caja en 2018 por importe de 9.074,39 euros y de hasta cincuenta apropiaciones entre enero y abril de 2019. Como expondremos vamos a dar relevancia a las conclusiones del perito Sr. Lorenzo, que acota las apropiaciones en el tiempo.
Este parámetro del lapso temporal en el que se produjeron los apoderamientos del dinero resulta decisivo por varias razones. Al respecto tenemos que partir de un hecho. No podemos poner en cuestión que la acusada entre sus tareas tenía la de recibir los pagos en efectivo. Todos los testigos y ella misma no lo han negado. Y en este punto tenemos que tildar de inconsistente y de mero argumento defensivo pretextar que la acusada era sustituida cuando estaba de baja o vacaciones. Insistimos en que las apropiaciones se acotan en un tiempo que, además, no es prolongado. También, como demostración de la endeblez del argumento, valoramos que las apropiaciones en 2019 se cometieron entre enero y abril. Así, dar a entender que en esos periodos de ausencia eran aprovechados por otros trabajadores para apoderarse del dinero no merece crédito.
Hemos comenzado haciendo estas consideraciones antes de referirnos a las pruebas y su resultado en concreto. Y es que consideramos que ese factor temporal en conexión con la no cuestionada función que desempañaba la acusada constituye un potente indicio de incriminación.
Incluso antes del examen de la prueba concreta vamos a aclarar que no nos planteamos el destino de las cantidades apropiadas. Simplemente la acusada las hizo suyas con el ánimo de lucro que es inherente a tal conducta. El que el teléfono de la acusada constase en la publicidad de una clínica dental como teléfono de urgencia puede constituir un hecho sospechoso. Pero este hecho no tiene elementos de corroboración; por tanto, no tiene valor de indicio incriminatorio.
Los testigos Sr. Raimundo, Sr. Amadeo, Sr. Héctor, Sra. Encarnacion y Sra. Ofelia son coincidentes al referirse a las tareas que la acusada tenía encomendadas en la empresa. Insistimos en que era la encargada de los cobros y de entregar un documento acreditativo del pago.
En concreto, el gerente Sr. Raimundo dice que la acusada cobraba el efectivo y que después tenía que ingresarlo en el BBVA para lo que disponía de una tarjeta nominativa. También tenía que hacer una liquidación. Añade que si no le daba tiempo a ir al banco disponían de una caja fuerte de la que tenía llave. Relata que descubrieron que faltaba dinero cuando un cliente al que se le reclamó dijo que ya había pagado. También se refiere a cómo encontraron en la papelera un albarán roto (folio 253) con la indicación de pagado firmada por la acusada, pese a que este documento no era apto para documentar un pago.
El Sr. Amadeo dice que es comercial de la empresa. Reconoce que ocasionalmente recibía algún pago en efectivo que entregaba a la acusada al llegar. Dice que fue él quien descubrió los hechos cuando un cliente le dijo que había pagado lo que se le reclamaba.
El Sr. Héctor era el encargado de almacén. Reitera que la acusada era quien cobraba y que ahora cobra él. Dice que le preguntó a la acusada qué había pasado y le dijo que perdió dos sobres. Este testigo sabía quien pagaba porque era el encargado de almacén. En concreto, vio que faltaba dinero porque un cliente le dijo que había pagado 1.400 euros que no estaban. Precisa que constaban pagos contra albarán y no contra factura. Insiste en que cobraba la acusada y que él mismo acompañaba al cliente a la ventanilla para que cobrase.
La Sra. Encarnacion manifiesta que quien cobraba era la acusada y que ella sólo había llevado dinero al banco esporádicamente y antes de 2019. También dice que ahora ella hace el trabajo que hacía la acusada.
La Sra. Ofelia, tras indicar que era la contable que trabajaba en la delegación de Vic, relata cómo se descubrieron los hechos. De su testimonio es relevante destacar que ya antes tuvo que advertir a la acusada que ingresara el dinero porque tenía mucho efectivo. Indica que era ella la que en Vic tenía la tarjeta de ingresos y que la empresa sólo tenía una cuenta. Y reitera que debía ingresarse el efectivo cada día.
Hasta aquí los testigos vinculados laboralmente con la empresa. Todos han coincidido en dos hechos: La acusada cobraba y expedía un documento como recibo que no era una factura sino un documento que no era el exigido, como eran albaranes u hojas de pedido.
Esta manifestación tiene un amplio fundamento documental en la causa. Así, entre otros, los folios 252, 253, 272 o 285. Incluso a los folios 191, 193 o 195 consta la mención "entregado a a Tomasa". Todos los testigos inciden en que esa especie de rúbrica que figura junto al "pagado" es de la acusada, sin que se haya cuestionado este hecho.
La declaración del Sr. Fermín no tiene relevancia. Ya hemos dicho que la aparición del teléfono de la acusada como teléfono de urgencia de la clínica dental no pasa de la mera sospecha que no llega a indicio. Y ello pese a que el importe referido por el testigo para la puesta en marcha de la clínica sea casi coincidente con el de las apropiaciones.
A continuación han declarado algunos clientes. El Sr. Jose Pedro, pese a haber ratificado el documento obrante al folio 762, dice que ahora no está seguro si le dio el dinero a la acusada o a la Sra. Encarnacion.
Por el contrario, los testigos Sr. Luis María. Sra. Salome, Sr. Luciano, Sr. Indalecio y Sr. Pelayo son precisos cuando dicen que entregaron el dinero a la acusada. El Sr. Luis María ha reconocido el documento del folio 767. También dice que siempre pagaba a la acusada, que ahora le paga a la Sra. Encarnacion, a la que se han ido refiriendo los testigos como " Flaca", y que nunca pagó a esta cuando estaba la acusada.
La Sra. Salome, además de ratificar el documento del folio 801, se ha manifestado en términos coincidentes con el testigo anterior. También ha reconocido el documento del folio 802, consistente en una hoja de pedido en la que consta como pagada la cantidad de 2.000 euros. Y añade que nunca entregó dinero al Sr. Héctor.
El Sr. Luciano, que también reconoce el documento obrante al folio 816, dice que siempre pagaba a la acusada. Incluso dice que era más simpática que la Sra. Encarnacion, que es quien está ahora. Dice que pagó 1466 euros y que le pidieron el documento que se le entregó como recibo. Niega haber pagado al Sr. Héctor alguna vez.
El Sr. Indalecio, que ratifica los documentos de los folios 820 y 822, dice que pagaba a la acusada siempre y que a la Sra. Encarnacion sólo la había visto por allí.
Finalmente, el Sr. Pelayo ratifica los documentos de los folios 824 y 825 y que siempre pagaba a la acusada.
Comprobamos que los clientes, salvo la duda del Sr. Jose Pedro, son contestes en manifestar que siempre pagaban a la acusada. Y al ratificarse en los documentos generan una potente prueba de cargo puesto que algunos de los documentos, con la rúbrica de la acusada que nadie cuestiona, son albaranes u otros documentos que no son aptos para documentar un pago si se quiere llevar una contabilidad ordenada.
Los dos últimos testigos, el Sr. Adriano y el Sr. Efrain, transportistas de la empresa, no enervan la prueba de cargo. El Sr. Adriano dice que en ocasiones se le pedía que recogiera algún pago cuando descargaba y que ahora no lo hacen. Y precisa que en esos casos le entregaba el dinero a la acusada. También niega que llevase dinero a la delegación de Vic.
El testigo Sr. Efrain dice que en ocasiones llevaba una valija a Vic y que no sabe lo que llevaba. Y niega que haya hecho cobros, precisando que hace transportes con un camión grande.
De cuanto hemos expuesto se concluye que la prueba de cargo se presenta sin fisuras. Ya hemos hecho mención a la endeblez de los argumentos de la defensa, carentes del más mínimo fundamento probatorio.
Tampoco podemos aceptar que la imputación de este delito sea consecuencia de una especie de venganza en el seno de la empresa urdido por las personas a las que, de forma más o menos explícita, ha atribuido los hechos.
