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Articulo 9 Plan director de la Red Natura 2000

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Artículo 9. Aspectos socioeconómicos y territoriales

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Desde finales del siglo XVIII, el peso de la población gallega viene disminuyendo de manera constante en el conjunto de la población estatal, pasando de un 13 % en el censo de Floridablanca (1787) a un 6 % en la actualidad.

Los factores que están detrás de este menor dinamismo con respecto al resto del Estado son tres y se encuentran interrelacionados.

la emigración que con distintas fases (intensidad y destino) recorrió todo el siglo XX; el alto número de personas fallecidas debido al progresivo envejecimiento de la población y la baja natalidad que hace de Galicia una de las comunidades autónomas con menor ratio de hijos/as por mujer.

A pesar de la pérdida continúa de población, Galicia constituye un territorio densamente habitado: cuenta con una población de más de 2.796.000 habitantes según cifras del Padrón municipal de habitantes (2009), lo que supone una densidad de población de casi 94 habitantes por km2. La población se sitúa preferentemente en las provincias de A Coruña y Pontevedra (41 % y 34 % de la población gallega respectivamente), y las dos provincias orientales representan tan solo el 25 % del total autonómico. En cuanto a la concentración espacial destaca la provincia de Pontevedra, en la que la densidad de población es de 211 habitantes por km2 (A Coruña: 142 hab./km2, Ourense: 46 hab./km2 y Lugo: 36 hab. km2).

La Comunidad Autónoma de Galicia abarca una extensión de 29.575 km2. De esta superficie el 17 % se sitúa a una altitud inferior a los 200 metros, mientras que casi el 7 % del territorio supera los 1.000 metros de altitud. Esta distribución física del territorio condiciona la distribución de la población gallega a lo largo del espacio, dando lugar a un desequilibrio demográfico muy notable, no sólo entre provincias sino, sobre todo, entre zonas del interior y zonas costeras y entre los cascos urbanos y las zonas rurales. No obstante, hasta mediados del siglo XX, siendo la producción agraria para subsistencia el sistema económico imperante, la distribución de la población fue más homogénea ya que, excepto en algunas zonas costeras, los recursos no se encontraban muy diferenciados.

Las zonas del interior de Galicia en general presentan bajas densidades de población además de una tendencia más regresiva que las áreas costeras. Huyen de esta tendencia los ayuntamientos que albergan núcleos urbanos. Cabe señalar que las cabeceras de comarca y las cercanías de sus enlaces por carretera presentan también una situación demográfica más favorable que el resto de áreas. En general, las áreas más favorables desde un punto de vista poblacional poseen, a su vez, un mayor dinamismo demográfico que el resto.

Todo esto configura una pauta de distribución de la población desequilibrada, que apunta a un crecimiento poblacional en las zonas urbanas costeras y del interior, con el consiguiente declive de las zonas rurales del interior. Se configura así una especie de modelo gravitatorio, donde las concentraciones humanas con más peso ejercen su atracción sobre las zonas menos pobladas y peor dotadas, por lo general, de servicios y oportunidades de empleo, produciéndose una polarización de la población en la costa occidental, y se forma una gran área metropolitana que adopta forma de corredor y que abarca desde la frontera portuguesa hasta Ferrol.

En su conjunto, la población gallega tiene una estructura demográfica envejecida, un elevado nivel de ruralización y un ritmo de renovación generacional insuficiente para que la estructura poblacional cambie a corto plazo, por lo que todo hace esperar un crecimiento vegetativo negativo, una merma de la población y un aumento del envejecimiento. En el futuro, todo parece indicar que la población se va a concentrar en el área occidental y en los cascos urbanos de carácter comarcal y tamaño medio. Según los diferentes índices demográficos, en la actualidad la provincia con una estructura más envejecida es la de Ourense, situándose en el extremo opuesto Pontevedra. No obstante, las pirámides poblacionales de las cuatro provincias gallegas se corresponden con una pirámide de tipo regresivo (el grupo de población adulta predomina sobre el de la población nueva y el porcentaje de ancianos es elevado), tendiendo a una pirámide totalmente invertida.

Este fuerte envejecimiento demográfico provoca un peso de la población inactiva muy elevado respecto a la población activa. Este hecho se pone aún más de manifiesto al referirnos a la población del sexo femenino, debido a la mayor esperanza de vida y a la menor incorporación de la mujer al sistema económico.

En el pasado, el sector de actividad más importante en la economía gallega según el porcentaje de personas ocupadas era el sector primario con más del 45 % de la población ocupada en el año 1976. La importancia de este sector en la economía gallega disminuyó en los últimos 40 años debido al abandono masivo del rural gallego hasta alcanzar los porcentajes de poco más del 8 % del total de los ocupados en Galicia; este papel de liderazgo en la economía gallega lo asumió desde los años 90 el sector servicios, que incrementó notablemente el número de personas ocupadas hasta alcanzar más del 60 % de personas ocupadas en él. Fue el sector secundario el que se mantuvo más estable en los últimos años, aunque se registraron ligeros incrementos en los primeros años en el sector industrial y, en los últimos, en el sector de la construcción. Este proceso de terciariación es un proceso común a todo el territorio español y europeo aunque en Galicia este fenómeno se pone más de manifiesto debido a la gran importancia que el sector primario tenía a mediados de siglo en la economía gallega.

En la actualidad es el sector servicios el más representado en todo el territorio gallego con cifras que rondan el 61 % de los ocupados. El segundo sector en cuanto a ocupación es el sector secundario mientras que el sector primario es el que consigue un menor peso. No obstante, en comparación con otros territorios del entorno, su contribución es elevada.