Accidente de trabajo y enfermedad profesional

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  • Estado: Redacción actual VIGENTE
  • Orden: Laboral
  • Fecha última revisión: 16/03/2021

Accidente de trabajo es toda lesión corporal que el trabajador sufra con ocasión o a consecuencia del trabajo que ejecuta por cuenta ajena.

Las enfermedades profesionales  representan otra parte importante del daño a la salud producido por los riesgos laborales, aunque al no aparecer de forma inmediata su relación con el trabajo puede pasar inadvertida, por lo que muchas suelen catalogarse como "enfermedad común".

Consideraciones generales y determinación del origen de las lesiones

Tema trascendente que preocupa por igual a legisladores, políticos, sindicatos, jueces, mutuas patronales y empresarios. Importa por el ataque directo que supone al factor humano que opera en el mercado de trabajo; es causa directa de las incapacidades temporales y de las invalideces, en sus distintos grados de invalidez permanente parcial, total, absoluta y gran invalidez.

La estadística sitúa a España a la cabeza de los países de la Unión Europea en materia de siniestralidad laboral, pero los datos que se manejan en los distintos países son diferentes, así es que las conclusiones a las que pueda llegarse no deben ser las mismas; en la UE no se contabilizan como profesionales los accidente “in itinere”, mientras que en España representan un 6% de los totales; en la UE no se contabilizan como contingencias profesionales las que no provocan baja en el trabajo ni las originadas en naufragios o catástrofes. En el año 2018 el incrementaron las muertes por estas causas se sitúa en un 5% y la siniestralidad laboral en un 8,2%. Pero al margen de esas consideraciones, lo cierto es que en España se producen tres muertes diarias por accidentes de trabajo, con una repercusión económica de gran consideración cada año, tomando también en cuenta las cuantiosas prestaciones que se destinan a la atención de los inválidos. No dejan de causar alarma los datos relativos al año 2007, por poner un ejemplo, en el que, en la UE, por cada 100.000 trabajadores fallecieron por accidente de trabajo 2.736, en tanto que en España en el mismo período las víctimas ascendieron a 4.691.

Se ha dicho que los accidentes de trabajo y las enfermedades profesionales no se deben exclusivamente al azar, y que con frecuencia se puede apreciar algún grado de responsabilidad en la persona obligada a garantizar la seguridad en el trabajo, es decir, en el empresario, pero el accidente “in itinere” no responde a este patrón de conducta, porque sobreviene en un medio que no domina el empresario, y lo mismo cabe decir de los accidentes “en misión”.

No es de extrañar que la abundante litigiosidad que originan los accidentes de trabajo y las enfermedades profesionales se deba en buena medida a la diferencia de las prestaciones que, en relación con las derivadas de contingencias no profesionales, corresponden a las profesionales. Ello es debido a que:

  • La acción protectora comenzó con la obligación de indemnizar; hoy se complementa con la prevención; la LPRL se ocupa de ambos aspectos, prevención y represión.
  • Las prestaciones son muy variadas, e incluyen a veces cantidades alzadas.
  • Las prestaciones no giran en torno al valor de las tarifas por las que se haya cotizado a la SS, sino de los salarios realmente abonados a la víctima.
  • La cotización por estas contingencias corre al cargo exclusivo del empresario y se fija sobre la base de salarios reales, incluyendo las mejoras reconocidas y satisfechas por las empresas. A esta conclusión llegó la OIT en la Declaración de Filadelfia.
  • A efectos de cobertura por el sistema, se considera al trabajador de alta de pleno derecho.
  • No se exigen períodos mínimos de carencia para lucrar las prestaciones.
  • Cuando el accidente no provoca la muerte del trabajador, pero sí la inactividad laboral, la indemnización abarca el daño corporal, la recuperación de la salud y de la capacidad laboral y la pérdida de las rentas de trabajo.
  • Son compatibles las indemnizaciones de naturaleza laboral y civil.
  • De un solo hecho o de una sola omisión pueden derivar responsabilidades para distintos sujetos.
  • Responsabilidad subsidiaria del dueño de la obra.
  • Responsabilidad solidaria en supuestos de sucesión en la titularidad de la empresa.
  • La gestión es también particular, pues pueden asumirla el INSS o las Mutuas Patronales.

El tratamiento de estas contingencias se hace más complejo si se tiene en cuenta que pueden sobrevenir en alguna de las siguientes circunstancias:

  • : Accidentes producidos en el medio dominado por el empresario, es decir, en el centro de trabajo, incluso del denominado itinerante; el TS llegó a calificar de centro de trabajo el lugar por el que debía transcurrir el tendido de una línea de conducción de energía eléctrica, es decir el poste en el que trabajaba el accidentado.
  • Accidente “in itinere” o en “misión”, es decir, los ocurridos al ir o regresar del domicilio al centro de trabajo o en el tiempo dedicado al cumplimiento de un encargo empresarial fuera del lugar habitual de trabajo.
  • Accidentes sufridos por los trabajadores de la propia plantilla.
  • Accidentes de los trabajadores de empresas que cooperan con el responsable de la seguridad en el lugar de los hechos.
  • Accidentes sufridos por los trabajadores vinculados con las empresas de trabajo temporal.
  • Ámbitos del ordenamiento jurídico en los que puede ser exigida la consiguiente responsabilidad (laboral, civil, penal, administrativo).