Al respecto ponderamos que se trata de una empresa no pequeña, que tiene distintos centros y que en España tiene su centro en una localidad de la provincia de Jaén. Si tenía alguna reivindicación salarial disponía de la pertinente acción ante el Juzgado de lo Social. Es notorio que no es lo mismo una reclamación de este tipo en una empresa pequeña que en una empresa grande.
La pericial del Sr. Lorenzo no sólo refuerza la prueba de la comisión del delito sino que fija el quantum en un importe por encima de los 50.000 euros que conforma el subtipo agravado.
El perito es preciso cuando explica cómo llega a sus conclusiones. A partir de los documentos facilitados y del examen de la cuenta establece un importe de lo cobrado y de lo no ingresado en cuenta. Incluso, por falta de justificación suficiente excluye 2.000 euros.
Frente a este peritaje, el presentado y ratificado por el Sr. Fermín no nos merece relevancia. Los hechos de la causa son relativamente sencillos porque los apoderamientos de dinero se produjeron en un lapso temporal reducido durante los años 2018 y 2019. El objeto del peritaje del Sr. Lorenzo era preciso. No alcanzamos a entender la razón por la que el perito tenía que hacer una auditoría. Simplemente se trataba de comprobar pagos no ingresados a la vista de los documentos. Pretender una auditoría que implicaría un evidente exceso del objeto del procedimiento mismo no es de recibo. No estamos ante un delio societario ni ante un complejo entramado económico delincuencial. Sólo se trataba de la apropiación de dinero por una trabajadora desleal. Además, es patente que el Sr. Fermín se ha limitado a la crítica de la técnica empleada por el Sr. Lorenzo, pero no ha hecho ningún cálculo a partir de la comparativa entre lo cobrado y lo no ingresado, pese a que el perito mismo dice que este era uno de los objetos.
Deben, en consecuencia, imponerse las conclusiones del perito Sr. Lorenzo que, insistimos, es fundamento de la aplicación del subtipo agravado, al tiempo que corrobora la comisión del delito que ya quedaba probado con la documental y las testificales.
Finalmente, haremos dos consideraciones. No otorgamos ninguna relevancia a si la empresa tenía una sola cuenta. Estamos ante una delegación de una gran empresa y no tenemos razones para dudar, en principio, de que sólo tuviese una cuenta. En todo caso, la prueba de cargo no deja resquicio a la duda. Había una cuenta en la que la acusada tenía que ingresar los pagos en efectivo y no lo hacía. Y con ello, insistimos se conforma la prueba de cargo de la comisión del delito según la calificación que haremos en el fundamento siguiente.
En segundo lugar, por descontado no cuestionamos la preferencia de nuestro orden jurisdiccional, tal y como determinan los artículos 7 y 8 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal. No obstante, y al menos en lo que hace al elemento objetivo, difícilmente nos podríamos apartar de la valoración que los órganos del orden social ya han hecho al decidir que el despido era procedente.
Nos remitimos a lo que hemos dicho en el fundamento primero. De la prueba se constata que la acusada se apropió de cantidades que se le entregaban para pago en su condición de trabajadora de la empresa que ejerce la acusación.
Asimismo, de la valoración expuesta concluimos que el monto de las cantidades apropiadas asciende a esos 55.262,08 euros que se reclaman en concepto de responsabilidad civil como importe del daño causado.
Sin embargo, no podemos acoger la duplicidad contra reo que determina la aplicación simultánea de la continuidad delictiva y del subtipo agravado del núm. 1.5º del artículo 250 del Código Penal. Desde el acuerdo de Pleno no Jurisdiccional de la Sala Segunda de 30 de octubre de 2007 se trata de una cuestión pacífica.
Por todas, citamos la muy reciente sentencia núm. 869/2025, de 23 de octubre, en la se expone:
En este caso no se produjo ninguna apropiación individual por el importe de 50.000 euros que fija el subtipo agravado, por lo que debe prevalecer este subtipo y no los efectos penológicos de la continuidad delictiva que exacerbarían la pena e implicarían una duplicidad del fundamento de agravación.
En definitiva, los hechos han de calificarse como delito de apropiación indebida que concurre en el subtipo agravado del artículo 250.1.5º, del que es autora Tomasa.
Esta alegación incurre en un doble déficit por lo que no va a prosperar. En primer lugar, el abuso de confianza se corresponde al abuso de las relaciones personales entre defraudador y víctima del artículo 250.1.6º del mismo código. Aunque son términos no del todo coincidentes son equivalentes, como ha determinado la jurisprudencia. Por tanto, de apreciase el abuso de confianza debería aplicarse el subtipo agravado y no la agravante genérica.
En todo caso, y más relevante, hay que recordar que el abuso de confianza es inherente de ordinario a las defraudaciones. Sólo en aquellos casos más graves, en los que concurre un plus añadido a la relación personal y la confianza entre el sujeto activo y el sujeto pasivo, podrá apreciarse el subtipo. Por todas, citaremos la reciente sentencia de la Sala Segunda núm. 147/2025, de 20 de febrero.
Por su parte la defensa de la acusada ha pedido en conclusiones definitivas la apreciación de la atenuante de dilaciones indebidas. De su planteamiento se infiere que el parámetro que ha empleado en el planteamiento de la atenuante consiste en la duración del procedimiento y no tanto en las interrupciones de la tramitación que, a menudo, son su fundamento.
La jurisprudencia ha decantado la interpretación sobre ambos parámetros y sobre cómo han de concurrir para su estimación. Por todas, citamos la sentencia de la Sala Segunda núm. 341/2024, de 25 de abril, que dice:
Proyectando la interpretación de nuestro Alto Tribunal constatamos que la tramitación ha durado algo más de seis años, que no se corresponde con la complejidad de los hechos objeto de la causa. Además, se han producido algunas interrupciones de una cierta entidad; en concreto, son significativos dos lapsos temporales. Uno que atañe al tiempo que se tardó en el dictado del auto de acomodación del artículo 779.1.4ª de la Ley de Enjuiciamiento Criminal que, incluso, provocó la petición de impulso procesal de la acusación particular. Y otro consistente en el tiempo transcurrido hasta que se presentó en escrito de conclusiones provisionales.
Sobre las interrupciones se adoptó el Acuerdo del Pleno no Jurisdiccional de esta Audiencia celebrado el 12 de julio de 2012, en el que se determinó que la atenuante de dilaciones indebidas se apreciará conforme a las reglas siguientes:
a) Sin perjuicio de la concreta ponderación que pueda hacerse en cada caso concreto para períodos de paralización inferiores, se considera que en todo caso tiene la consideración de dilación extraordinaria e indebida en los términos expresados en el artículo 21.6 del Código Penal, la paralización de una causa por tiempo superior a dieciocho meses, cuando no sea atribuible al propio inculpado (acuerdo adoptado por unanimidad).
b) En iguales términos, se considera que en todo caso tendrá la consideración de atenuante muy cualificada del artículo 66.1.2 en relación al artículo 21.6 del Código Penal, la paralización de una causa por tiempo superior a tres años (acuerdo adoptado por unanimidad).
A partir de cuanto hemos expuesto concluimos que la atenuante concurre como simple puesto que el trámite se ha alargado en exceso durante la fase de instrucción y la fase intermedia. No obstante, precisamos que no ha habido tal ante este órgano de enjuiciamiento puesto que la causa tuvo entrada en fecha 3 de marzo de 2025.
Optamos por la apreciación como simple a partir de la ponderación de la doctrina jurisprudencial, que reserva la apreciación de la atenuante como muy cualificada en periodos más dilatados. Además, tampoco la defensa ha alegado y probado cómo ha afectado a la vida y las actividades de la acusada el tiempo por el que se ha prolongado la tramitación de la causa.
Ponderando los hechos objeto de acusación y la conducta de la acusada consideramos procedente, a la vista de la gravedad del hecho, imponer una pena de dos años y tres meses de prisión, con la accesoria de privación del derecho de sufragio pasivo durante el tiempo de la condena. Asimismo, procede imponerle la pena de multa de siete meses y quince días con una cuota diaria de seis euros, con la responsabilidad del artículo 53 del Código Penal en caso de impago.
El delito de estafa agravada está castigado con una horquilla que va de uno a seis años de prisión. La aplicación de la atenuante simple nos lleva a aplicar la pena en la mitad inferior, que va de un año a tres años y seis meses de prisión.
Optamos por imponer la pena de dos años y tres meses de prisión a la vista de la gravedad de los hechos.
Estimamos que una pena inferior y más próxima al mínimo comportaría una carga de reproche penal no ajustada a la gravedad de la conducta de la acusada. La agravación por la cantidad apropiada ilícitamente quedaría diluida si impusiésemos una pena menor. Y al respecto ponderamos que la conducta de la acusada, como trabajadora de muchos años de la empresa, entrañó una especial vulneración de la confianza que se tenía hacia la misma. Aunque no hayamos estimado el abuso de confianza como agravación específica no por ello tenemos que abstenernos de ponderar, a efectos de fijar la pena adecuada a la conducta punible, el especial reproche que merece esa quiebra del vínculo de confianza. Asimismo, valoramos que la conducta de la acusada se proyectó sobre la relación negocial de la empresa con los clientes y entrañó un cierto daño reputacional y/o de imagen para la misma.
En lo que atañe a la pena de multa, la hemos fijado en esos siete meses y quince días, manteniendo un criterio de proporcionalidad en relación a la pena de prisión.
En cuanto al importe, procede fijar una cuota de seis euros. Esta Sala, en sentencia de 8 de mayo de 2017, expuso la jurisprudencia sobre la cuestión. Así dice:
No damos lugar a la inhabilitación del artículo 45 del Código Penal por falta de sustrato probatorio. No sabemos cuál es la titulación de la acusada y, en lo que hace a los hechos, hay que valorar que la acusada no ejercía funciones de contable y los cobros del efectivo eran más actos puramente materiales y similares a los de un dependiente de comercio.
Así, y conforme a los artículos 109 y 110 del Código Penal y 110 y 113 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal y sus concordantes de ambas leyes, procede condenar a la acusada al pago del citado importe.
La cantidad fijada por este concepto devengará el interés legal aumentado en dos puntos desde la fecha de esta sentencia, conforme al artículo 576 de la Ley de Enjuiciamiento Civil.
La jurisprudencia más reciente ha fijado unos criterios que han llevado a generalizar la posibilidad de incluir en la condena en costas las de la acusación particular. Por todas, citamos la sentencia de la Sala Segunda núm. 192/2024, de 29 de febrero, que resume esa doctrina más reciente.
Así, exponer nuestro Alto Tribunal:
Basta comprobar el desarrollo de la causa y, singularmente, del juicio para concluir que no hay actuación superflua o notoriamente inútil. En concreto, ponderamos que hemos conferido valor como prueba de cargo a las declaraciones de los clientes pedidas como prueba testifical por la acusación particular.
En definitiva, concluimos que procede incluir en la condena en costas las causadas de la acusación particular.
Dicha cantidad devengará el interés legal aumentado en dos puntos desde la fecha de esta sentencia y hasta su completo pago.
Las costas, que incluyen las de la acusación particular, se imponen a la acusada.
Notifíquese al Ministerio Fiscal y a las demás partes, haciéndoles saber que contra esta sentencia puede interponerse recurso de apelación en el plazo de diez días.
Así lo acordamos y firmamos los Sres. Magistrados de la Sala.
Hechos
En fecha 11 de abril de 2019 Tomasa fue despedida disciplinariamente al atribuírsele la apropiación de cantidades de los clientes en beneficio propio.
La acusada tenía como obligación en virtud de su prestación laboral el ingreso de las cantidades que recibía en efectivo en la cuenta que la empresa tenía en el BBVA, para lo que disponía de una tarjeta a su nombre.
Durante los años 2018 y 2019 Tomasa se apropió, en su beneficio, de cantidades por un monto total de 55.262,08 euros, importe que hizo suyo.
Tomasa, para enmascarar la falta de ingreso de las cantidades que se apropiaba, entregaba al cliente que pagaba en efectivo un albarán u hoja de pedido donde hacía constar que el importe estaba pagado.
En concreto, hubo una interrupción entre el 30 de noviembre de 2022 y el 19 de septiembre de 2023, cuando se acordó la acomodación del procedimiento a las normas del procedimiento abreviado. Una segunda interrupción tuvo lugar entre este auto y la presentación del escrito de conclusiones provisionales mediante escrito fechado el 1 de julio de 2024.
El artículo 253 del Código Penal, que tipifica este delito, dice en su apartado 1: "Serán castigados con las penas del artículo 248 o, en su caso, del
Si hemos transcrito el precepto es porque tras la reforma del Código Penal por la Ley Orgánica 1/2025, se ha discutido la aptitud del dinero para ser objeto de este delito. El debate ha surgido tras la aparición de la administración desleal como delito autónomo, que hasta la reforma de forma específica sólo aparecía en el derogado artículo 295, en el título de los delitos societarios.
No obstante, en el supuesto de la causa ni tan sólo surge el debate puesto que la condición de la acusada como trabajadora de la denunciante hace que no tengamos que entrar en la cuestión. Es patente que, de quedar probado el sustrato fáctico de las acusaciones, se habrán de imponer sus tesis.
La sentencia de la Sala Segunda núm. 422-18, de 26 de septiembre, es precisa cuando fija que el empleado que se apropia de dinero de la empresa comete este delito. Así, dice la sentencia:
En estos términos se concluye que las acusaciones, para el triunfo de la pretensión condenatoria, vienen obligadas a probar que la acusada fue apropiándose de las cantidades en efectivo que recibía como trabajadora de la empresa.
Y es que, como expondremos, la prueba practicada no deja ningún resquicio para que pueda prosperar esa posición de la acusada. Esta ha pretextado una situación en el seno de la empresa que no se compadece con unos hechos acreditados más allá de la duda.
Hay un primer hecho que nos llama la atención. La acusada, como hemos avanzado, nos dice de forma más o menos expresa que eran esos otros trabajadores o el gerente Sr. Raimundo los que pudieron haberse apropiado de dinero. Y todo ello trufado además con acusaciones de que había una contabilidad en "B", pagos de comisiones y otros gastos que no estaban justificados.
Ocurre que incluso si diésemos pábulo, que no lo damos, a esas pretendidas malas prácticas o irregularidades el sustrato indiciario de cargo que pesa sobre la acusada quedaría incólume.
No podemos soslayar un hecho que deviene esencial para conformar un prius del que se infiere la relevancia penal de la conducta de la acusada. Las apropiaciones aparecen acotadas en un tiempo muy concreto: El apoderamiento de un saldo de caja en 2018 por importe de 9.074,39 euros y de hasta cincuenta apropiaciones entre enero y abril de 2019. Como expondremos vamos a dar relevancia a las conclusiones del perito Sr. Lorenzo, que acota las apropiaciones en el tiempo.
Este parámetro del lapso temporal en el que se produjeron los apoderamientos del dinero resulta decisivo por varias razones. Al respecto tenemos que partir de un hecho. No podemos poner en cuestión que la acusada entre sus tareas tenía la de recibir los pagos en efectivo. Todos los testigos y ella misma no lo han negado. Y en este punto tenemos que tildar de inconsistente y de mero argumento defensivo pretextar que la acusada era sustituida cuando estaba de baja o vacaciones. Insistimos en que las apropiaciones se acotan en un tiempo que, además, no es prolongado. También, como demostración de la endeblez del argumento, valoramos que las apropiaciones en 2019 se cometieron entre enero y abril. Así, dar a entender que en esos periodos de ausencia eran aprovechados por otros trabajadores para apoderarse del dinero no merece crédito.
Hemos comenzado haciendo estas consideraciones antes de referirnos a las pruebas y su resultado en concreto. Y es que consideramos que ese factor temporal en conexión con la no cuestionada función que desempañaba la acusada constituye un potente indicio de incriminación.