Conviene señalar, por otra parte, que la doctrina considera con cierta amplitud conceptual la «lesión» determinante del AT, por la que deben entenderse también las enfermedades de súbita aparición o desenlace, comprendiendo así no sólo a los accidentes en sentido estricto o lesiones producidas por la acción súbita y violenta de un agente exterior, sino también a las enfermedades o alteraciones de los procesos vitales que pueden surgir en el trabajo causadas por agentes patológicos internos o externos. En este sentido, Sentencia del Tribunal Supremo, Rec. 1901/1991, de 27 de octubre de 1992, ECLI:ES:TS:1992:8003, entre otras. 

Presunción de laboralidad:: esiones producidas en el lugar y tiempo de trabajo.

Para calificar como profesional el accidente debe ocurrir en el lugar de trabajo y en tiempo de trabajo, circunstancias perfiladas con abundante jurisprudencia. La Directiva 2002/15/CE distingue entre tiempo de trabajo (cuando el trabajador está en el lugar de trabajo a disposición del empresario) y tiempo de disponibilidad (se permanece en el lugar de trabajo y se está disponible para responder a posibles instrucciones para emprender o reanudar el trabajo) y descanso, definiendo el tiempo de disponibilidad como los tiempos de pausa o descanso.

Hay que tener en cuenta la constante doctrina que considera que entre el trabajo y la lesión debe apreciarse un nexo de causalidad para calificar la contingencia de profesional, pues no siempre el trabajo es la causa única y directa del accidente. Para determinar la naturaleza del accidente debe acudirse a dos claves:: ue el accidente tenga lugar en el centro de trabajo y en tiempo de trabajo, de un lado, y con carácter general que la lesión sobrevenga con ocasión o como consecuencia del trabajo que se ejecuta por cuenta ajena.

El nexo causal entre el trabajo y el accidente no debe estar ausente en ningún caso, aunque en ocasiones el TS ha adoptado un criterio extensivo, en que calificó de profesional el infarto sufrido en tiempo y lugar de trabajo, aunque se demostrara que el origen de las dolencias ya se hubiera manifestado en la víctima. Por ello, aunque no parece que en el caso fuera el trabajo el desencadenante del infarto, se consideró como un elemento coadyuvante para el desenlace.

Asimismo, el infarto de un trabajador ocurrido en el aparcamiento de la empresa, dos horas antes del comienzo de la jornada, no se considera accidente de trabajo. Si es cierto que concurre uno de los elementos necesarios para que actúe la presunción de accidente profesional: el lugar de trabajo; pero falta el otro elemento, el factor tiempo, puesto que no había comenzado la jornada laboral y el trabajador no estaba realizando actividad física o mental relacionada con el trabajo, lo que lleva a afirmar que no fue el trabajo el desencadenante del infarto, ni fue el factor coadyuvante para su producción.

Por lo que respecta a los episodios acaecidos cuando el trabajador se encuentra en misión, el Tribunal Supremo considera que no es accidente de trabajo, por ejemplo, el ictus sufrido por un trabajador desplazado en el extranjero, en misión, que le sobrevino en el hotel cuando descansaba.

Asimismo, siguiendo la doctrina consolidada del Tribunal Supremo la presunción de laboralidad no alcanza a las enfermedades manifestadas in itinere, puesto que la asimilación a accidente de trabajo del accidente in itinere “se limita a los accidentes en sentido estricto [las lesiones y violentas producidas por agente externo] y no a las dolencias o procesos morbosos de distinta etología y modo de manifestación”. La presunción se establece para la relación de causalidad con el trabajo, pero no con relación a la lesión o trauma. En efecto, las enfermedades o dolencias -como el infarto agudo de miocardio- acaecidas in itinere no deben considerarse como accidente de trabajo, salvo que se acredite la concurrencia del preceptivo nexo causal, pues la presunción de laboralidad no les alcanza. La presunción del art. 156.3 LGSS, “sólo es aplicable a las dolencias aparecidas en tiempo y lugar de trabajo y no a las que se manifiestan en el trayecto de ida o vuelta al mismo pues no derivan directamente de la ejecución del contenido de la relación de trabajo, quedando así el accidente in itinere considerado como accidente laboral, únicamente, cuando las dolencias se producen como consecuencia de una acción súbita y violenta, correspondiente al sentido vulgar y tradicional del accidente”.

Especial interés puede tener en este punto, la reciente Sentencia del Tribunal Supremo, N.º 442/2018, de 25 de abril. ECLI:: S:TS:2018:2164, donde el Alto Tribunal entiende que consumir tres cajetillas de tabaco al día no elimina la presunción de laboralidad en caso de accidente de trabajo, por lesiones cardiovasculares sucedidas en tiempo y lugar de trabajo, ya que no se descarta que la subida de tensión arterial pudiese ser debida al estrés laboral.

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Coadyuvante
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