Incluso antes del examen de la prueba concreta vamos a aclarar que no nos planteamos el destino de las cantidades apropiadas. Simplemente la acusada las hizo suyas con el ánimo de lucro que es inherente a tal conducta. El que el teléfono de la acusada constase en la publicidad de una clínica dental como teléfono de urgencia puede constituir un hecho sospechoso. Pero este hecho no tiene elementos de corroboración; por tanto, no tiene valor de indicio incriminatorio.
Los testigos Sr. Raimundo, Sr. Amadeo, Sr. Héctor, Sra. Encarnacion y Sra. Ofelia son coincidentes al referirse a las tareas que la acusada tenía encomendadas en la empresa. Insistimos en que era la encargada de los cobros y de entregar un documento acreditativo del pago.
En concreto, el gerente Sr. Raimundo dice que la acusada cobraba el efectivo y que después tenía que ingresarlo en el BBVA para lo que disponía de una tarjeta nominativa. También tenía que hacer una liquidación. Añade que si no le daba tiempo a ir al banco disponían de una caja fuerte de la que tenía llave. Relata que descubrieron que faltaba dinero cuando un cliente al que se le reclamó dijo que ya había pagado. También se refiere a cómo encontraron en la papelera un albarán roto (folio 253) con la indicación de pagado firmada por la acusada, pese a que este documento no era apto para documentar un pago.
El Sr. Amadeo dice que es comercial de la empresa. Reconoce que ocasionalmente recibía algún pago en efectivo que entregaba a la acusada al llegar. Dice que fue él quien descubrió los hechos cuando un cliente le dijo que había pagado lo que se le reclamaba.
El Sr. Héctor era el encargado de almacén. Reitera que la acusada era quien cobraba y que ahora cobra él. Dice que le preguntó a la acusada qué había pasado y le dijo que perdió dos sobres. Este testigo sabía quien pagaba porque era el encargado de almacén. En concreto, vio que faltaba dinero porque un cliente le dijo que había pagado 1.400 euros que no estaban. Precisa que constaban pagos contra albarán y no contra factura. Insiste en que cobraba la acusada y que él mismo acompañaba al cliente a la ventanilla para que cobrase.
La Sra. Encarnacion manifiesta que quien cobraba era la acusada y que ella sólo había llevado dinero al banco esporádicamente y antes de 2019. También dice que ahora ella hace el trabajo que hacía la acusada.
La Sra. Ofelia, tras indicar que era la contable que trabajaba en la delegación de Vic, relata cómo se descubrieron los hechos. De su testimonio es relevante destacar que ya antes tuvo que advertir a la acusada que ingresara el dinero porque tenía mucho efectivo. Indica que era ella la que en Vic tenía la tarjeta de ingresos y que la empresa sólo tenía una cuenta. Y reitera que debía ingresarse el efectivo cada día.
Hasta aquí los testigos vinculados laboralmente con la empresa. Todos han coincidido en dos hechos: La acusada cobraba y expedía un documento como recibo que no era una factura sino un documento que no era el exigido, como eran albaranes u hojas de pedido.
Esta manifestación tiene un amplio fundamento documental en la causa. Así, entre otros, los folios 252, 253, 272 o 285. Incluso a los folios 191, 193 o 195 consta la mención "entregado a a Tomasa". Todos los testigos inciden en que esa especie de rúbrica que figura junto al "pagado" es de la acusada, sin que se haya cuestionado este hecho.
La declaración del Sr. Fermín no tiene relevancia. Ya hemos dicho que la aparición del teléfono de la acusada como teléfono de urgencia de la clínica dental no pasa de la mera sospecha que no llega a indicio. Y ello pese a que el importe referido por el testigo para la puesta en marcha de la clínica sea casi coincidente con el de las apropiaciones.
A continuación han declarado algunos clientes. El Sr. Jose Pedro, pese a haber ratificado el documento obrante al folio 762, dice que ahora no está seguro si le dio el dinero a la acusada o a la Sra. Encarnacion.
Por el contrario, los testigos Sr. Luis María. Sra. Salome, Sr. Luciano, Sr. Indalecio y Sr. Pelayo son precisos cuando dicen que entregaron el dinero a la acusada. El Sr. Luis María ha reconocido el documento del folio 767. También dice que siempre pagaba a la acusada, que ahora le paga a la Sra. Encarnacion, a la que se han ido refiriendo los testigos como " Flaca", y que nunca pagó a esta cuando estaba la acusada.
La Sra. Salome, además de ratificar el documento del folio 801, se ha manifestado en términos coincidentes con el testigo anterior. También ha reconocido el documento del folio 802, consistente en una hoja de pedido en la que consta como pagada la cantidad de 2.000 euros. Y añade que nunca entregó dinero al Sr. Héctor.
El Sr. Luciano, que también reconoce el documento obrante al folio 816, dice que siempre pagaba a la acusada. Incluso dice que era más simpática que la Sra. Encarnacion, que es quien está ahora. Dice que pagó 1466 euros y que le pidieron el documento que se le entregó como recibo. Niega haber pagado al Sr. Héctor alguna vez.
El Sr. Indalecio, que ratifica los documentos de los folios 820 y 822, dice que pagaba a la acusada siempre y que a la Sra. Encarnacion sólo la había visto por allí.
Finalmente, el Sr. Pelayo ratifica los documentos de los folios 824 y 825 y que siempre pagaba a la acusada.
Comprobamos que los clientes, salvo la duda del Sr. Jose Pedro, son contestes en manifestar que siempre pagaban a la acusada. Y al ratificarse en los documentos generan una potente prueba de cargo puesto que algunos de los documentos, con la rúbrica de la acusada que nadie cuestiona, son albaranes u otros documentos que no son aptos para documentar un pago si se quiere llevar una contabilidad ordenada.
Los dos últimos testigos, el Sr. Adriano y el Sr. Efrain, transportistas de la empresa, no enervan la prueba de cargo. El Sr. Adriano dice que en ocasiones se le pedía que recogiera algún pago cuando descargaba y que ahora no lo hacen. Y precisa que en esos casos le entregaba el dinero a la acusada. También niega que llevase dinero a la delegación de Vic.
El testigo Sr. Efrain dice que en ocasiones llevaba una valija a Vic y que no sabe lo que llevaba. Y niega que haya hecho cobros, precisando que hace transportes con un camión grande.
De cuanto hemos expuesto se concluye que la prueba de cargo se presenta sin fisuras. Ya hemos hecho mención a la endeblez de los argumentos de la defensa, carentes del más mínimo fundamento probatorio.
Tampoco podemos aceptar que la imputación de este delito sea consecuencia de una especie de venganza en el seno de la empresa urdido por las personas a las que, de forma más o menos explícita, ha atribuido los hechos.
Al respecto ponderamos que se trata de una empresa no pequeña, que tiene distintos centros y que en España tiene su centro en una localidad de la provincia de Jaén. Si tenía alguna reivindicación salarial disponía de la pertinente acción ante el Juzgado de lo Social. Es notorio que no es lo mismo una reclamación de este tipo en una empresa pequeña que en una empresa grande.
La pericial del Sr. Lorenzo no sólo refuerza la prueba de la comisión del delito sino que fija el quantum en un importe por encima de los 50.000 euros que conforma el subtipo agravado.
El perito es preciso cuando explica cómo llega a sus conclusiones. A partir de los documentos facilitados y del examen de la cuenta establece un importe de lo cobrado y de lo no ingresado en cuenta. Incluso, por falta de justificación suficiente excluye 2.000 euros.
Frente a este peritaje, el presentado y ratificado por el Sr. Fermín no nos merece relevancia. Los hechos de la causa son relativamente sencillos porque los apoderamientos de dinero se produjeron en un lapso temporal reducido durante los años 2018 y 2019. El objeto del peritaje del Sr. Lorenzo era preciso. No alcanzamos a entender la razón por la que el perito tenía que hacer una auditoría. Simplemente se trataba de comprobar pagos no ingresados a la vista de los documentos. Pretender una auditoría que implicaría un evidente exceso del objeto del procedimiento mismo no es de recibo. No estamos ante un delio societario ni ante un complejo entramado económico delincuencial. Sólo se trataba de la apropiación de dinero por una trabajadora desleal. Además, es patente que el Sr. Fermín se ha limitado a la crítica de la técnica empleada por el Sr. Lorenzo, pero no ha hecho ningún cálculo a partir de la comparativa entre lo cobrado y lo no ingresado, pese a que el perito mismo dice que este era uno de los objetos.
Deben, en consecuencia, imponerse las conclusiones del perito Sr. Lorenzo que, insistimos, es fundamento de la aplicación del subtipo agravado, al tiempo que corrobora la comisión del delito que ya quedaba probado con la documental y las testificales.
Finalmente, haremos dos consideraciones. No otorgamos ninguna relevancia a si la empresa tenía una sola cuenta. Estamos ante una delegación de una gran empresa y no tenemos razones para dudar, en principio, de que sólo tuviese una cuenta. En todo caso, la prueba de cargo no deja resquicio a la duda. Había una cuenta en la que la acusada tenía que ingresar los pagos en efectivo y no lo hacía. Y con ello, insistimos se conforma la prueba de cargo de la comisión del delito según la calificación que haremos en el fundamento siguiente.
En segundo lugar, por descontado no cuestionamos la preferencia de nuestro orden jurisdiccional, tal y como determinan los artículos 7 y 8 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal. No obstante, y al menos en lo que hace al elemento objetivo, difícilmente nos podríamos apartar de la valoración que los órganos del orden social ya han hecho al decidir que el despido era procedente.
Nos remitimos a lo que hemos dicho en el fundamento primero. De la prueba se constata que la acusada se apropió de cantidades que se le entregaban para pago en su condición de trabajadora de la empresa que ejerce la acusación.
Asimismo, de la valoración expuesta concluimos que el monto de las cantidades apropiadas asciende a esos 55.262,08 euros que se reclaman en concepto de responsabilidad civil como importe del daño causado.
Sin embargo, no podemos acoger la duplicidad contra reo que determina la aplicación simultánea de la continuidad delictiva y del subtipo agravado del núm. 1.5º del artículo 250 del Código Penal. Desde el acuerdo de Pleno no Jurisdiccional de la Sala Segunda de 30 de octubre de 2007 se trata de una cuestión pacífica.
Por todas, citamos la muy reciente sentencia núm. 869/2025, de 23 de octubre, en la se expone:
En este caso no se produjo ninguna apropiación individual por el importe de 50.000 euros que fija el subtipo agravado, por lo que debe prevalecer este subtipo y no los efectos penológicos de la continuidad delictiva que exacerbarían la pena e implicarían una duplicidad del fundamento de agravación.
En definitiva, los hechos han de calificarse como delito de apropiación indebida que concurre en el subtipo agravado del artículo 250.1.5º, del que es autora Tomasa.
Esta alegación incurre en un doble déficit por lo que no va a prosperar. En primer lugar, el abuso de confianza se corresponde al abuso de las relaciones personales entre defraudador y víctima del artículo 250.1.6º del mismo código. Aunque son términos no del todo coincidentes son equivalentes, como ha determinado la jurisprudencia. Por tanto, de apreciase el abuso de confianza debería aplicarse el subtipo agravado y no la agravante genérica.
En todo caso, y más relevante, hay que recordar que el abuso de confianza es inherente de ordinario a las defraudaciones. Sólo en aquellos casos más graves, en los que concurre un plus añadido a la relación personal y la confianza entre el sujeto activo y el sujeto pasivo, podrá apreciarse el subtipo. Por todas, citaremos la reciente sentencia de la Sala Segunda núm. 147/2025, de 20 de febrero.
Por su parte la defensa de la acusada ha pedido en conclusiones definitivas la apreciación de la atenuante de dilaciones indebidas. De su planteamiento se infiere que el parámetro que ha empleado en el planteamiento de la atenuante consiste en la duración del procedimiento y no tanto en las interrupciones de la tramitación que, a menudo, son su fundamento.
La jurisprudencia ha decantado la interpretación sobre ambos parámetros y sobre cómo han de concurrir para su estimación. Por todas, citamos la sentencia de la Sala Segunda núm. 341/2024, de 25 de abril, que dice:
Proyectando la interpretación de nuestro Alto Tribunal constatamos que la tramitación ha durado algo más de seis años, que no se corresponde con la complejidad de los hechos objeto de la causa. Además, se han producido algunas interrupciones de una cierta entidad; en concreto, son significativos dos lapsos temporales. Uno que atañe al tiempo que se tardó en el dictado del auto de acomodación del artículo 779.1.4ª de la Ley de Enjuiciamiento Criminal que, incluso, provocó la petición de impulso procesal de la acusación particular. Y otro consistente en el tiempo transcurrido hasta que se presentó en escrito de conclusiones provisionales.
Sobre las interrupciones se adoptó el Acuerdo del Pleno no Jurisdiccional de esta Audiencia celebrado el 12 de julio de 2012, en el que se determinó que la atenuante de dilaciones indebidas se apreciará conforme a las reglas siguientes:
a) Sin perjuicio de la concreta ponderación que pueda hacerse en cada caso concreto para períodos de paralización inferiores, se considera que en todo caso tiene la consideración de dilación extraordinaria e indebida en los términos expresados en el artículo 21.6 del Código Penal, la paralización de una causa por tiempo superior a dieciocho meses, cuando no sea atribuible al propio inculpado (acuerdo adoptado por unanimidad).
b) En iguales términos, se considera que en todo caso tendrá la consideración de atenuante muy cualificada del artículo 66.1.2 en relación al artículo 21.6 del Código Penal, la paralización de una causa por tiempo superior a tres años (acuerdo adoptado por unanimidad).
A partir de cuanto hemos expuesto concluimos que la atenuante concurre como simple puesto que el trámite se ha alargado en exceso durante la fase de instrucción y la fase intermedia. No obstante, precisamos que no ha habido tal ante este órgano de enjuiciamiento puesto que la causa tuvo entrada en fecha 3 de marzo de 2025.
Optamos por la apreciación como simple a partir de la ponderación de la doctrina jurisprudencial, que reserva la apreciación de la atenuante como muy cualificada en periodos más dilatados. Además, tampoco la defensa ha alegado y probado cómo ha afectado a la vida y las actividades de la acusada el tiempo por el que se ha prolongado la tramitación de la causa.
Ponderando los hechos objeto de acusación y la conducta de la acusada consideramos procedente, a la vista de la gravedad del hecho, imponer una pena de dos años y tres meses de prisión, con la accesoria de privación del derecho de sufragio pasivo durante el tiempo de la condena. Asimismo, procede imponerle la pena de multa de siete meses y quince días con una cuota diaria de seis euros, con la responsabilidad del artículo 53 del Código Penal en caso de impago.
El delito de estafa agravada está castigado con una horquilla que va de uno a seis años de prisión. La aplicación de la atenuante simple nos lleva a aplicar la pena en la mitad inferior, que va de un año a tres años y seis meses de prisión.
Optamos por imponer la pena de dos años y tres meses de prisión a la vista de la gravedad de los hechos.
Estimamos que una pena inferior y más próxima al mínimo comportaría una carga de reproche penal no ajustada a la gravedad de la conducta de la acusada. La agravación por la cantidad apropiada ilícitamente quedaría diluida si impusiésemos una pena menor. Y al respecto ponderamos que la conducta de la acusada, como trabajadora de muchos años de la empresa, entrañó una especial vulneración de la confianza que se tenía hacia la misma. Aunque no hayamos estimado el abuso de confianza como agravación específica no por ello tenemos que abstenernos de ponderar, a efectos de fijar la pena adecuada a la conducta punible, el especial reproche que merece esa quiebra del vínculo de confianza. Asimismo, valoramos que la conducta de la acusada se proyectó sobre la relación negocial de la empresa con los clientes y entrañó un cierto daño reputacional y/o de imagen para la misma.
En lo que atañe a la pena de multa, la hemos fijado en esos siete meses y quince días, manteniendo un criterio de proporcionalidad en relación a la pena de prisión.
En cuanto al importe, procede fijar una cuota de seis euros. Esta Sala, en sentencia de 8 de mayo de 2017, expuso la jurisprudencia sobre la cuestión. Así dice:
No damos lugar a la inhabilitación del artículo 45 del Código Penal por falta de sustrato probatorio. No sabemos cuál es la titulación de la acusada y, en lo que hace a los hechos, hay que valorar que la acusada no ejercía funciones de contable y los cobros del efectivo eran más actos puramente materiales y similares a los de un dependiente de comercio.
Así, y conforme a los artículos 109 y 110 del Código Penal y 110 y 113 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal y sus concordantes de ambas leyes, procede condenar a la acusada al pago del citado importe.
La cantidad fijada por este concepto devengará el interés legal aumentado en dos puntos desde la fecha de esta sentencia, conforme al artículo 576 de la Ley de Enjuiciamiento Civil.
La jurisprudencia más reciente ha fijado unos criterios que han llevado a generalizar la posibilidad de incluir en la condena en costas las de la acusación particular. Por todas, citamos la sentencia de la Sala Segunda núm. 192/2024, de 29 de febrero, que resume esa doctrina más reciente.
Así, exponer nuestro Alto Tribunal:
Basta comprobar el desarrollo de la causa y, singularmente, del juicio para concluir que no hay actuación superflua o notoriamente inútil. En concreto, ponderamos que hemos conferido valor como prueba de cargo a las declaraciones de los clientes pedidas como prueba testifical por la acusación particular.
En definitiva, concluimos que procede incluir en la condena en costas las causadas de la acusación particular.
Dicha cantidad devengará el interés legal aumentado en dos puntos desde la fecha de esta sentencia y hasta su completo pago.
Las costas, que incluyen las de la acusación particular, se imponen a la acusada.
Notifíquese al Ministerio Fiscal y a las demás partes, haciéndoles saber que contra esta sentencia puede interponerse recurso de apelación en el plazo de diez días.
Así lo acordamos y firmamos los Sres. Magistrados de la Sala.
Fundamentos
El artículo 253 del Código Penal, que tipifica este delito, dice en su apartado 1: "Serán castigados con las penas del artículo 248 o, en su caso, del
Si hemos transcrito el precepto es porque tras la reforma del Código Penal por la Ley Orgánica 1/2025, se ha discutido la aptitud del dinero para ser objeto de este delito. El debate ha surgido tras la aparición de la administración desleal como delito autónomo, que hasta la reforma de forma específica sólo aparecía en el derogado artículo 295, en el título de los delitos societarios.
No obstante, en el supuesto de la causa ni tan sólo surge el debate puesto que la condición de la acusada como trabajadora de la denunciante hace que no tengamos que entrar en la cuestión. Es patente que, de quedar probado el sustrato fáctico de las acusaciones, se habrán de imponer sus tesis.
La sentencia de la Sala Segunda núm. 422-18, de 26 de septiembre, es precisa cuando fija que el empleado que se apropia de dinero de la empresa comete este delito. Así, dice la sentencia:
En estos términos se concluye que las acusaciones, para el triunfo de la pretensión condenatoria, vienen obligadas a probar que la acusada fue apropiándose de las cantidades en efectivo que recibía como trabajadora de la empresa.
Y es que, como expondremos, la prueba practicada no deja ningún resquicio para que pueda prosperar esa posición de la acusada. Esta ha pretextado una situación en el seno de la empresa que no se compadece con unos hechos acreditados más allá de la duda.
Hay un primer hecho que nos llama la atención. La acusada, como hemos avanzado, nos dice de forma más o menos expresa que eran esos otros trabajadores o el gerente Sr. Raimundo los que pudieron haberse apropiado de dinero. Y todo ello trufado además con acusaciones de que había una contabilidad en "B", pagos de comisiones y otros gastos que no estaban justificados.
Ocurre que incluso si diésemos pábulo, que no lo damos, a esas pretendidas malas prácticas o irregularidades el sustrato indiciario de cargo que pesa sobre la acusada quedaría incólume.
No podemos soslayar un hecho que deviene esencial para conformar un prius del que se infiere la relevancia penal de la conducta de la acusada. Las apropiaciones aparecen acotadas en un tiempo muy concreto: El apoderamiento de un saldo de caja en 2018 por importe de 9.074,39 euros y de hasta cincuenta apropiaciones entre enero y abril de 2019. Como expondremos vamos a dar relevancia a las conclusiones del perito Sr. Lorenzo, que acota las apropiaciones en el tiempo.
Este parámetro del lapso temporal en el que se produjeron los apoderamientos del dinero resulta decisivo por varias razones. Al respecto tenemos que partir de un hecho. No podemos poner en cuestión que la acusada entre sus tareas tenía la de recibir los pagos en efectivo. Todos los testigos y ella misma no lo han negado. Y en este punto tenemos que tildar de inconsistente y de mero argumento defensivo pretextar que la acusada era sustituida cuando estaba de baja o vacaciones. Insistimos en que las apropiaciones se acotan en un tiempo que, además, no es prolongado. También, como demostración de la endeblez del argumento, valoramos que las apropiaciones en 2019 se cometieron entre enero y abril. Así, dar a entender que en esos periodos de ausencia eran aprovechados por otros trabajadores para apoderarse del dinero no merece crédito.
Hemos comenzado haciendo estas consideraciones antes de referirnos a las pruebas y su resultado en concreto. Y es que consideramos que ese factor temporal en conexión con la no cuestionada función que desempañaba la acusada constituye un potente indicio de incriminación.
Incluso antes del examen de la prueba concreta vamos a aclarar que no nos planteamos el destino de las cantidades apropiadas. Simplemente la acusada las hizo suyas con el ánimo de lucro que es inherente a tal conducta. El que el teléfono de la acusada constase en la publicidad de una clínica dental como teléfono de urgencia puede constituir un hecho sospechoso. Pero este hecho no tiene elementos de corroboración; por tanto, no tiene valor de indicio incriminatorio.
Los testigos Sr. Raimundo, Sr. Amadeo, Sr. Héctor, Sra. Encarnacion y Sra. Ofelia son coincidentes al referirse a las tareas que la acusada tenía encomendadas en la empresa. Insistimos en que era la encargada de los cobros y de entregar un documento acreditativo del pago.
En concreto, el gerente Sr. Raimundo dice que la acusada cobraba el efectivo y que después tenía que ingresarlo en el BBVA para lo que disponía de una tarjeta nominativa. También tenía que hacer una liquidación. Añade que si no le daba tiempo a ir al banco disponían de una caja fuerte de la que tenía llave. Relata que descubrieron que faltaba dinero cuando un cliente al que se le reclamó dijo que ya había pagado. También se refiere a cómo encontraron en la papelera un albarán roto (folio 253) con la indicación de pagado firmada por la acusada, pese a que este documento no era apto para documentar un pago.
El Sr. Amadeo dice que es comercial de la empresa. Reconoce que ocasionalmente recibía algún pago en efectivo que entregaba a la acusada al llegar. Dice que fue él quien descubrió los hechos cuando un cliente le dijo que había pagado lo que se le reclamaba.
El Sr. Héctor era el encargado de almacén. Reitera que la acusada era quien cobraba y que ahora cobra él. Dice que le preguntó a la acusada qué había pasado y le dijo que perdió dos sobres. Este testigo sabía quien pagaba porque era el encargado de almacén. En concreto, vio que faltaba dinero porque un cliente le dijo que había pagado 1.400 euros que no estaban. Precisa que constaban pagos contra albarán y no contra factura. Insiste en que cobraba la acusada y que él mismo acompañaba al cliente a la ventanilla para que cobrase.
La Sra. Encarnacion manifiesta que quien cobraba era la acusada y que ella sólo había llevado dinero al banco esporádicamente y antes de 2019. También dice que ahora ella hace el trabajo que hacía la acusada.
La Sra. Ofelia, tras indicar que era la contable que trabajaba en la delegación de Vic, relata cómo se descubrieron los hechos. De su testimonio es relevante destacar que ya antes tuvo que advertir a la acusada que ingresara el dinero porque tenía mucho efectivo. Indica que era ella la que en Vic tenía la tarjeta de ingresos y que la empresa sólo tenía una cuenta. Y reitera que debía ingresarse el efectivo cada día.
Hasta aquí los testigos vinculados laboralmente con la empresa. Todos han coincidido en dos hechos: La acusada cobraba y expedía un documento como recibo que no era una factura sino un documento que no era el exigido, como eran albaranes u hojas de pedido.
Esta manifestación tiene un amplio fundamento documental en la causa. Así, entre otros, los folios 252, 253, 272 o 285. Incluso a los folios 191, 193 o 195 consta la mención "entregado a a Tomasa". Todos los testigos inciden en que esa especie de rúbrica que figura junto al "pagado" es de la acusada, sin que se haya cuestionado este hecho.
La declaración del Sr. Fermín no tiene relevancia. Ya hemos dicho que la aparición del teléfono de la acusada como teléfono de urgencia de la clínica dental no pasa de la mera sospecha que no llega a indicio. Y ello pese a que el importe referido por el testigo para la puesta en marcha de la clínica sea casi coincidente con el de las apropiaciones.
A continuación han declarado algunos clientes. El Sr. Jose Pedro, pese a haber ratificado el documento obrante al folio 762, dice que ahora no está seguro si le dio el dinero a la acusada o a la Sra. Encarnacion.
Por el contrario, los testigos Sr. Luis María. Sra. Salome, Sr. Luciano, Sr. Indalecio y Sr. Pelayo son precisos cuando dicen que entregaron el dinero a la acusada. El Sr. Luis María ha reconocido el documento del folio 767. También dice que siempre pagaba a la acusada, que ahora le paga a la Sra. Encarnacion, a la que se han ido refiriendo los testigos como " Flaca", y que nunca pagó a esta cuando estaba la acusada.
La Sra. Salome, además de ratificar el documento del folio 801, se ha manifestado en términos coincidentes con el testigo anterior. También ha reconocido el documento del folio 802, consistente en una hoja de pedido en la que consta como pagada la cantidad de 2.000 euros. Y añade que nunca entregó dinero al Sr. Héctor.
El Sr. Luciano, que también reconoce el documento obrante al folio 816, dice que siempre pagaba a la acusada. Incluso dice que era más simpática que la Sra. Encarnacion, que es quien está ahora. Dice que pagó 1466 euros y que le pidieron el documento que se le entregó como recibo. Niega haber pagado al Sr. Héctor alguna vez.
El Sr. Indalecio, que ratifica los documentos de los folios 820 y 822, dice que pagaba a la acusada siempre y que a la Sra. Encarnacion sólo la había visto por allí.
Finalmente, el Sr. Pelayo ratifica los documentos de los folios 824 y 825 y que siempre pagaba a la acusada.
Comprobamos que los clientes, salvo la duda del Sr. Jose Pedro, son contestes en manifestar que siempre pagaban a la acusada. Y al ratificarse en los documentos generan una potente prueba de cargo puesto que algunos de los documentos, con la rúbrica de la acusada que nadie cuestiona, son albaranes u otros documentos que no son aptos para documentar un pago si se quiere llevar una contabilidad ordenada.
Los dos últimos testigos, el Sr. Adriano y el Sr. Efrain, transportistas de la empresa, no enervan la prueba de cargo. El Sr. Adriano dice que en ocasiones se le pedía que recogiera algún pago cuando descargaba y que ahora no lo hacen. Y precisa que en esos casos le entregaba el dinero a la acusada. También niega que llevase dinero a la delegación de Vic.
El testigo Sr. Efrain dice que en ocasiones llevaba una valija a Vic y que no sabe lo que llevaba. Y niega que haya hecho cobros, precisando que hace transportes con un camión grande.
De cuanto hemos expuesto se concluye que la prueba de cargo se presenta sin fisuras. Ya hemos hecho mención a la endeblez de los argumentos de la defensa, carentes del más mínimo fundamento probatorio.
Tampoco podemos aceptar que la imputación de este delito sea consecuencia de una especie de venganza en el seno de la empresa urdido por las personas a las que, de forma más o menos explícita, ha atribuido los hechos.
Al respecto ponderamos que se trata de una empresa no pequeña, que tiene distintos centros y que en España tiene su centro en una localidad de la provincia de Jaén. Si tenía alguna reivindicación salarial disponía de la pertinente acción ante el Juzgado de lo Social. Es notorio que no es lo mismo una reclamación de este tipo en una empresa pequeña que en una empresa grande.
La pericial del Sr. Lorenzo no sólo refuerza la prueba de la comisión del delito sino que fija el quantum en un importe por encima de los 50.000 euros que conforma el subtipo agravado.
El perito es preciso cuando explica cómo llega a sus conclusiones. A partir de los documentos facilitados y del examen de la cuenta establece un importe de lo cobrado y de lo no ingresado en cuenta. Incluso, por falta de justificación suficiente excluye 2.000 euros.
Frente a este peritaje, el presentado y ratificado por el Sr. Fermín no nos merece relevancia. Los hechos de la causa son relativamente sencillos porque los apoderamientos de dinero se produjeron en un lapso temporal reducido durante los años 2018 y 2019. El objeto del peritaje del Sr. Lorenzo era preciso. No alcanzamos a entender la razón por la que el perito tenía que hacer una auditoría. Simplemente se trataba de comprobar pagos no ingresados a la vista de los documentos. Pretender una auditoría que implicaría un evidente exceso del objeto del procedimiento mismo no es de recibo. No estamos ante un delio societario ni ante un complejo entramado económico delincuencial. Sólo se trataba de la apropiación de dinero por una trabajadora desleal. Además, es patente que el Sr. Fermín se ha limitado a la crítica de la técnica empleada por el Sr. Lorenzo, pero no ha hecho ningún cálculo a partir de la comparativa entre lo cobrado y lo no ingresado, pese a que el perito mismo dice que este era uno de los objetos.
Deben, en consecuencia, imponerse las conclusiones del perito Sr. Lorenzo que, insistimos, es fundamento de la aplicación del subtipo agravado, al tiempo que corrobora la comisión del delito que ya quedaba probado con la documental y las testificales.
Finalmente, haremos dos consideraciones. No otorgamos ninguna relevancia a si la empresa tenía una sola cuenta. Estamos ante una delegación de una gran empresa y no tenemos razones para dudar, en principio, de que sólo tuviese una cuenta. En todo caso, la prueba de cargo no deja resquicio a la duda. Había una cuenta en la que la acusada tenía que ingresar los pagos en efectivo y no lo hacía. Y con ello, insistimos se conforma la prueba de cargo de la comisión del delito según la calificación que haremos en el fundamento siguiente.
En segundo lugar, por descontado no cuestionamos la preferencia de nuestro orden jurisdiccional, tal y como determinan los artículos 7 y 8 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal. No obstante, y al menos en lo que hace al elemento objetivo, difícilmente nos podríamos apartar de la valoración que los órganos del orden social ya han hecho al decidir que el despido era procedente.
Nos remitimos a lo que hemos dicho en el fundamento primero. De la prueba se constata que la acusada se apropió de cantidades que se le entregaban para pago en su condición de trabajadora de la empresa que ejerce la acusación.
Asimismo, de la valoración expuesta concluimos que el monto de las cantidades apropiadas asciende a esos 55.262,08 euros que se reclaman en concepto de responsabilidad civil como importe del daño causado.
Sin embargo, no podemos acoger la duplicidad contra reo que determina la aplicación simultánea de la continuidad delictiva y del subtipo agravado del núm. 1.5º del artículo 250 del Código Penal. Desde el acuerdo de Pleno no Jurisdiccional de la Sala Segunda de 30 de octubre de 2007 se trata de una cuestión pacífica.
Por todas, citamos la muy reciente sentencia núm. 869/2025, de 23 de octubre, en la se expone:
En este caso no se produjo ninguna apropiación individual por el importe de 50.000 euros que fija el subtipo agravado, por lo que debe prevalecer este subtipo y no los efectos penológicos de la continuidad delictiva que exacerbarían la pena e implicarían una duplicidad del fundamento de agravación.
En definitiva, los hechos han de calificarse como delito de apropiación indebida que concurre en el subtipo agravado del artículo 250.1.5º, del que es autora Tomasa.
Esta alegación incurre en un doble déficit por lo que no va a prosperar. En primer lugar, el abuso de confianza se corresponde al abuso de las relaciones personales entre defraudador y víctima del artículo 250.1.6º del mismo código. Aunque son términos no del todo coincidentes son equivalentes, como ha determinado la jurisprudencia. Por tanto, de apreciase el abuso de confianza debería aplicarse el subtipo agravado y no la agravante genérica.
En todo caso, y más relevante, hay que recordar que el abuso de confianza es inherente de ordinario a las defraudaciones. Sólo en aquellos casos más graves, en los que concurre un plus añadido a la relación personal y la confianza entre el sujeto activo y el sujeto pasivo, podrá apreciarse el subtipo. Por todas, citaremos la reciente sentencia de la Sala Segunda núm. 147/2025, de 20 de febrero.
Por su parte la defensa de la acusada ha pedido en conclusiones definitivas la apreciación de la atenuante de dilaciones indebidas. De su planteamiento se infiere que el parámetro que ha empleado en el planteamiento de la atenuante consiste en la duración del procedimiento y no tanto en las interrupciones de la tramitación que, a menudo, son su fundamento.
La jurisprudencia ha decantado la interpretación sobre ambos parámetros y sobre cómo han de concurrir para su estimación. Por todas, citamos la sentencia de la Sala Segunda núm. 341/2024, de 25 de abril, que dice:
Proyectando la interpretación de nuestro Alto Tribunal constatamos que la tramitación ha durado algo más de seis años, que no se corresponde con la complejidad de los hechos objeto de la causa. Además, se han producido algunas interrupciones de una cierta entidad; en concreto, son significativos dos lapsos temporales. Uno que atañe al tiempo que se tardó en el dictado del auto de acomodación del artículo 779.1.4ª de la Ley de Enjuiciamiento Criminal que, incluso, provocó la petición de impulso procesal de la acusación particular. Y otro consistente en el tiempo transcurrido hasta que se presentó en escrito de conclusiones provisionales.
Sobre las interrupciones se adoptó el Acuerdo del Pleno no Jurisdiccional de esta Audiencia celebrado el 12 de julio de 2012, en el que se determinó que la atenuante de dilaciones indebidas se apreciará conforme a las reglas siguientes:
a) Sin perjuicio de la concreta ponderación que pueda hacerse en cada caso concreto para períodos de paralización inferiores, se considera que en todo caso tiene la consideración de dilación extraordinaria e indebida en los términos expresados en el artículo 21.6 del Código Penal, la paralización de una causa por tiempo superior a dieciocho meses, cuando no sea atribuible al propio inculpado (acuerdo adoptado por unanimidad).
b) En iguales términos, se considera que en todo caso tendrá la consideración de atenuante muy cualificada del artículo 66.1.2 en relación al artículo 21.6 del Código Penal, la paralización de una causa por tiempo superior a tres años (acuerdo adoptado por unanimidad).
A partir de cuanto hemos expuesto concluimos que la atenuante concurre como simple puesto que el trámite se ha alargado en exceso durante la fase de instrucción y la fase intermedia. No obstante, precisamos que no ha habido tal ante este órgano de enjuiciamiento puesto que la causa tuvo entrada en fecha 3 de marzo de 2025.
Optamos por la apreciación como simple a partir de la ponderación de la doctrina jurisprudencial, que reserva la apreciación de la atenuante como muy cualificada en periodos más dilatados. Además, tampoco la defensa ha alegado y probado cómo ha afectado a la vida y las actividades de la acusada el tiempo por el que se ha prolongado la tramitación de la causa.
Ponderando los hechos objeto de acusación y la conducta de la acusada consideramos procedente, a la vista de la gravedad del hecho, imponer una pena de dos años y tres meses de prisión, con la accesoria de privación del derecho de sufragio pasivo durante el tiempo de la condena. Asimismo, procede imponerle la pena de multa de siete meses y quince días con una cuota diaria de seis euros, con la responsabilidad del artículo 53 del Código Penal en caso de impago.
El delito de estafa agravada está castigado con una horquilla que va de uno a seis años de prisión. La aplicación de la atenuante simple nos lleva a aplicar la pena en la mitad inferior, que va de un año a tres años y seis meses de prisión.
Optamos por imponer la pena de dos años y tres meses de prisión a la vista de la gravedad de los hechos.
Estimamos que una pena inferior y más próxima al mínimo comportaría una carga de reproche penal no ajustada a la gravedad de la conducta de la acusada. La agravación por la cantidad apropiada ilícitamente quedaría diluida si impusiésemos una pena menor. Y al respecto ponderamos que la conducta de la acusada, como trabajadora de muchos años de la empresa, entrañó una especial vulneración de la confianza que se tenía hacia la misma. Aunque no hayamos estimado el abuso de confianza como agravación específica no por ello tenemos que abstenernos de ponderar, a efectos de fijar la pena adecuada a la conducta punible, el especial reproche que merece esa quiebra del vínculo de confianza. Asimismo, valoramos que la conducta de la acusada se proyectó sobre la relación negocial de la empresa con los clientes y entrañó un cierto daño reputacional y/o de imagen para la misma.
En lo que atañe a la pena de multa, la hemos fijado en esos siete meses y quince días, manteniendo un criterio de proporcionalidad en relación a la pena de prisión.
En cuanto al importe, procede fijar una cuota de seis euros. Esta Sala, en sentencia de 8 de mayo de 2017, expuso la jurisprudencia sobre la cuestión. Así dice:
No damos lugar a la inhabilitación del artículo 45 del Código Penal por falta de sustrato probatorio. No sabemos cuál es la titulación de la acusada y, en lo que hace a los hechos, hay que valorar que la acusada no ejercía funciones de contable y los cobros del efectivo eran más actos puramente materiales y similares a los de un dependiente de comercio.
Así, y conforme a los artículos 109 y 110 del Código Penal y 110 y 113 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal y sus concordantes de ambas leyes, procede condenar a la acusada al pago del citado importe.
La cantidad fijada por este concepto devengará el interés legal aumentado en dos puntos desde la fecha de esta sentencia, conforme al artículo 576 de la Ley de Enjuiciamiento Civil.
La jurisprudencia más reciente ha fijado unos criterios que han llevado a generalizar la posibilidad de incluir en la condena en costas las de la acusación particular. Por todas, citamos la sentencia de la Sala Segunda núm. 192/2024, de 29 de febrero, que resume esa doctrina más reciente.
Así, exponer nuestro Alto Tribunal:
Basta comprobar el desarrollo de la causa y, singularmente, del juicio para concluir que no hay actuación superflua o notoriamente inútil. En concreto, ponderamos que hemos conferido valor como prueba de cargo a las declaraciones de los clientes pedidas como prueba testifical por la acusación particular.
En definitiva, concluimos que procede incluir en la condena en costas las causadas de la acusación particular.
Dicha cantidad devengará el interés legal aumentado en dos puntos desde la fecha de esta sentencia y hasta su completo pago.
Las costas, que incluyen las de la acusación particular, se imponen a la acusada.
Notifíquese al Ministerio Fiscal y a las demás partes, haciéndoles saber que contra esta sentencia puede interponerse recurso de apelación en el plazo de diez días.
Así lo acordamos y firmamos los Sres. Magistrados de la Sala.
Fallo
Dicha cantidad devengará el interés legal aumentado en dos puntos desde la fecha de esta sentencia y hasta su completo pago.
Las costas, que incluyen las de la acusación particular, se imponen a la acusada.
Notifíquese al Ministerio Fiscal y a las demás partes, haciéndoles saber que contra esta sentencia puede interponerse recurso de apelación en el plazo de diez días.
Así lo acordamos y firmamos los Sres. Magistrados de la Sala.
